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El abrazo con la nada

Alberto Arvelo

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Alberto Arvelo cierra sus ojos y recuerda un sueño. No sabe exactamente qué rol desempeña, pero vive en la Venezuela del siglo XIX

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Alberto Arvelo cierra sus ojos y recuerda un sueño.

No sabe exactamente qué rol desempeña, pero vive en la Venezuela del siglo XIX. El asunto, aunque suene delirante, tiene sentido. Beto tiene en sus manos un nuevo intento, probablemente el más osado de la historia del cine venezolano: llevar al cine la épica vida del Libertador. "Por lo general sueño con cosas que no tienen que ver con lo que estoy haciendo. Son un escape y suelen ser muy divertidos. También sueño con mensajes. No quiere decir que sueñe con la escena exactamente como la quiero hacer, tampoco tengo sueños premonitorios creativamente hablando, pero sí mensajes que al despertar termino de masticar y entender.

En el fondo creo que son una versión lúdica del subconsciente que te va dando señales. Más que imágenes, con la película El Libertador he soñado con símbolos".

Desde Los Angeles, el director venezolano ahora se ocupa de la edición de la película. "El oficio cotidiano es fundamental para la inspiración. Por ende, el proceso del cine es de oficio. No puedes llegar al set diciendo: `oops hoy no me llegó la mu- sa’. Debes tener la connotación sana de la rutina.

Ahora estoy hipersensibilizado todo el tiempo, porque se está generando una película que tiene que ser bella. Estoy hablando de historia, de gente que existió, de ideas, de motivaciones reales. Hay un sentido de responsabilidad y algo que tiene que ver con el proceso cinematográfico: tratar de entender mundos a los que no perteneces".

Allí consigue la inspiración, entendiendo al otro, como él dice, y como buen hijo de filósofo, abrazando la nada y todo a la vez. "A la comprensión del alma ajena se llega de una manera muy sencilla y telúrica. Cuando te pones la piel de alguien puedes entenderlo; cuando no lo haces, todo intento de entender a alguien es cosmético. La gente que no tiene la posibilidad de entender a otras, en general, llega a la intolerancia, a la crueldad, a la rapiña. Me desmotiva estar cerca de personas a las que no les interesa lo que pasa dentro de otro ser humano. Lo contrario me llena siempre de mucha emoción".

Intentando desandar los pasos de Simón Bolívar, Arvelo vive vidas que no son suyas. "Eso para mí es increíblemente motivador. Estoy en el momento creativo más bello, como en un péndulo, pasando de la música a la imagen y a la palabra. A veces me siento enajenado, en 1825, y lo disfruto inmensamente. Este ha sido el proceso creativo más íntegro de mi vida y más concreto".