• Caracas (Venezuela)

Todo en Domingo

Al instante

Lo bueno de agradecer

La gratitud es una de las principales fortalezas del carácter de los venezolanos / Ilustración Caro Angeli

La gratitud es una de las principales fortalezas del carácter de los venezolanos / Ilustración Caro Angeli

Más allá de las gracias que se dan por cortesía y buenos modales, ser agradecidos es apreciar la vida propia tal como es hoy y todo lo que ha hecho que sea así. La gratitud es una de las principales fortalezas del carácter de los venezolanos y los expertos aseguran que cultivarla es una fuente constante de bienestar

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Para unos es reconocer lo importante que es o ha sido una persona en su vida, para otros es comprender la abundancia, no dar nada por sentado o verle el lado bueno a un contratiempo. Como dice la investigadora estadounidense Sonja Lybubomirsky, la gratitud es muchas cosas para muchas personas. Pero quizá esas definiciones y formas de expresarla se puedan condensar diciendo que gratitud es, sencillamente, dar las gracias por lo que se tiene.

“Es una de la emociones positivas que le permite al ser humano experimentar altos niveles de bienestar, porque a través de ella somos capaces de reconocer lo que otros han hecho y hacen por nosotros”, recalca María Enriqueta Aquique, licenciada en Educación y miembro de la Sociedad Venezolana de Psicología Positiva (Soveppos). “Estar agradecidos es reconocer los pequeños detalles de la vida. Es apreciar lo que tenemos en lugar de añorar lo que no tenemos, es saborear el momento que vivimos, atendiendo más a las cosas positivas que a las negativas”, dice quien ha trabajado el tema con jóvenes en plena adolescencia, tal vez una de las épocas de la vida en la que más somos tildados de ingratos.

“Trabajando con adolescentes de algunas comunidades caraqueñas hemos escuchado frases conmovedoras que reflejan profundo agradecimiento. Ellos son capaces de agradecerles a sus madres su amor, e incluso el desayuno de cada mañana, la comida que llevan en la lonchera o simplemente el uniforme lavado y planchado con el que van a la escuela. Agradecen a sus padres por esforzarse y trabajar cada día, a sus maestros por enseñarles con comprensión y disciplina, a los amigos, hermanos, etc. Pudiéramos pensar que por ser adolescentes no se detienen a pensar en estos detalles, pero ellos nos demuestran que también son agradecidos”.

Rasgo criollo. En Venezuela es común quejarse de haber escuchado el eco en un ascensor lleno al decir “buenos días”, y de lo incómodo que es que a muchos les cueste soltar un “por favor” o un “gracias” al realizar cualquier trámite. Más allá de la importancia de rescatar en la cotidianidad una norma tan básica de convivencia como es el trato respetuoso y amable, los expertos atribuyen estas faltas de cortesía al apurado ritmo en el que vive esta sociedad, que hace que muchos de sus miembros anden en una especie de “piloto automático” que nos hace reactivos y en algunos casos, hasta hostiles. Pero aunque sea cierto que a veces fallan los modales, hay investigaciones sobre el carácter del venezolano que revelan que este gentilicio es agradecido por naturaleza.

Un estudio realizado por la Soveppos con una muestra poblacional de diferentes edades y contextos, reporta que la gratitud se ubica como la primera de las 24 fortalezas del carácter. “Esto confirma que somos un pueblo en el que predomina la expresión genuina del agradecimiento, lo cual junto con la amabilidad, la creatividad y el humor –que también nos caracterizan– han funcionado como amortiguadores frente a la adversidad y promotores de la resiliencia”, indica Ana Matilde Catalá de Trejo, licenciada en Educación y profesora de la Universidad Metropolitana.

“Si nos hacen un favor o nos ayudan a resolver algo, estamos pendientes para poder retribuir esa ayuda en lo que podamos; puede ser con una palabra, un chocolate, un abrazo (que nos encanta) un café o una parrillita el fin de semana. No importa cómo, siempre buscamos la manera de demostrar que estamos agradecidos”, ilustra Aquique.

Esto permite entender que ser agradecido no es pronunciar la palabra “gracias” automáticamente. Como recuerda la investigadora Barbara Fredrickson, la gratitud no está en los modales mecánicos ni en una reciprocidad del tipo ojo por ojo, sino que es sincera e improvisada, y se paga libre y creativamente. Algo que sin duda todos han experimentado en este país.

El psicólogo venezolano César Yacsirk opina que la gratitud del venezolano está muy vinculada a su carácter afiliativo. “Mediante la gratitud se establecen mayores y mejores niveles de conexión social. Nos permite acercarnos al otro de manera positiva. Seguramente por esta razón, entre otras, Venezuela es considerado uno de los países con mayor índice de felicidad en el planeta”.

Llenos de gracias. Cada día más investigaciones coinciden con las ventajas de ser agradecidos. Se ha llegado a comprobar que las personas que suelen tener una actitud de agradecimiento son relativamente más felices, tienen más energía y son más optimistas. También hay expertos que afirman que las personas agradecidas tienden a ser más amables, manifiestan más empatía, son más espirituales, más indulgentes y menos materialistas.

“Otra razón por la cual es beneficioso el agradecimiento es porque genera una emocionalidad positiva, desplazando pensamientos que no pueden coexistir con estas emociones”, explica Yacsirk. “Es complicado mantener en un mismo ‘cuarto’ lo que genera el agradecimiento con la tristeza o la rabia. Esto redunda en mejores indicadores de salud ya que la generación de emociones positivas refuerza el sistema inmunológico, vital para el no padecimiento de enfermedades o la recuperación de estas”.

También permite superar mejor las adversidades. “Al reescribirla atendiendo a lo positivo y a los aprendizajes obtenidos, podemos transformar una tragedia en una oportunidad de crecimiento y fortalecimiento. Esto nos ayuda a no darle cabida a la depresión ni al estrés, sino, por el contrario, a enfrentarlos con la convicción de que apoyándonos en eso que aprendimos, podemos levantarnos y continuar nuestro camino”, resalta Aquique. Además, ya lo dice el dicho, es de bien nacidos ser agradecidos.

Las gracias diarias

Convertir la gratitud en un ritual es una potente herramienta para promover el bienestar, asegura Ana Matilde Catalá de Trejo, quien señala algunas prácticas:
· Preste atención a sus sentidos, aprecie y  agradezca los regalos de la creación, que siempre están allí y a veces pasan desapercibidos.

· Haga un diario de gratitud, escribiendo todas las cosas buenas que hayan sucedido en su día.

·Escriba una carta de gratitud a alguna persona que haya marcado una gran diferencia positiva en su vida y a quien no le ha expresado su agradecimiento y si es posible, entréguesela.

· Invite a su familia, por lo menos una vez a la semana, a reunirse y compartir 3 bendiciones que hayan recibido durante la semana e identificar las personas que directa o indirectamente estuvieron involucradas en esos logros o regalos recibidos.

Más gratitud, más felicidad

En su libro La Ciencia de la Felicidad, Sonja Lybubomirsky señala ocho maneras en las que ser agradecidos aumenta el bienestar:

· Pensar con gratitud ayuda a saborear las experiencias positivas de la vida.

· Refuerza el autoestima y el amor propio: cuando uno se da cuenta de lo mucho que han hecho por uno o de lo que ha conseguido, se siente más seguro y eficaz.

· Ayuda a afrontar el estrés y el trauma, permitiendo dar una nueva interpretación positiva a las experiencias negativas.

· Estimula el comportamiento moral: una persona agradecida es más propensa a ayudar y a ser menos materialista.

· Puede ayudar a establecer vínculos sociales, fortalecer las relaciones existentes y a preocuparse de las nuevas.

· Tiende a inhibir las comparaciones envidiosas con los demás. Si de verdad uno está agradecido con lo que tiene, es menos probable que se fije en lo que tiene el vecino.

· Es incompatible con emociones negativas, así que puede reducir sentimientos como la rabia, la amargura o la codicia.

· Ayuda a frustrar la adaptación hedonista, pues evita que las personas den por sentadas las cosas buenas de la vida.