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El arte de seducir

El arte de seducir / José Juan Blanco

El arte de seducir / José Juan Blanco

Quienes han descubierto la capacidad que tienen de cautivar a otros la usan y la exploran cada día en una dinámica que va más allá de la atracción sexual. Aquí se comparten algunas claves de un juego en el que todos quieren participar

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“Entrar en el mundo de la seducción es llegar a un espacio de sensaciones, aromas, texturas y mundos secretos difíciles de compartir”, dice la psicóloga Pilar Sordo en su libro Lecciones de seducción. Todos saben que es así, aunque para algunos aquello de conquistar resulte natural, al menos a los ojos de quienes sienten que no siempre logran convencer. 
“El arte de seducir es un asunto complicado. Es producto de combinar muchas cosas”, advierte Liliana Tonitto, coach y fundadora de Inspiracción.

Aunque lo primero que venga a la mente al hablar de seducción es tal vez la imagen de un cuerpo atractivo, seducir tiene que ver también con lo que no se ve. Aun cuando los sentidos tengan un gran protagonismo en este juego, el misterio es lo que lo hace interesante. Esa dinámica se da tanto en terrenos que pueden parecer alejados como el amor y los negocios, pero al final se trata simplemente de seres humanos tratando de cautivarse.
“Tiene que ver con llegar a acuerdos con alguien. Tú estás buscando que te digan que sí: puede ser que aceptes ser mi pareja, que me prestes dinero, que hagamos un negocio juntos o que me compres algo. La clave está en cómo generas un contexto que te favorezca para cuando lances la petición”, explica Tonitto, para quien la clave de la seducción está precisamente en mostrarse como la mejor opción. “Para lograrlo tengo que conocerte, saber dónde están tus intereses y mostrarte que yo tengo algo para ti que vale la pena”. Pero esta búsqueda de persuadir no debe confundirse con la manipulación, aunque a veces las fronteras parezcan desdibujarse.
“Cuando se habla de manipular es porque alguien está buscando la forma de sacar ventaja de otro y aquí hablamos de una relación ganar-ganar”. Además, como explica el psicólogo Henry González, en relaciones sanas se trata de una atracción consciente y el propósito del que seduce no es engañar o inducir a acciones perjudiciales.

 

Códigos descifrados. El principal secreto de quien seduce no es solo que se muestra como alguien único, sino que hace sentir así al otro. “Hay elementos sociales de la comunicación que están ligados a esto, por eso también lo percibimos no solo en las relaciones de pareja, sino en las relaciones comerciales, en cómo se empacan los productos y se publicitan. En el hecho amoroso hay, incluso, un aspecto biológico: la selección del espécimen más apto para la transmisión de nuestros genes”, recuerda González, quien señala que los seres humanos coinciden en esta característica con otras especies. Mientras que para el pavo real es mostrar su hermoso plumaje, para las personas es el uso de los atributos físicos pero también del lenguaje. “Usamos lo que decimos, pero también lo que no decimos, para hacerlo misterioso”, subraya.

Sin embargo, cada quien tiene su estilo. Si bien para los más extrovertidos puede ser más sencillo, hasta los más tímidos pueden conquistar, pues hay quienes se sienten atraídos por esa introversión.

González refiere que la psicóloga española Alejandra Vallejo-Nágera, autora del libro Psicología de la seducción, explica nueve tipos de seductores, según la clasificación que hizo el estadounidense Robert Greene, basados en arquetipos: afrodita, el aventurero, el líder, el rescatador, el artista, el encantador, el intelectual, el cautivador y el divo. Explican que la clave es encontrar el propio. “Es importante descubrir qué es lo que nos hace más atractivos y para quién. Para seducir hay que hacer sentir valioso al que está enfrente, saber qué espera de la relación contigo, ya sea personal o laboral”, decía la propia psicóloga en una entrevista para el diario español El Mundo. “La seducción se relaciona con el éxito amoroso, pero no es solo eso. Seducimos cada vez que nos comunicamos y logramos que la persona de enfrente se sienta atraída por nosotros”, dice Vallejo-Nágera.

Por eso es conveniente que cada uno descubra qué lo hace atractivo y para quién. “Lo vamos descubriendo poco a poco y el entorno social te va dando las pistas”, explica González, pero también apunta —menos mal— que seducir es un arte que se puede aprender.

 

Cómo sacar el brillo. “Lo que define a un seductor es que observa y estudia a su presa. Se dedica a conocerla y es muy hábil en el juego de ofrecer un poco, pero deja con ganas de más. Sabe esperar”, señala Tonitto. “La gente más seductora es aquella que sabe dónde está parada, qué es lo que quiere y hacia dónde va”, recalca. El seductor debe entonces conocer bien a quien desea, pero también debe conocerse a sí mismo: hay que identificar cuáles son las cualidades propias, no inventárselas, pues esto siempre se evidencia. “El seductor sabe con qué cuenta, cuánto vale y qué tiene para ofrecer”, afirma. “Sin embargo, es humilde y su encanto está no en centrarse en sí mismo, sino en hacer sentir especial al otro”.

Esto último se logra no solo conociendo a quien se desea atraer o convencer, aquí el juego apenas empieza.

Vallejo-Nágera afirma que luego se dan cinco fases: la de provocación, que es ponerse “a la vista” de esta persona; la del misterio, que consiste en mostrar o compartir sobre nosotros, pero dejando algo de suspenso; la de la elegancia, en la que buscamos destacarnos entre los demás con algún detalle; la del castigo, en la que se juega un poco a la huida, porque se sabe que se tiene el control; y finalmente se espera que la última fase sea la conquista.

“Los seductores son maestros en la espera y el ataque. En despertar el interés y alimentar la curiosidad. Han aprendido a sacarle punta a lo que tienen y a lo que no tienen. Son capaces de reírse de sí mismos”, señala Tonitto.

Para ella, la autoestima forma parte del proceso de seducción, así como el entusiasmo y la orientación a ver lo positivo. “Un seductor apuesta por las posibilidades, las busca, en el campo que sea”.

Acerca de ese magnetismo que hace diferentes a las personas, Sordo expresa en su libro un deseo: “Ojalá todos recuperemos nuestra verdadera seducción, esa que tiene que ver más con la personalidad que con la coquetería. Esa que nos llama a cuidarnos para estar más lindos, pero desde adentro y no nada más desde afuera. La que nos llama a ser encantadores, amables y solidarios... Así cada uno va a poder desarrollar sus mejores talentos para llegar a los que ama”. Que sea así es responsabilidad de cada uno.

Seducción y liderazgo

Liliana Tonitto, de Inspiracción, ofrece algunas claves para identificar qué es sexy y que no en las organizaciones:

-“Un líder seductor sabe lo que quiere y es un ejemplo de eso: actúa en consecuencia, es inclusivo, hace sentir valioso a su equipo.

-La excesiva formalidad y el corporativismo no es sexy. Lo sexy conecta con lo emocional. No mueves a nadie con la cabeza, la mueves si le tocas el corazón.
-El abuso de poder, ignorar las necesidades del equipo, no es sexy. En cambio, la autoridad bien manejada sí lo es.

-Dar la cara, mostrar genuino interés, ser sensatos, respetuosos y mostrar el futuro posible es, definitivamente, muy sexy”.

Leyendo las señales

“Si le interesas como persona, se inclinará hacia ti y cuando hables, sonreirá y asentirá con la cabeza. Pero si es lujuria no hará nada de eso... Probablemente saque la lengua con cierto disimulo y se moje los labios”, apunta la psicóloga Elsa Punset en su libro Una mochila para el universo.