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En busca de la Venezuela positiva

Arianna Arteaga / Mauricio Villahermosa

Arianna Arteaga / Mauricio Villahermosa

Arianna Arteaga se declara comeflor y optimista de oficio. La entusiasta periodista y fotógrafa, heredera de la vocación de su progenitora Valentina Quintero, busca las bondades del país en sus paisajes y divulga sus bellezas por todos los medios a su alcance. Ahora estrenó La cocina de Babel donde comparte los ricos aportes de los inmigrantes a la mesa venezolana y está por lanzar su nuevo proyecto en la web: Viajaralairelibre.com

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Arianna Arteaga exhibe un mandibuleo trancado, habla fuerte e intercala una que otra grosería en su discurso notoriamente fluido. Incluso a ella le puede molestar su voz y modulación, pero hasta ahí parece llegar su lista de "las cosas que no me gustan de mí". Del resto, una amplia sonrisa se aferra a su rostro y le limita el espacio a los ojos, que se empequeñecen toda vez que pela el diente.

Se enorgullece de ser "sincerota" y admite que su transparencia ha llegado a meterla en problemas.

No recuerda (o no confiesa) ningún embrollo en específico, pero sí tiene presentes los pellizcos de su mamá y las peladas de ojos de su productora, Paloma Azpúrua.

"Mis amigas dicen que tengo un cable directo de la cabeza a la boca. Nunca pienso antes de hablar; es más, ni siquiera me doy cuenta de cuándo estoy diciendo una impertinencia", asegura sin mayor remordimiento.

En honor a su espontaneidad, Arteaga reniega de las poses profesionales. "No entiendo a la gente que es una cosa en el trabajo y otra en la casa. No podría ser formal, seria y fría para algunas cosas y mostrar mi verdadero rostro para otras. Siempre trato de que mi yo profesional se parezca lo más posible a mí. No tengo nada que esconder", afirma.

Ciertamente exuda apertura.

Mira a los ojos, habla con seguridad y reparte abrazos tanto a amigos como a meros conocidos con equidad. Está cómoda con lo que es. Siente pasión por lo que hace y lo que hace se puede comprender como una campaña de optimismo a contracorriente. Arianna Arteaga está enfocada en darle buenas noticias a Venezuela y, para ella, esta labor cobra aún más importancia en estos tiempos difíciles.

Nuevas ventanas positivas Siempre ha tenido una vida muy activa, pero desde hace unos meses ha adquirido compromisos que la mantienen fuera de casa.

"Mi constante ahora es una maleta que nunca termino de deshacer", dice mientras en sus ojos se refleja un poco de cansancio que dejan La cocina de Babel, el pro- grama que se transmite los sábados a 11:30 a. m. por Globovisión, yViajaralairelibre.com, su nuevo proyecto web que verá la luz el próximo 22 de mayo.

Una visión particular de la inmigración en Venezuela encuentra una vitrina en La cocina de Babel, donde en el papel de presentadora, explora los aportes culinarios de los extranjeros a la mesa criolla.

"El programa tiene un componente humano muy hermoso, pues expone cómo los inmigrantes modelaron lo que hoy es Venezuela a través de la cocina", explica.

Al entrar en contacto con las historias de esos aventureros de antaño que dejaron sus países en busca de oportunidades inciertas en Venezuela, ha encontrado nuevas razones para apreciar a su país. "Perteneciendo a una generación de venezolanos que se fue, es muy refrescante escuchar a esas personas que vinieron aquí hace años y que no se quieren ir por nada del mundo".

La experiencia también le ha valido para constatar que emigrar no es sencillo y que es algo que debe evaluarse con todo el peso que implica. "La gente tiene que saber que irse produce un desarraigo muy grande. Una vez afuera, siempre serás extranjero sin importar cuántos años pases allá y, si llegas a volver, no te sentirás parte de tu país como una vez lo fuiste. Todos deberían considerar eso y no renegar de lo que dejan atrás", señala.

Al tiempo que mira a Venezuela desde ojos foráneos, la recorre de nuevo para mostrarla a través de una nueva plataforma: Viajaralairelibre.com. El sitio web está pensado como un videoblog en el que las imágenes, videos y piezas de audio serán los principales vehículos de exhibición. "Esta producción es muy exigente porque los capítulos tienen un esquema temático. Cuando nos movíamos a una locación teníamos que saber exactamente qué grabar, pues debíamos hacer tomas para varios episodios. No había espacio para improvisar", cuenta.

Viajaralairelibre.com tocará temas tan diversos como el café, los mercados, el rafting, la vida playera y hasta las tortugas marinas que serán las protagonistas de la primera entrega de este videoblog. La música y la ecología no quedarán por fuera, ya que tendrán sus propias secciones y, además, habrá un espacio para entrevistas. "El primer entrevistado es el bello de Sumito Estévez", adelanta orgullosa.

El portaviones Quintero Obviamente es la hija de Valentina Quintero. De hecho, hay veces en que parece un clon rejuvenecido de la creadora de Bitácora. Sin embar- go, ella es una hija que lleva la marca inconfundible de los genes maternos y que, además (como para generar más desconcierto a fuerza de similitudes), se apasionó por lo mismo que la madre.

Para muchos, ella quizá solo siguió andando un terreno ya podado y hasta embellecido por la reconocida Quintero, pero a Arianna Arteaga no la ofenden comentarios como esos y más bien se enorgullece abiertamente de las grandes ventajas que le ha dado su linaje. "Mi mamá ha sido un portaviones para mi carrera. Sí es verdad que muchas puertas se me han abierto porque soy la hija de Valentina Quintero, eso es obvio.

Ahora, permanecer en el medio solo ha dependido de mí y de mi capacidad para esforzarme y hacer las cosas bien", afirma Arteaga.

Su lucha diaria es sobrevivir a la inevitable comparación que siempre enfrentará su trabajo con el de Quintero. "Mi mamá me puso la barra bien alta y por eso yo nunca quise hacer cualquier `chaborrada’.

Lo que hago, lo hago bien. Cuando empecé a escribir la Guía extrema le mandé un capítulo a mi mamá y me dijo que era una porquería.

Ella no me alcahuetea. Más bien es más exigente conmigo y eso es buenísimo", dice.

De la mano de semejante mentora, empezó a labrarse su camino en la fuente de los viajes. Comenzó ayudando en la producción de La guía de Valentina Quintero y luego creó su propio blog, Lapequecomeflor.

com, para narrar sus viajes y experiencias de camino. Desde entonces se mantiene enfocada por gusto y hasta se puede inferir un poco de ambición. "A mí me encanta viajar y comunicar. Además, como periodista es muy bueno profundizar en una sola fuente porque eso te va convirtiendo en una autoridad", asegura.

Después de diez años cubriendo viajes, esta periodista de la Universidad Monteávila apunta con desagrado a una práctica que ha identificado dentro de la fuente. "Aquí hay mucho de `ay, tú me invitas a tu hotel y yo te lo reseño’. Tan es así, que a mí a veces me llaman preguntándome que cuánto cobro para publicar cosas y yo me quedo como ` what!?’ Yo nunca haría algo así. Eso es feísimo y acaba con tu credibilidad".

Pero para hacer un buen trabajo en la fuente de viajes no solo se requiere pasar la prueba de la ética, según Arteaga. La sensibilidad, reconoce, es uno de los factores fundamentales de su oficio, pues así "se eleva tu espíritu de aventura y tu capacidad de sorpresa".

Esa capacidad de sorpresa la lleva al llanto cada vez que ve un tepuy; la vena aventurera la hace añorar los moretones y las picadas de mosquito que produce una buena escapada al aire libre; su amor por la naturaleza la hace ver a Dios en los espacios vírgenes.

"En la naturaleza yo me encuentro conmigo misma y con las respuestas que necesito. Es necesario exponerse así porque la naturaleza siempre te pone en tu lugar".