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El buen momento de Fabiola Arace

El estreno de 3 bellezas estaba planificado originalmente para noviembre de 2014 | Foto: Cortesía Carlos Caridad

El estreno de 3 bellezas estaba planificado originalmente para noviembre de 2014 | Foto: Cortesía Carlos Caridad

Tras un aclamado debut en la gran pantalla con la cinta venezolana 3 bellezas, está lista para repartirse entre el teatro, el cine y la televisión. Actriz, cantante, modelo y bailarina, aquí cuenta cómo ha creado una carrera sin atajos

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Sus vecinos de vagón en el Metro de Caracas deben haber pensado que la muchacha estaba trastornada. Fabiola Arace lloraba. Se reía. Volvía a llorar. Se volvía a reír. Fue su reacción retardada cuando Carlos Caridad Montero, director de la película 3 bellezas, le informó que interpretaría a Carolina de Mónaco Camacho Camacho, una de las protagonistas.

La noticia no era poca cosa para una chica de 19 años que había decidido coserse una carrera actoral sin atajos y a su medida. Hija de un músico y de una decoradora, descubrió temprano sus dotes artísticas. De niña estudió ballet y luego danza contemporánea en la academia de baile de Anita Vivas. La ejecución musical, de entrada, no la atrapó. “Mi papá toca blues y jazz, pero no hubo manera de que me convenciera de tocar un instrumento, así que me enseñó a cantar”. La madre, actriz de teatro en su juventud, resultó la del gen dominante. A los 12 años, Arace empezó a tomar sus primeras clases de teatro en el Centro Cultural Chacao. Luego, alentada por un primo director de Rajatabla, continuó una extensa formación actoral que compaginó con estudios de Comercio Exterior en la Universidad Simón Bolívar.

Es generosa en nombrar a una larga lista de maestros que pulieron sus aptitudes y que eventualmente la encaminaron al teatro musical con piezas como Asia y el Lejano Oriente, de Isaac Chocrón. De la mano del Grupo Teatral La Salamandra participó en Ubú presidente y No Exit, basadas en textos de Alfred Jarry y Jean Paul Sartre, respectivamente. También integró el musical Las canciones de Billo, donde cantó como solista. A sus 22 años recién cumplidos (“son pocos, pero les he sacado el jugo”), en su currículum figuran alrededor de 20 montajes teatrales y una postulación al premio Marco Antonio Ettedgui 2014 por su trabajo actoral. “Me gustan los personajes que tienen algo que contar y que a la vez no se parecen entre sí”. Su estreno en la gran pantalla llegó con la historia de una joven que, obligada por la madre, termina en un concurso de belleza compitiendo contra su hermana. “Me pareció un guion alucinante porque tenía muchos matices. Carolina es muy diferente a mí, pero era un papel interesante porque podía usar experiencias que yo también viví”.

 

Eres bella, firma aquí. “¿Cuántos años tiene? ¿Diecisiete?... Cuando sea mayor de edad, que pase por allá”. Arace paseaba con su mamá en el Centro San Ignacio cuando Osmel Sousa se le acercó, la sentenció y se fue. “Para ser honesta, no le paré mucho porque nunca me he sentido miss, pero como mucha gente me repetía que eso me iba a servir para darme a conocer, empecé a pensarlo”.

Para entonces estudiante y modelo de comerciales, comenzó a entrenar y prepararse. En 2012 la convocaron a un casting. Aún dudosa, tomó una decisión: para motivarse, secretamente afrontaría el reto como si fuese un personaje más. Así se inventó a Mimí, una aspirante con actitud. “Llegué, me pesaron e hice mi pasarela en traje de baño. Pesaba 57 kilos y me dijeron que tenía que rebajar 4 kilos más. También era probable que me operaran la nariz porque así como la tengo, lo más seguro es que no fuera pa’l baile”.

Aunque admite que ser evaluada con ojo clínico y codearse con muñecas de carne y hueso fue intimidante, una cosa sí confirmó. “Si quieres ser miss y que te tomen en serio, por más espectacular que seas tienes que tener guaguancó. Si no transmites nada, ni te miran”. Mimí se bajó de los tacones, reflexionó, salió de la Quinta con una decisión irrevocable e invitó a su mamá a comerse un pabellón. Semanas después, a su agente lo llamaron. Dos veces. “¿Dónde está la muchacha que nos trajiste?”. Nada que hacer. “No está interesada. Desistió”.

 

A mi manera. Pocos meses después, Arace hacía un casting y lloraba de alegría en el Metro. Tras este reciente debut cinematográfico, sigue sobre las tablas con dos obras. Participa en funciones especiales de la pieza infantil El deseo de Jack Black, en Urban Cuplé, y también en el musical El inquieto anacobero (hasta hoy en el Centro Cultural BOD, pronto en Trasnocho), un homenaje a Daniel Santos dirigido por Federico Pacanins, donde  canta y comparte créditos con Mirna Ríos, Rolando Padilla, Daniel Jiménez, Jesús Rafael Pérez y Juan Manuel Blanco. Allí, para más señas, su personaje es Miss Panamá, una secretaria coqueta y avispada que trabaja en un bar.

Ahora le ilusiona su participación en la telenovela Piel salvaje, un remake de La fiera producido por RCTV Internacional y escrito por Martín Hahn. Allí será Rosario Pérez, una divertida estilista que con su socia —interpretada por la Beba Rojas— es dueña de una peluquería. “Ambas montaron ese negocio y les va muy bien, pero aunque ahora se las den de finas, siguen siendo estrafalarias y sabrosonas”. Un buen personaje de comedia puede convertirse en una catapulta ultrasónica al estrellato. ¿Está lista para ser famosa? “Honestamente, no. Yo no quiero la fama en ese sentido deslumbrante de tener millones de seguidores, sino que reconozcan mi trabajo porque les parezca bueno”, explica. “He hecho muchos sacrificios y siento que por fin están rindiendo frutos”.

Sueña con hacer cine en otros países, aunque apunta que aún no se va porque aquí le queda mucho por llevar a cabo. “Si Edgar Ramírez pudo, yo también. Soy muy joven y a pesar de lo mucho o poco que he logrado hasta ahora, según como la gente lo quiera ver, me siento muy afortunada y quiero seguir experimentando”. El camino largo resultó ser el más corto. Arrepentimientos: ninguno. Ni siquiera ignorar a Mimí. “Respeto muchísimo a las muchachas que quieren ser misses porque implica muchísimo esfuerzo, pero eso no era para mí. Aunque a veces me pongo a ver el concurso y me pregunto qué hubiera pasado si hubiese participado”. Cae en cuenta de que la frase da para un meme. Se ríe. “Luego pienso que hice todo como yo quise y se me pasa”.

 

Sin libreto

¿El tigre más insólito que ha matado? Fui promotora de una marca de leche en un automercado.

¿Tiene hermanos? No. Soy hija única, pero nunca fui “la consentida”. Siempre he sido muy independiente.

¿Un placer culposo? Ver comiquitas de Cartoon Network (risas). ¡Me encantan!

¿Qué haría si la nombrasen presidenta del Cencoex? Eliminaría el show de las carpetas enseguida.

¿Se atrevería a hacer carrera como cantante? No creo, no es mi fuerte. Soy una actriz que sabe cantar, pero por lo pronto no me siento cantante.

¿Le pone nerviosa verse en pantalla? Verme no; escucharme sí. Dicen que canto bien, pero a mí no me gusta.

¿Un rol soñado? Fantine, de Los miserables.

¿Es de las actrices de teatro que reniega de la televisión? Para nada. No entiendo ese sectarismo de que si haces una cosa te rayas en la otra. Creo que si el personaje vale la pena y tuviste el guáramo de elegir este oficio, debes tenerlo también para que te resbalen esos prejuicios.

¿Una Miss Universo que admire? Dayana Mendoza. Aunque mi estilo es bien Alicia Machado.