• Caracas (Venezuela)

Todo en Domingo

Al instante

El auge de la no ficción

El documental es un género últimamente muy explorado por los realizadores venezolanos / Cortesía

El documental es un género últimamente muy explorado por los realizadores venezolanos / Cortesía

El documental es un género últimamente muy explorado por los realizadores venezolanos. Una muestra de directores cuenta su experiencia al dar a conocer con éxito historias de personajes locales que toman la pantalla grande gracias a sus lentes

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

“El placer del documental radica en la posibilidad de amplificar la voz de personas anónimas”. Así resume Wanadi Siso, director de El laberinto de lo posible —documental que ganó este año ocho premios en festivales locales— su pasión por este género cinematográfico.

El interés creciente de realizadores venezolanos por contar las historias de vida de personajes reales y complejos ha desembocado en un inventario diverso e interesante de documentales que abordan temáticas diferentes, pero con un punto en común: la relevancia. El resultado ha sido una proyección cada vez mayor en festivales y salas internacionales.

La distribución y exhibición, procesos dificultosos según los autores, se plantean nuevos y más democráticos escenarios gracias a la posibilidad de Internet. Parece ser un buen momento, entonces, para mirar desde adentro y hacer llegar las historias locales a espacios globales, y los venezolanos lo están aprovechando.

Vidas para contarlas
Eliezer Arias, director de El silencio de las moscas —pieza participante en el festival más importante de documentales del mundo (Ámsterdam)—, no estudió cine, sino ingeniería y economía agrícola, para luego trabajar en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas.

Hizo su primer documental como una forma de acercar la investigación antropológica a la gente mediante el lenguaje audiovisual. Más adelante ganó un curso de la Fundación Carolina que le permitió pasar dos meses en Madrid para mejorar el guión de su siguiente trabajo.

La cineasta argentina Lucrecia Martel fue una de sus profesoras y le enseñó la clave para contar historias. “Tiene una mirada intimista y personal en lo que hace. Yo llevaba cuatro años conviviendo con las comunidades que luego fueron el escenario de El silencio de las moscas. Establecí un nivel de confianza tal con los personajes, que pude lograr una cercanía importante”, cuenta.

El tema no era cosa fácil: se trataba del testimonio de dos madres cuyas hijas quinceañeras se suicidaron en dos pueblos andinos donde la tasa de suicidios supera a la de Japón y Lituania, países que lideran la estadística. “Pasé un año con una de las protagonistas intentando que participara. Hice las entrevistas acompañado solo del sonidista, para lograr la mayor intimidad posible”, explica.

Los personajes complejos con grandes historias son un diamante en bruto para hacer documentales de calidad, pero también implican un ejercicio de paciencia y constancia. Wanadi Siso pasó un mes en Nueva York sin cámara en mano para relacionarse con Sonia Soberats, fotógrafa invidente de 76 años de edad y protagonista de su obra.

Andrea Baranenko, autora de Yo, indocumentada, tuvo que replantear el argumento de su documental a partir de las condiciones establecidas por Tamara Adrián, reconocida abogada y activista transexual. “Estaba dispuesta a mostrarse por completo en su fase de activista y persona pública, pero prefería la discreción de su vida privada”, explica la cineasta de 28 años. Incluyó, entonces, el testimonio de otras dos transexuales que representaran todas las aristas del conflicto legal de la identidad de los transgéneros en Venezuela.

Los temas también pueden surgir de inquietudes personales. Así le ocurrió a Kaori Flores, cineasta merideña de abuelos japoneses que exploró la emigración de este gentilicio hacia América Latina en el documental Nikkei (es el nombre con el que se designa a los emigrantes de origen japonés y a su descendencia). “Digo que es histórico-emocional, porque es la historia de mi familia, pero también es un reportaje que habla sobre la esclavitud amarilla que se impuso en campos agrícolas peruanos a finales del siglo XIX”.

Contar la vida de personas  reconocidas y públicas también supone un reto de tesón y mucho tacto. Jonathan Reverón, periodista de 30 años, se valió de su relación  con Armando Scannone y Margot Benacerraf para retratarlos en su dimensión más privada. “Me interesa registrar las vivencias de estos personajes leyenda para que quede un testimonio de lo que también somos como país”, dice el cineasta que estrenó Don Armando el año pasado y se encuentra en el rodaje de la película sobre Benacerraf.

Dónde mostrar. La asistencia a festivales es clave para presentar el material ante la crítica internacional y obtener un intercambio cultural con realizadores y productores de todas las latitudes, además de aprovechar la ocasión para vender la pieza a alguna distribuidora o agente.

Baranenko, que participó en la edición de este año del Festival Internacional de Cine Documental de la ONU en alianza con la Universidad de Stanford, señala que lo más difícil de hacer un documental es lograr que lo vean. “Distribuirlo comercialmente es cuesta arriba y en Venezuela no existe la figura del agente que busque proyectos para hacer negocios”.

Flores explica que las distribuidoras hacen block booking, lo que consiste en agrupar entre nueve y diez  largometrajes para vender a televisoras como un paquete. “Cuando haces algo para un público tan cautivo como el interesado en mi documental, la cosa se complica más”, advierte.

Arias destaca que resulta más sencillo obtener financiamiento para hacer el proyecto que promocionarlo una vez terminado. Además del apoyo del CNAC, recibió fondos de la Fundación Bertha y participó en diferentes talleres para mejorar guión y aspectos de posproducción. La participación en el festival de Ámsterdam le permitió vender la pieza y una distribuidora neoyorquina se interesó.

Internet, sin embargo, se está convirtiendo en la alternativa más eficiente y autogestionada para proyectar su material. “Las páginas como Vimeo on Demand, Amazon y iTunes se han convertido en una ventana posible”, explica Baranenko. Flores editará Nikkei en DVD blu ray y lo colgará en la red social Vimeo, que recientemente estrenó su servicio de pay per view. “Internet reduce las fronteras y es una plataforma más asequible para que el productor sea el propio distribuidor, sin necesidad de un capital muy grande”, concluye. Se trata de un cambio que agradecen los cineastas que confían en que la realidad muchas veces supera a la ficción.  

Guía del buen documentalista
Los realizadores Kaori Flores y Wanadi Siso sugieren varias consideraciones para los iniciados en el arte del documental:

Lea mucho: investigue sobre el tema de su interés en libros, Internet, hemerotecas.
Consulte a expertos: siempre hay alguien que conoce más del tema que el realizador.
Ir a campo: visitar el lugar y empezar a entablar una relación con los personajes tiempo antes del rodaje.
Argumente: el guión puede irse flexibilizando, pero siempre hay que tener claro el story line del documental. Así el trabajo en campo será preciso.

Haga guiones: el de rodaje, para definir locaciones y tiempos; el de posproducción, para estar más claros en la edición.
Entienda su material: enfoque la promoción luego de detectar cuál es el medio más idóneo para su exhibición: televisión, salas comunitarias, universidades, cine, Internet.