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Los bio entrenadores de la isla

Llegó a Margarita para poder surfear como desahogo, tomó en serio las olas y se entrenó para enseñar a otros a montarse en las tablas | Foto: Javier Volcán - jdvolcan@gmail.com

Llegó a Margarita para poder surfear como desahogo, tomó en serio las olas y se entrenó para enseñar a otros a montarse en las tablas | Foto: Javier Volcán - jdvolcan@gmail.com

Ahora quienes viven o visitan Margarita cuentan con la posibilidad de explorarla de nuevas maneras: adentrarse a brazadas o equilibrarse en un paddle en las aguas de Pampatar, correr olas en Guacuco, recorrer montaña arriba Manzanillo o Pedro González y remar en kayak la laguna de La Restinga son algunas aventuras deportivas que dirigen varios guías e instructores al aire libre en su naturaleza generosa

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Arriba las olas

Los dedos en la arena dibujan una tabla de surf imaginaria. Así José Rafael Rodríguez o Roots, como muchos lo conocen en playa Guacuco, de Margarita, empieza en la orilla una inducción a quienes deseen enfrentarse a las olas. Después de esas lecciones en la arena en las que enseña posturas iniciales y de familiarizar al practicante con las partes de la tabla, se mete agua adentro con su alumno para comenzar a montar olas. "Uso las tablas de foam board porque son las que exige la Federación de Surf de Venezuela, además evitan lesiones graves. Son las más adecuadas para dar clases porque tienen mayor flotabilidad", cuenta.

Ola a ola, este "profe del surf" arrastra contra la corriente las tablas de sus pupilos, los guía en el equilibrio cuando se montan en un reventar de espuma y aplaude para animarlos en los comienzos. "Estoy dando clases desde 2006, me formé con el coach de la Federación de Surf de Venezuela para ser entrenador. Si bien no soy un surfista profesional, soy un profesional del surf", deja en claro. Allí, en su oficina con vista al mar —un toldo bajo el sol de playa Guacuco— recibe desde niños hasta surfistas amateurs y aficionados. "También he tenido bajo mi mando la iniciación de surfistas élite o de alto rendimiento", dice.

Llegó a Margarita para poder surfear como desahogo, tomó en serio las olas y se entrenó para enseñar a otros a montarse en las tablas. "Acá en Guacuco se consiguen unas de las mejores olas para el aprendizaje, ya que puedes tomar olas en casi toda la playa. Son olas nobles para el aprendizaje y, además, el viento es onshore; es decir: le pega por el lado o detrás de la costa". Ofrece campamentos de surf e incluso clases personalizadas. Todos los fines de semana Roots procura que cada vez más gente "se enamore del surf", allí en la isla de Margarita.

Instagram: @surfguacucoroots

Brazadas marinas

De la orilla a mar adentro. Brazada a brazada. Nado a pulmón en agua salada. Cuando el sol apenas se asoma en la bahía de Pampatar, el club de natación de Rolando Salas (20 veces campeón nacional de aguas abiertas y dos veces campeón absoluto del paso a nado de los ríos Orinoco y Caroní) y Michelle Santiago (dos veces campeona absoluta del paso a nado de los ríos Orinoco y Caroní) entrenan a nadadores lejos del cloro y los confines de una piscina. "Trabajamos técnica, series, vuelta de boya, orientación en el agua, la respiración, el agarre, la brazada y ritmo de la patada", enumera Salas.

Ellos, excompañeros de selección antes, socios de este club de nado en playa ahora, se propusieron formar a nuevos nadadores desde hace casi un año. "Tenemos amateurs, atletas de alta competencia, triatletas y nadadores de la isla y la gente que se acerca cuando estamos en la playa", señala Santiago, quien además es fisioterapeuta.

"También hay atletas que vienen de Caracas y otras partes de país", dice Salas acerca de cómo cada vez más gente se sigue sumando. Además, están los que se entrenan guiados por ellos para válidas regionales como la Copa Danny Chocrón y el Reto a Nado Cristo del Buen Viaje.

Más allá de las aguas de la bahía de Pampatar a veces rotan entrenamientos en otras orillas como playa Burrito, playa Valdez o en Manzanillo. Lo que empezó con seis nadadores adentrándose en la aguas, con ellos ha llegado a sumar hasta 35. "Acá les damos consejos, técnicas de rapidez y también hacemos circuitos cortos dependiendo de las condiciones del mar", señala Santiago.

Así, en crol, estos campeones de nado en aguas abiertas supervisan el nado de otros adaptando los entrenamientos a las condiciones de sol, brisa y marea. Mejoran la brazada, velocidad, ritmo y respiración de sus pupilos. Puro brazo y corazón en agua de mar.

Instagram: @mgtafc

Camino al andar

Perdió la cuenta de los kilómetros recorridos de montaña. Ya han sido muchos los pasos en los cinco años que lleva caminando. Ennio Olmedo trabajó en sistemas, hasta abandonarlo todo en Maracay para empezar en Margarita a recorrer las montañas. "A mí la naturaleza me relaja y tranquiliza.

Cuando me meto en una montaña me olvido de todo", cuenta como en confesión. Así, lo que empezó como una travesía personal se convirtió en una guía de senderismo desde la que se puede conocer la isla desde las alturas. Y nació Haciendo Rutas.

De lo que sí lleva la cuenta es de la cantidad de rutas que ha ofrecido. Ya van 37. Empezó a subir montañas y a preguntarles a lugareños o a algún ciclista si conocían alguna por la que sintieran curiosidad. De esa manera comenzó a subir, desmalezar, marcar árboles, para crear los caminos y hacer rutas. Con alma de montañista, cuando sube una no se le olvida jamás. "Me las memorizo, me las grabo", relata con su verbo sereno. Montaña arriba lleva a descubrir a otros una Margarita con vistas que causan embeleso, ya sea en la Ruta de las Bromelias, la del Cachicamo, la del Níspero, la de Dos Aguas, la Ruta del Árbol de la Vida, del Pitigüey o la del Coco.

De esta manera, Olmedo el caminante, peregrino de las montañas, guía semana a semana a grupos por senderos de naturaleza. Con el corazón como brújula enseña a otros a recorrer cerros entre el verdor y el horizonte azul margariteño. "Me guío mucho por lo que me transmiten las montañas. Trato de escucharlas y de pedirles permiso para subirlas". Al final de la caminata quizás aguarda un chapuzón en la playa, un sancocho o una clase de yoga. Ya tiene incluso rutas nocturnas, privadas y corporativas. También otras que organiza tanto en Mérida como en la Gran Sabana. Los pasos poco importan: él sigue caminando, haciendo rutas.

Instagram: @haciendorutas

Remos a la laguna

En la ruta de manglares de la laguna de La Restinga, Alfredo Lemoine y Jeannine Dahdah guían con Kayak Margarita por un recorrido a remo para verdaderos expedicionarios. Allí el vuelo de una bandada de tijeretas puede asomarse en el cielo, una pandilla de pelícanos en la copa de los árboles aguardan como vigilantes de sus aguas al igual que una corte numerosa de cangrejos violinistas. "La idea nace porque queríamos hacer turismo ecológico de observación de aves", señala Dahdah. "Pero también ir a observar la naturaleza, pasear por sus túneles, canales y conocer sus recovecos", explica Lemoine.

De esta manera, una vez conseguida la concesión de Inparques, por ser la laguna un Parque Nacional, dan inducción a los no iniciados en kayak y los guían en esa aventura a remo franqueados de manglares. "Nos dedicamos a que la gente ame la naturaleza", afirma Lemoine de su convicción. Por esos pasos de agua de la laguna como Las Fermines, La Tortuga o Pasadero, quienes se adentran en los manglares descubren otra Margarita. A brazo y remo los que participan en la travesía de este humedal van atentos, guiados por Dahdah y Lemoine, para reconocer un garzón cenizo, un gavilán caricare o un perico cara sucia.

Un paseo sereno que permite reconocer la belleza y exuberancia de un lado de la península. En la entrada quizás esté una tropa de flamencos rosados. Ya adentro en el kayak, quizás un cardenalito, un águila pescador, una cotúa o una garza real. Así como pregonan "Naturaleza al alcance de tu remo", fomentan el valor de salvar los ecosistemas. Es una aventura acuática para conectarse con ese otro lado de la isla. "También tenemos recorridos de luna llena que hacemos con una cena al final del paseo", agrega Dahdah de esta experiencia. Al final el recorrido en kayak en la laguna es para deportistas, pero también para románticos.

Instagram: @kayak_margarita

Arriba las olas

Los dedos en la arena dibujan una tabla de surf imaginaria. Así José Rafael Rodríguez o Roots, como muchos lo conocen en playa Guacuco, de Margarita, empieza en la orilla una inducción a quienes deseen enfrentarse a las olas. Después de esas lecciones en la arena en las que enseña posturas iniciales y de familiarizar al practicante con las partes de la tabla, se mete agua adentro con su alumno para comenzar a montar olas. "Uso las tablas de foam board porque son las que exige la Federación de Surf de Venezuela, además evitan lesiones graves. Son las más adecuadas para dar clases porque tienen mayor flotabilidad", cuenta.

Ola a ola, este "profe del surf" arrastra contra la corriente las tablas de sus pupilos, los guía en el equilibrio cuando se montan en un reventar de espuma y aplaude para animarlos en los comienzos. "Estoy dando clases desde 2006, me formé con el coach de la Federación de Surf de Venezuela para ser entrenador. Si bien no soy un surfista profesional, soy un profesional del surf", deja en claro. Allí, en su oficina con vista al mar —un toldo bajo el sol de playa Guacuco— recibe desde niños hasta surfistas amateurs y aficionados. "También he tenido bajo mi mando la iniciación de surfistas élite o de alto rendimiento", dice.

Llegó a Margarita para poder surfear como desahogo, tomó en serio las olas y se entrenó para enseñar a otros a montarse en las tablas. "Acá en Guacuco se consiguen unas de las mejores olas para el aprendizaje, ya que puedes tomar olas en casi toda la playa. Son olas nobles para el aprendizaje y, además, el viento es onshore; es decir: le pega por el lado o detrás de la costa". Ofrece campamentos de surf e incluso clases personalizadas. Todos los fines de semana Roots procura que cada vez más gente "se enamore del surf", allí en la isla de Margarita.

Instagram: @surfguacucoroots

Brazadas marinas

De la orilla a mar adentro. Brazada a brazada. Nado a pulmón en agua salada. Cuando el sol apenas se asoma en la bahía de Pampatar, el club de natación de Rolando Salas (20 veces campeón nacional de aguas abiertas y dos veces campeón absoluto del paso a nado de los ríos Orinoco y Caroní) y Michelle Santiago (dos veces campeona absoluta del paso a nado de los ríos Orinoco y Caroní) entrenan a nadadores lejos del cloro y los confines de una piscina. "Trabajamos técnica, series, vuelta de boya, orientación en el agua, la respiración, el agarre, la brazada y ritmo de la patada", enumera Salas.

Ellos, excompañeros de selección antes, socios de este club de nado en playa ahora, se propusieron formar a nuevos nadadores desde hace casi un año. "Tenemos amateurs, atletas de alta competencia, triatletas y nadadores de la isla y la gente que se acerca cuando estamos en la playa", señala Santiago, quien además es fisioterapeuta. "También hay atletas que vienen de Caracas y otras partes de país", dice Salas acerca de cómo cada vez más gente se sigue sumando. Además, están los que se entrenan guiados por ellos para válidas regionales como la Copa Danny Chocrón y el Reto a Nado Cristo del Buen Viaje.

Más allá de las aguas de la bahía de Pampatar a veces rotan entrenamientos en otras orillas como playa Burrito, playa Valdez o en Manzanillo. Lo que empezó con seis nadadores adentrándose en la aguas, con ellos ha llegado a sumar hasta 35. "Acá les damos consejos, técnicas de rapidez y también hacemos circuitos cortos dependiendo de las condiciones del mar", señala Santiago. Así, en crol, estos campeones de nado en aguas abiertas supervisan el nado de otros adaptando los entrenamientos a las condiciones de sol, brisa y marea. Mejoran la brazada, velocidad, ritmo y respiración de sus pupilos. Puro brazo y corazón en agua de mar.

Instagram: @mgtafc

Equilibrio en el agua

Allí en el mar calmo y sereno buscan el equilibrio desde un paddle. Una, María Gabriela Orihuela o Titi como la conocen (campeona nacional de paddle y cuatro veces campeona suramericana) enseña a remar aguas adentro. La otra, Laurie Albarrán, formada en yoga en México y Perú, imparte lecciones de yoga montada sobre la tabla. "Poder dar de lo que tú más amas es multiplicar amor, decidir tu cambio. Lo que más me llena es estar en el agua, por eso doy clases de paddle: es mi pasión", cuenta Orihuela. Con el yoga en paddle buscan un estado de conexión alma, mente, espíritu y naturaleza. "Las actividades deportivas en la isla se van multiplicando porque hay una conciencia más saludable", señala Albarrán.

Con ese horizonte azul consigue que otros alcancen la estabilidad en movimiento. A brazo y remo, con Orihuela pueden navegar desde el paddle. "Cuando lo practicas estás moviendo todos los músculos, los paravertebrales, mejoras tu parte física y cardiovascular". Desde la tabla como mat, quienes practican yoga con Albarrán hallan otro tipo de paz en el medio del mar. "Estás en relajación, viendo el cielo azul: es mágico. Además, hay una mayor conciencia del cuerpo para mantenerte en equilibrio y más seguridad con las posturas de inversión porque estás en el agua".

Tanto en las playas de Pampatar, el Concorde, Manzanillo, La Guardia o Punta Arenas, Albarrán y Orihuela llevan sus destrezas en el paddle para conseguir en sus pupilos un balance de concentración, estabilidad y fuerza. "En el agua las células se relajan, te bajan los decibeles. Por eso Margarita es sanadora, porque te nutre y recarga", expone Orihuela con la felicidad ganada de quien profesa lo que cree. "En la isla se vive una nueva era del deporte al aire libre", dice Albarrán. Son ellas parte de quienes allí fomentan el bienestar en el medio de la naturaleza y del mar.

Instagram: @titicatira y @laurievirginia