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Los dos caminos

¿Reaccionar o responder?/Ilustración Alejandro Ovalles

¿Reaccionar o responder?/Ilustración Alejandro Ovalles

Cuando el camino alto habla, le quita el micrófono al camino bajo

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¿Sabes cuál es la diferencia entre las expresiones "reaccioné violentamente" y "pensé mejor mi respuesta"?
Detrás de lo evidente, que sería impulso versus razonamiento, se esconden las claves del diseño cerebral que nos permiten relacionarnos con el mundo y las otras personas. Porque reaccionar y responder son dos formas que tenemos de actuar y cada una depende de un sistema distinto en ese órgano fascinante y cada vez mejor comprendido que es el cerebro.

Para ilustrar estos sistemas, el psicólogo Daniel Goleman habla de dos caminos por los cuales transitan los impulsos nerviosos. Al primero lo llama el camino bajo, y arranca en los circuitos neuronales primarios ubicados en lo más profundo del cerebro.

Desde acá se disparan las emociones básicas como reacciones instintivas y es la zona del cerebro que nos ha acompañado desde el comienzo de la evolución. Rápido y efectivo, este camino nos ofrece un limitado número de reacciones para actuar ante amenazas, estímulos y placeres.

El otro camino es el alto y está ubicado en la corteza pre frontal. Llamado con razón el CEO del cerebro, su entramado de neuronas es mucho más complejo y es el área donde se procesan las respuestas concientes y refinadas ante lo que nos sucede. Un poco más lento en actuar que el camino bajo, tiene la capacidad de ofrecernos una mayor variedad de opciones, con la ventaja de ser un área sumamente flexible, lo que significa que puede cambiar, aprender y adaptarse.

En la historia del desarrollo del cerebro humano, ha sido el crecimiento de la corteza pre frontal lo que nos ha diferenciado de los otros primates. Jonathan Cohen, director del Centro para el estudio del Cerebro, la Mente y la Conducta en la Universidad de Princeton, dice que "la corteza pre frontal ha cambiado el mundo humano de manera tal que ya nada es lo mismo en términos físicos, económicos o sociales".

A lo que se refiere es que por un lado están las ansias primarias y los impulsos animales que nos acompañan desde hace decenas de miles de años, y por el otro está la capacidad creativa y la inteligencia que hemos desarrollado para satisfacer esos impulsos.

Como imaginarás, la tensión entre ambos sistemas puede llegar a ser inmensa. Por ejemplo, ante la gran cantidad de oportunidades que ha creado la humanidad para saciar los impulsos violentos o placenteros, el camino bajo puede desbocarse y quererlo todo. Si el camino alto interviene oportunamente puede balancear esos impulsos con una buena dosis de razonamiento. Es precisamente acá donde reside nuestro poder de escoger una respuesta, en lugar de ser arrastrados por una reacción.

¿Cómo lograr que un camino tome control sobre el otro? Eligiendo a cuál darle el protagonismo, o como dice Daniel Goleman, cuando el camino alto habla, le quita el micrófono al camino bajo.

Al final no se trata de reprimir, enterrar o ignorar las emociones que brotan de lo más profundo, sino de reconocerlas y abrir el espacio para que nuestra conciencia pueda elaborar la respuesta que contribuya a nuestro mayor bienestar. Esa puede ser la diferencia entre insultar a grito destemplado al próximo conductor abusador que encuentres en la calle, o respirar profundo y dejar que siga adelante mientras tú no pierdes la calma en un tráfico que igualmente tiene a todos atrapados.

Porque si bien tú y el conductor desconsiderado van por la misma vía, no necesariamente están tomando el mismo camino.