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La carrera de la música

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La carrera de la música

Tras los infinitos alcances del Sistema Nacional de Orquestas, están las historias de tenacidad de miles de músicos que han crecido en sus rigores. Con la misma convicción del maestro José Antonio Abreu, repiten que “para el descanso, el descanso eterno”. Aquí cuatro rostros son el reflejo de los logros personales que se multiplican en una espiral de excelencia que alcanza todo el planeta

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Los logros necesitan obstáculos

Lorena Rodríguez.

(Caracas, 1989) Percusionista. Licenciada en Artes de la Universidad Central de Venezuela.

Ha culminado el segundo concierto de la Sinfónica Juvenil de Caracas en Japón. El Concert Hall del Metropolitan Theatre de Tokio está vacío. Los atriles y las sillas están desocupados. Toda la algarabía ocurre en camerinos. La percusionista Lorena Rodríguez busca un espacio para conseguir el silencio necesario. “Estoy muy orgullosa. Cada concierto es un reto. Todo ha salido mejor de lo esperado. El cariño y la dedicación es lo primordial para demostrar en dos horas el trabajo que hemos hecho”. 

Rodríguez se formó en el núcleo de Propatria y vive en el 23 de Enero. “Empecé a los 9 años. Quería el clarinete pero no había instrumento y me asignaron la percusión”.  Ese “mientras tanto” se convirtió en pasión perdurable. “Los clarinetes llegaron y no me quise cambiar”. “Uno no está en los sitios por casualidad. Recuerdo que recibí con sorpresa mi entrada a la Juvenil de Caracas. Lo más importante de una orquesta es crecer juntos. Atesoro la paciencia y la constancia. Uno puede sentirse a veces estancado pero aun así hay que buscar el encanto”.

Junto con sus compañeros ha interpretado en Tokio un repertorio heterogéneo y técnicamente complicado. “Estuvimos muy nerviosos porque tocamos piezas modernas, pero el esfuerzo llegó a lo que tenía que llegar”.

Para sentarse frente a su atril, un compañero debe indicarle los escalones. Lorena está perdiendo la vista. “Cuando me diagnosticaron la enfermedad de mi retina era una niña de 6 años. No sabía qué me pasaba. Mis padres me cuentan que al principio estaban muy asustados. La doctora les dijo que yo no iba a poder ser independiente y el Sistema me abrió los horizontes (Rodríguez aprende sus partituras de memoria). ¡Y mira dónde estoy! Jamás soñé con la posibilidad de esto”.

Aunque su mirada no detalle las 1.999 butacas, puede apreciarlo perfectamente. “Decimos que la sociedad no nos integra, pero a veces somos nosotros mismos los que no nos integramos”.

 

Sistematizar el Sistema

Ronnie Morales

(San Cristóbal, 1983). Violinista, miembro fundador de la primera Sinfónica Infantil de Venezuela y de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. Tesista  del máster en Gerencia Cultural de la UCV. Preparador y tallerista del Sistema. Miembro del equipo de Planificación estratégica del proyecto de expansión académica del Sistema.

Quien escuche a Ronnie Morales jamás pensará que es un artista. Toda su impronta y glosario es el de un gerente, un ejecutivo al servicio de la música. “Trabajamos en la capacitación docente a escala nacional. Viene el crecimiento para formar un millón de niños de aquí a 2019. Los niños los tenemos, pero ahora el foco está en preparar más profesores. Estamos formando a nuestros músicos de una manera más integral. Ya sabemos que nuestra música desde el punto de vista instrumental y sinfónico es sólida pero ahora hay que reforzar la institución artístico-social y es lo que queremos formar desde la primera edad”.

El equipo del que es parte se encarga de proveer y conseguir los cursos, programas y todas las herramientas necesarias para profesionalizar a los músicos del Sistema de Orquestas, regular todos sus procesos de forma académica. “Un futuro proyecto es la Universidad del Sistema. Por ejemplo, tenemos un programa de nuevos integrantes donde el niño se hace miembro de la institución desde que sale del hospital donde nace”. Así le aseguran una carrera universitaria desde el primer segundo de vida. 

Ronnie Morales ahora conjuga una carrera artística con una gerencial. “Todo parte de la frase ícono del maestro José Antonio Abreu: ‘Para el descanso, el descanso eterno’. Eso me llevó a buscar una cosa más allá de tocar en la orquesta, de mi dedicación al violín. Era una preocupación responder a este momento avasallante. Yo daba clase y no me daba tiempo de enseñar a tantos niños. Mi principal inquietud estaba en borrar la idea de ‘enseñar como aprendí’. La enseñanza debe fortalecerse continuamente”.

 

La música nunca es suficiente

Jhosir Córdova 

(Caracas, 1988). Trombonista, arreglista y compositor. Fundador de la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño de Venezuela. Miembro principal de la fila de trombones y la comisión artística de la orquesta

“Carmina Burana” escuchada, solamente desde los vientos metales, en una sala de ensayos y sin la compañía del significativo coro cantando el “¡O Fortuna!”, impone e intimida. La mirada de Jhosir Córdova tiene el tono de uno de los movimientos de la pieza de Carl Orff, piano lamentoso. Uno de sus grandes mentores, su padre, murió este año. “Comencé en el núcleo de Montalbán. Mi padre tocaba tuba en la Municipal de Caracas y tuve la iniciativa de dedicarme también a la música”. Luego del año y medio de iniciación orquestal escogió el trombón. Trece años después, desde el Conservatorio Simón Bolívar, es convocado para formar parte de la Orquesta Infantil de Caracas, agrupación base de la Juvenil Teresa Carreño. “Fuimos creciendo, se abrió esa juvenil y aquí estoy. Siempre sentí la necesidad de expresar emociones por medio de la música, y a medida que fui desarrollando mi carrera y gracias a que el trombón estaba presente en todas las composiciones, desarrollé también el interés por la formación de la armonía y todos sus porqués”.

Primero empezó por transcribir ensambles de metales, adaptarlos según sus formatos, del más pequeño a los más grandes. “Fue algo espontáneo y hacía falta hacerlo. Internet, en mi momento de formación, no era la herramienta que es hoy y cuando decía: ‘Quiero tocar eso’, yo mismo por oído iba haciendo la partitura”.

Ocasionalmente sus profesores revisaron lo que hacía y pusieron en práctica su trabajo. “Me vi en la obligación de estudiar con más seriedad el asunto y tomo clases de piano y armonía con el maestro Gerry Weil. Mi papá también estudió composición y me brindó toda su sabiduría, o la que pudo en su momento”. Su idea de satisfacción es todo el aporte que pueda dar a su segunda familia: la orquesta.  

 

“El presente es el futuro sido”

Jesús Parra

 (La Victoria, 1995). Violista. Director de la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela y miembro de la Orquesta Juvenil de Caracas.

No terminó de desempacar la maleta con la que llegó de Salzburgo y tuvo que hacer una nueva para viajar a Asia. Jesús Parra extiende el brazo durante el intermedio del concierto que la orquesta acaba de dar en Hiroshima,  se recoge la manga y escribe allí el nombre del libro que un amigo le recomienda. “Ahorita que estamos en pleno intermedio en lo único que estoy concentrado es en tocar, en la música, después del concierto es que uno comienza a pensar. Ya salió una parte bien, ahora hay que hacerlo mejor. Este momento es muy tenso y el que más me preocupa”.

Parra identifica su primer gran logro como músico la primera vez que dirigió una orquesta. “Ha sido lo más conmovedor, pero creo que los logros para mí estarán hechos cuando tenga una edad muy avanzada y diga: ‘Valió la pena esto’. En la música, gracias a Dios, hay una competencia sana. Uno de los obstáculos es crecer con tus compañeros y sanamente, sobre todo los jóvenes debemos mentalizarnos eso”.

Meses antes, en Salzburgo, decía en un encuentro con la prensa: “Como dice el maestro: el presente es como un futuro sido. Si las futuras generaciones que vienen no son mejores, significa que nosotros estamos haciendo un mal trabajo, ver lo maravilloso de las orquestas que nos preceden significa que los fundadores hicieron un gran trabajo, debemos valorar la sociedad en la que vivimos, incluir las generaciones, no solo en lo musical. Yo estudio hoy como si no hubiese mañana y tengo claro que mientras más grande sea el sacrificio mayor será el triunfo”.