• Caracas (Venezuela)

Todo en Domingo

Al instante

Lo que aprendí de mis hijos

José Rafael Briceño junto a su hija Bernarda | Mauricio Villahermosa

José Rafael Briceño junto a su hija Bernarda | Mauricio Villahermosa

Aunque se espera que el adulto sea quien enseñe, todo padre sabe que de los hijos también se aprende. Esas lecciones suelen llegar de improvisto y siempre estremecen. Cuatro venezolanos destacados en diferentes áreas comparten algo de lo que saben gracias a su prole

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

“Con mis hijas he aprendido lo bello que es vivir la vida”

Manuela, de 20 años, la hija mayor del músico Luis Julio Toro, se ha convertido en una gran cómplice. La pesca, la caza y el día a día en el hogar, donde compartieron por un largo tiempo, fueron algunas de las actividades que derivaron en una relación muy fuerte y especial. A ella la describe como centrada y sosegada. Ese carácter representó para Toro su primer aprendizaje como padre: “Ella me transmitió seguridad”.
Aun cuando su primogénita siempre fue muy disciplinada, esto no es una característica que se herede. “A las otras hay que apretarles las cuerdas de vez en cuando”, dice de sus tres hijas más pequeñas. Aunque estas personalidades divertidas a veces se salen de control y han dificultado el orden, son un caudal de cosas positivas. Eloísa, de 9 años de edad, entabla conversaciones con quien se tope en la calle, lo que obliga a su padre a relacionarse con gente desconocida. “Ella me ha enseñado a ser menos prejuicioso y más libre en mis conductas”.
Asegura que tener a sus pequeñas luego de la edad promedio lo ha hecho mantenerse apegado a “las cosas más hermosas, sencillas y divertidas de la vida”. Toro confiesa que se ha  visto reflejado en el romanticismo de Carlota y que mantiene vivo el sentido del humor con la alegre Carmen, quien con apenas 2 años de edad, le dedica cuanto descubrimiento realiza con un “mira, papá”.
“Con mis hijas he aprendido lo bello que es vivir la vida, que es divina cuando las tienes a ellas y lo demás importa un carajo”. Ver a sus niñas saltando mientras él se desborda de
preocupación por algún suceso, lo hace cuestionarse a sí mismo. “No necesariamente ellas tienen la razón, sino que no se están dando cuenta, y allí es cuando te preguntas: ¿Vale la pena darse cuenta?”.

“En el oficio de padre siempre estás aprendiendo”

Cómo hacer dos colitas, cortar una pollina, así como los nombres e historias de todas las princesas de Disney son algunos de los conocimientos que ha adquirido José Rafael “el Profesor” Briceño durante los tres años que lleva desempeñándose como papá de Bernarda.

El académico y comediante asegura que una vez que nació su pequeña, su manera de pensar dio un giro. En su cerebro se formó un compartimiento que, afirma, dedica únicamente a preocuparse por el bienestar de la niña. Surgió en él una noción de responsabilidad más profunda por la dependencia de ese ser que él mismo había decidido engendrar.

Además de cambiar pañales y preparar teteros, durante el primer año de vida de su bebé, el profesor de oratoria tuvo que enfrentarse al insomnio de padre. “Llegué a un punto en que se me olvidó tanto lo que era dormir, que si cabeceaba creía que me estaba desmayando. No reconocía el acto de dormir. Me sentaba en la cama y pensaba ‘este sofá es raro porque no tiene respaldar”, bromea.

En su vida profesional, Briceño se ha visto inspirado por su esposa y su hija, quienes, dice, tienen en común la virtud de la constancia. Señala que esa característica que ambas comparten lo ha impulsado en buena medida para incursionar en el mundo de la comedia. “Bernarda no tiene el más mínimo miedo. A medida que crece y desarrolla la conciencia, igual sale al escenario a saludar conmigo muchas veces y se roba el show”.
Pero asegura que la principal enseñanza que ha adquirido de su hija ha sido la humildad. “En el oficio de padre siempre estás aprendiendo. Cuando ya empiezas a lograr ciertos elementos viene otra etapa”, indica. La experiencia que ha adquirido con la pequeña además de servirle en el presente, se verá multiplicada gracias a su próxima bebé que nacerá en cuatro meses.

“Aprendí a tener paciencia para dejarla vivir su edad”

Cuando el estilista Ricardo Chang no recuerda cómo buscar algo en su celular inteligente, llama a su hija Sheina. El uso del iPad y el iPhone ha sido una de las orientaciones técnicas en las que ella asiste a su padre. “Cuando uno envejece, se le olvidan las cosas más rápido. Muchas veces tengo que llamarla para volverle a preguntar: ‘Mira, cómo se busca el arroba aquí en la computadora’. Y al día siguiente no lo uso y se me vuelve a olvidar”.

Sin embargo, el manejo de artefactos electrónicos no ha sido el único aprendizaje que ha obtenido desde sus inicios como padre. Cuando Sheina entró en la adolescencia y comenzaron las invitaciones a fiestas, tuvo que trabajar en su paciencia y recordar que la juventud era una etapa que debía permitirle disfrutar. “Eso es lo que más tuve que aprender: la paciencia de dejarla vivir la vida conforme a su edad”.

Esto sin dejar de lado la constancia de animar a su primogénita a que estudiara un poco más y se esforzara en todo lo que hiciera. “Una vez que tienes un hijo, cambias muchísimo porque tienes la gran responsabilidad de educarlo”, reflexiona Chang, quien a pesar de que nunca imaginó que Sheina sería periodista, se alegra de haberle exigido todos los domingos que leyera el periódico.

Pese al olfato que le ha permitido a este estilista orientar su trabajo hasta tener un salón de belleza de referencia en el país, confiesa haber recibido consejos de su hija sobre las personas que son verdaderamente confiables para incluirlas en el negocio. Además, asegura que la determinación de Sheina le ha dado un impulso cuando la cautela que acompaña a los años, le dificulta tomar una decisión.

“He aprendido a valorar muchas cosas”

Para el actor y modelo César Flores, el mayor reto como padre ha sido corregir a la pequeña Nicole por alguna travesura. Afirma que cuando la bebé de apenas un año posa sus enormes ojos grises sobre él, se le hace imposible soltar algún regaño. “Yo me derrito. Pero hay que hacerlo porque es parte de su formación para el futuro, para que vaya distinguiendo las cosas buenas de las malas”. Aprender a poner algunos límites le ha costado más que cualquier otro aspecto práctico, como armar una pañalera o bañarla.

Su actual participación en varias obras de teatro, y anteriormente en la telenovela Mi ex me tiene ganas, le han impedido estar en casa durante el día. Sin embargo, todas las noches son de juegos y cenas en familia. Aunque su profesión le ha exigido aprenderse unas cuantas obras infantiles, ahora tiene una motivación mayor: poder representarlas ante su bebé. El actor volverá próximamente a las tablas con la obra infantil La Sirenita y a pesar de que sospecha que su bebé aún no entenderá la trama, guarda la ilusión de que asista para verlo actuar.

A pesar de todos los conocimientos prácticos que ha adquirido, asegura que lo más importante que le ha entregado Nicole es una nueva visión del amor que, aun cuando es muy grande, se ve reflejado en pequeños detalles. “He aprendido a valorar muchas cosas: una mirada, una sonrisa, una caricia, un rasguño…”. Luego de haber admirado desde pequeño la relación entre su hermana y su padre, le complace haber tenido una niña, pues siempre soñó con gozar de una conexión semejante. “Dicen que las niñas son de los papás y los niños de las mamás y por eso yo quería que fuera mi niña”.