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Un camaleónico Antonio Delli

Antonio Delli | Foto: Mauricio Villahermosa

Antonio Delli | Foto: Mauricio Villahermosa

Tiene 26 años de trayectoria profesional y ha logrado pasearse por la actuación, la locución y el doblaje. Ahora las tablas lo reciben para interpretar a Yago en Otelo, y la televisión para dar vida a Carlos Ernesto Ferrándiz en el remake de Inés Duarte, secretaria. La carrera de Antonio Delli es de largo aliento

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No hay mucha gente en la sala, es un ensayo general.  Otelo (William Cuao) se deja manipular dócilmente por el ingenio discursivo de su alférez, Yago (Antonio Delli), al punto de volverlo en contra de lo que más ama. Cuando el protagonista del clásico de Shakespeare pasa de la grandeza al abismo, Yago se crece en la inmensidad de su vileza a medida que transcurre la trama. El ensayo termina con un sonoro aplauso y silbidos que resuenan como muestras de apoyo para todo el elenco.

Mientras el ambiente aún está vibrando con toda esa carga dramática, mientras el espectador se cuestiona sobre la naturaleza psicológica de los personajes (que no son más que un espejo de nuestra propia naturaleza), un fresco y sonriente Antonio Delli sale del camerino, estrecha la mano de su interlocutora con una sonrisa y saluda con un sonoro: “Hola, ¿cómo estás?”. El shock como recurso para volver a la realidad.

Un nuevo villano. Como no había ningún artista en su familia, Delli no tenía mucha conciencia de lo que implicaba la actuación o de cómo podría llegar hasta ahí. Fue Fame, la película de Alan Parker, la que le daría luces al respecto: “Siempre había tenido la inquietud por el medio artístico, pero no conocía a nadie. Después de ver la película supe que eso se estudiaba”. Sus dos años en la carrera de Administración en la Universidad Católica Andrés Bello le sirvieron para integrarse al grupo de teatro de esa casa de estudios y participar en la obra Diálogos de Carmelitas. Luego se presentó en una audición para formar parte de Rajatabla y allí se graduó después de tres años: “Allí vi clases con Carlos Giménez, que fue un gran creador, un visionario, y esa disciplina repercute en tu carrera. Cosme Cortázar también fue una de mis influencias. Nos enseñó a dejar volar la imaginación”.

Al terminar sus estudios de actuación, se dedicó a trabajar con varias agrupaciones teatrales, empezar la carrera de Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela e incursionar en el cine participando en cortometrajes. La televisión aún no llegaba a su vida y, cuando ocurrió, lo hizo de la mano de Leonardo Padrón: “Leonardo fue a una obra de teatro en la que yo actuaba y me preguntó que cuándo iba a hacer televisión. Decidí comenzar y me propuso un personaje en la telenovela Ciudad bendita. Ahí interpreté a Gonzalo Venturini, que hacía pareja con Carlota Sosa”. A ese papel, que le llevaría a ser catalogado como “el nuevo villano de las telenovelas”, le siguieron otros como Wincho Estaba en ¿Vieja yo?; José Guerrero en Un esposo para Estela o el ambiguo detective Julio Castillo en La viuda joven, por mencionar algunos.

Al respecto, comenta: “La televisión fue una sorpresa, me ha dado muchos regalos. Ha sido un aprendizaje y al mismo tiempo es una gran responsabilidad. Justo ahora tengo la suerte de estar en el único proyecto de televisión de este año”, haciendo referencia a la telenovela Amor secreto, en la que interpretará a Carlos Ernesto Ferrándiz, un personaje que ha quedado en silla de ruedas después de sufrir un accidente y que demostrará cómo se puede salir adelante.

Su paso por la televisión le ha permitido experimentar en primera persona el verdadero drama de las producciones nacionales: el descenso en la cantidad y calidad de la programación. Sin embargo, es optimista, cree en la capacidad del talento humano venezolano como recurso para retornar al puesto privilegiado que, por los momentos, parece extraviado: “Hemos perdido un lugar a escala internacional. La televisión en Colombia ha crecido y la nuestra ha mermado. La crisis ha afectado mucho y hay temor a la incertidumbre. Creo que hay que trabajar para recuperar ese lugar, para recuperar esas historias maravillosas. Tenemos talento para hacerlo, tú vas a otro país y nuestro talento se nota”.

Paralelo al decrecimiento de la actividad televisiva, el cine y el teatro reflejan un repunte que Delli celebra: “El cine venezolano ha tenido un gran auge y esos reconocimientos me llenan de orgullo. La industria cinematográfica tiene mucho que decir. El teatro ha crecido, ves carteleras variadas. El teatro continúa. Si quiero hacer un Otelo lucho para hacerlo y eso es sumamente importante en un momento en el que no todo puede decirse”.

Sobre esta obra, que está actualmente en cartelera, el actor explica que si bien tenía intención de representar a Yago desde hace mucho tiempo, cuando se presentó la oportunidad tuvo que crearlo desde cero: “A Yago le di mi experiencia, fue un trabajo de investigación, de descubrir. Estoy feliz con el resultado, es una obra que está más vigente que nunca y demuestra que los clásicos pueden ser entretenidos”.

Además del manipulador Yago de la pieza shakespeariana, ha interpretado sobre las tablas a personajes tan disímiles, pero cargados de fuerza como el doctor Thomas Stockmann en el clásico noruego Un enemigo del pueblo, el conde de Gisborne en la obra infantil La leyenda de Robin Hood o Juan Vicente Gómez en Compadres. Trabajo no le ha faltado y eso dice mucho más de su talento que de la suerte que ha tenido: “Gracias a Dios estoy en un nivel en el que puedo elegir proyectos teatrales que digan algo. Me gusta el buen teatro, los textos que generan inquietudes”.

Espantando el ego. Del colegio Salesiano le quedó la formación religiosa; de su padre italiano y su madre colombiana, el apoyo familiar como pilar fundamental; del grupo Rajatabla, la disciplina para ejercer su carrera; de la televisión, la proyección y el reconocimiento masivo.

Con 26 años de trayectoria, Delli se siente con la fuerza y voluntad suficientes para seguir aportando su visión al mundo de las artes. En este punto, el ego parece algo casi domado: “Yo vengo del teatro y, cuando uno empieza de a poco, aprende a tener los pies en la tierra. Pasa de tener unas pocas líneas a tener una participación más grande. Uno sabe lo que ha logrado, pero debe mantener su esencia. Si entras en la nube del ego tal vez te tape la mirada y el producto final se afecta”.  


SEÑAS
Otelo
Centro Cultural BOD.
Viernes a las 7:00 p. m.
Sábados y domingos  a las 5:30 p. m.
Entradas en www.ticketmundo.com
y taquillas del teatro