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El auge de la patineta

El auge de la patineta / Efrén Hernández

El auge de la patineta / Efrén Hernández

El número de entusiastas de la tabla larga, de mayor tamaño que las de skate convencional, ha aumentado vertiginosamente en Venezuela durante la última década. Cada domingo la Cota Mil en Caracas reúne a aficionados y atletas profesionales que practican distintas modalidades y se preparan incluso para competencias internacionales. Una venezolana quedó este año como la quinta mejor del mundo en su categoría

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Son las diez de la mañana y al pie del Ávila, a la altura de Altamira y La Castellana, desfilan decenas de hombres, mujeres, adolescentes e inclusive niños con patinetas a cuestas. Recorren de arriba abajo la Cota Mil --cerrada para los automóviles a esa hora-- para conseguir esa cuota de adrenalina que les brinda hacer un derrape, un truco o lanzarse de una bajada a alta velocidad montados sobre un longboard. La autopista se convierte en el ecosistema de los apasionados de la tabla larga, que aprovechan las curvas de esta vía expresa para maniobrar. "Cuando el skate se separó del longboard, este se enfocó en las bajadas y en la velocidad, sin trucos", explica Alejandra "la Negra" Segovia, de 24 años, campeona en la categoría de downhill slide, que consiste en realizar una serie de trucos a velocidad.

De California a Caracas. Un grupo de amigos barbudos, con cabellos decolorados y de vestimenta desgarbada no tenían idea de que, a bordo de sus patinetas, revolucionarían un deporte. El distrito playero y hippie de Venice, California, fue el escenario en el que los miembros del histórico The Zephyr (también llamados ZBoys) popularizaron el ska- te y el longboarding durante los años setenta. El furor por "olear" piscinas vacías, barandas y rampas hizo que muchos abandonaran el surf para dedicarse a este deporte urbano.

Algunos venezolanos vivieron aquel momento y trajeron las buenas nuevas al país. Uno de ellos fue Ernesto Salami, administrador de 51 años que no falta ni un domingo a la autopista para practicar free ride y downhill. "Me fui a surfear a California y descubrí la patineta. Comencé en 1973 con un patín hecho por mí. Íbamos por La Floresta y casi nadie lo hacía", recuerda, y luego bromea con otro compañero sobre ser de los "dinosaurios" de la Cota Mil.

Una bandada de patineteros inclinados sobre la tabla y protegidos con cascos integrados y guantes, desciende a velocidad de vértigo desde una bajada que comienza a la altura de Altamira y termina en la entrada de La Castellana. Practican downhill, modalidad que vive un auge mundial y ha ganado adeptos recientes en Venezuela. "Patino aquí desde hace unos seis años. Éramos apenas cincuenta y nadie hacía downhill", señala Luis "el Chino" Bisbal, exmodelo y comerciante de 42 años que practica el free ride, la vertiente más parecida al surf.

El downhill es la rama más pe- ligrosa del deporte, aunque Iván González, coordinador del Circuito Nacional de Carreras de Patinetas de Velocidad, describe a la Cota Mil como una pista para amateurs por- que solo cuenta con dos rectas y una semirrecta. "La velocidad máxima que puede obtenerse aquí es de 70 kilómetros por hora, mientras que hay otras bajadas en las que se alcanza el doble", indica.

Las competencias mundiales avaladas por la Federación Internacional de Downhill (IDF) incluyen grandes medidas de seguridad y exigen que los competidores lleven trajes de cuero y cascos que cubran toda la cara. En la autopista caraqueña solo cumplen con el requisito del casco; de resto, abundan los jeans y zapatos rotos y el principal accesorio son los raspones.


El crew. La autopista es un hogar. Cada domingo los patineteros se reconocen las caras y reparten el tiempo entre las buenas migas y el entrenamiento. Un grupo de unos diez fotógrafos, entre profesionales y aficionados, forman parte de este tejido urbano como cronistas del deporte.

El infaltable, sin embargo, es Huba Bisits, médico veterinario de 51 años que creó la marca de tablas Street Rider. A su puesto acuden como las abejas a un panal: piden tuercas, repuestos, preguntan por el precio de las ruedas y se familiarizan con la muestra de longboards que el rubio de pelo largo fabrica con chapa de madera.

"Hacía tablas de surf hasta que un día un amigo me sugirió hacer patinetas. Busqué madera, resina y probé con un molde. Ya tengo doce tipos y los chamos hasta se ponen franelas con el logo de la marca", describe contento Bisits mientras lo interrumpen para consultarle dudas, cual si fuese un sensei. Una tabla de longboard, aclara, debe medir como mínimo 87 centímetros y se elabora con concavidades que varían según el estilo.

Nehyl Oropeza, de 24 años, es uno de los que se acerca al puesto informal de Bisits en plena autopista. Desde hace dos años y medio dejó el surf por la patineta y su ilusión es ser el primero en competir en el Kozakov Challenge en República Checa, una de las citas más importantes del downhill. "Soy patinador a tiempo completo.

Lo ideal sería que las marcas te patrocinaran y estar respaldado por una federación", indica quien se ha destacado en torneos nacionales.

El concepto del crew está ligado a la cultura urbana. Consiste en un grupo de amigos que se dedican a una actividad, como el skate o el grafiti, y se autoproclaman con un nombre que los valida en la calle. Alejandra "la Negra" Segovia no imaginaba que el nacimiento espontáneo y casi en broma de su crew, VLM, serviría para articularse como un equipo serio de atletas que ha competido en el extranjero. "El objetivo es integrar una selección nacional y que se destine un presupuesto anual para nuestra formación", señala quien clasificó de quinta entre las veinte mejores del mundo en el campeonato internacional Overmeeting Downhill celebrado en agosto en Brasilia.