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El barroco a la criolla de Daniela Padrón

Foto: Mauricio Villahermosa @mauriciovillahermosa

Foto: Mauricio Villahermosa @mauriciovillahermosa

La violinista residenciada en Miami lanzó recientemente un disco que concilia los ritmos tradicionales de estas tierras y las solemnes composiciones de Johann Sebastian Bach. Aquí cuenta por qué cree que la música popular venezolana está lista para germinar en otras latitudes

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Cuando se crece entre músicos, la suerte está echada. Lo que no se hurta, se interpreta. Por el lado de los López, la pequeña Daniela es parte de una dinastía melodiosa, en la que el que menos tocaba con un cuatro se defendía. Hija de la pianista Olga López y del dirigente político Paciano Padrón, se inició a los 4 años con las cuerdas del violín y el piano en la escuela fundada por su madre. A los 8, tras detectar que recibía más correcciones cuando tocaba piano, se decidió por el violín. Se formó entonces con José Elías Zapata y Virginie Robilliard.

Al cumplir los 17 estaba saturada de música clásica. Decidió estudiar Administración y poco después pasó a formar parte de Systaltic, una banda de rock progresivo. “Mi pobre mamá se sentaba a vernos con su carterita y no entendía nada. Ya lo del violín en lugar del piano le había costado y a mí nunca me lo demostró, pero mis tías dicen que aquello fue un duelo”, confiesa risueña. “Sin embargo, lo del rock fue una experiencia muy útil porque me sacó de la claqueta de lo clásico y me acercó a lo que significa hacer música popular. El primer día llegué preguntando por mi partitura y me dijeron que tenía que improvisar”. La cancha que fue ganando le permitiría luego colaborar con Frank Quintero e integrar las filas de Gaêlica. Con esa agrupación grabó un par de discos, uno de los cuales resultó nominado a un Grammy Latino en 2013 como mejor álbum folklórico. Le cautivó aquella alquimia entre sonidos de distintas latitudes.

En esa época se mudó a Florida y se apuntó en el Miami Music Project, emulación de El Sistema que reúne a niños de diversas edades y procedencias para formarlos en el mundo orquestal. En Caracas, había sido docente de violín en la escuela materna. “Me dijeron que, además de una profesora de violín, necesitaban a alguien que condujera una de las orquestas. No sabía nada de dirección, pero no aceptaron mi negativa. El primer día sentí que me lanzaron a los leones: eran 50 chamos entre 9 y 12 años de edad”. Cuatro años después, lo disfruta plenamente. “Es una orquesta sinfónica con todos los juguetes, ejecutados por unos enanos increíbles que lo hacen muy bien”.

En alianza con el músico y humorista César Muñoz participó también en un espectáculo llamado El Latin Vaudeville, que estuvo en cartel durante cinco meses. Aunque disfruta colaborar con otros, Padrón sentía que el mundo aún no conocía su propuesta individual. “Con el tiempo se volvió una necesidad. ¿Cómo hago para mostrar lo mío?”. Mientras paseaba por la calle, mezcló mentalmente un fragmento de una obra de Bach –su compositor favorito– con ritmo de joropo, y lo interpretó en un video de 15 segundos para su cuenta de Instagram. Se le ocurrió desarrollarlo como un proyecto más complejo, aunque albergaba dudas. El cuatrista Henry Linarez le argumentó que lo único que no tenía sentido era que no lo hiciera.

 

DE LEIPZIG PA’ GUASIPATI

“Elegí el repertorio y empecé a buscar el match de cada obra con nuestros ritmos. Traté de que esos 12 géneros fueran de 12 regiones de Venezuela, porque en mi mente imaginaba cómo habría sido llevarme a Bach en un viaje de carretera y mostrarle a través de sus propias composiciones la variedad de nuestra música”. Así aprendió sobre las raíces de la contradanza zuliana, entendió las diferencias entre los distintos golpes y tipos de tambores afrovenezolanos y los armonizó con acordes garabateados hace 300 años. La Suite para Orquesta N° 3 en Re mayor se convirtió en un vals larense y la fuga de la Tocata y Fuga en Re menor, en un sangueo de San Millán.

¿Cuál siente que es su aporte al trabajar sobre un compositor previamente reinventado por otros músicos del patio, como la pianista Gabriela Montero o el violinista Alexis Cárdenas? “En las propuestas de ellos hay un peso importante en la improvisación. En cambio, yo traté de ser lo más fiel posible, aunque lógicamente tuve que improvisar en algunos momentos para poder convertir esas partituras en un joropo oriental o un merengue caraqueño, que se toca en 5x8. Pensaba que si Bach me jalaba los pies de noche, quizás no era por ahí la cosa, pero eso nunca pasó”, dice divertida. “No estoy descubriendo el agua tibia. Se han hecho propuestas de Bach en Brasil o Bach en La Habana, pero la diferencia es que este disco está diseñado como un recorrido amplio por Venezuela: así como escuchas una gaita de furro, hay un calipso o una Onda Nueva y eso lo hace muy versátil”.

Siente que con este proyecto cumple un doble propósito: por un lado, promover los ritmos venezolanos entre quienes no los conocen, y por el otro, compartir la obra de Bach bajo otra luz con quienes aún no lo aprecian a fondo. “Es una forma más ligera de presentarla, porque siempre nos han transmitido que la música barroca es una cosa tediosa, solemne, tétrica, que solo se toca en funerales o que apenas reconoces como un ringtone”, explica. “Gente que no es venezolana y que no está familiarizada con nuestros ritmos dice que es un disco muy audible, disfrutable, bailable. Es una forma de aproximarlos a nuestra cultura y que, más adelante, cuando se encuentren con un pasaje o una tonada puedan entenderlos y disfrutarlos”.

Padrón asegura que los ritmos venezolanos están globalizándose rápidamente, pues gracias a la inmigración también se esparcen legados como la música y la gastronomía. Mis alumnos escucharon este disco y les encantó porque se dieron cuenta de lo que se puede hacer Para bien o para mal, los embajadores venezolanos en otros países somos cada vez más. Eso tiende a abrir nuevas puertas para mostrar nuestras cosas más hermosas”.

 

Bach to venezuela

Grabado entre estudios de Caracas, Barquisimeto, Barinas y un closet de su casa en Miami –bautizado afectuosamente como La Cuevita Home Studio por su digna acústica–, el primer disco como solista de Daniela Padrón contó con la participación de los músicos Agelvis Sánchez, Alex Berti, Henry Linarez, Javier Sojo, Juan Ernesto Laya, Kristhyan Benítez, Manuel Camero, Moisés Torrealba, Olga López, Rafael Ramírez y Simón Molina. Puede descargarse en bolívares a través de Cusica.com y en físico puede adquirirse en la discotienda Acantus del centro comercial San Ignacio, que hace envíos a todo el país. En el exterior está disponible en iTunes y CDbaby.com

 

Más información:

www.danielapadron.com

En Instagram:@danielapadronviolin