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Yordano di Marzo: “Mi vida ha sido Venezuela”

Yordano |  Fotografía: Mauricio Villahermosa

Yordano | Fotografía: Mauricio Villahermosa

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Yordano se siente profundamente conmovido. “Es abrumador. Todavía lo estoy asimilando”. Se refiere a la avalancha de cariño y solidaridad que ha recibido de sus coterráneos luego de que hiciera público el extraño cáncer que supera. “Mi estructura no estaba preparada ni para la enfermedad ni para las reacciones. Quizá tiene que ver con que los hijos de inmigrantes suelen crear una familia alternativa y las ayudas siempre son cercanas. Esa sensación de sentir que te quieren, me conmueve. Y no sé cómo agradecerlo”, cuenta.

Yordano llegó como Giordano di Marzo a este país, en barco y cuando tenía tres años de edad. Su infancia fue un transitar constante a medida que su padre, italiano del sur y filósofo por formación, fue mejorando el entorno de la familia con trabajo y empeño, inicialmente pintando carteles publicitarios y luego con su propia agencia. Empezaron viviendo en una pensión en Guaicaipuro, en algún momento se mudaron a Los Palos Grandes, luego a La Floresta y a Cumbres de Curumo en Caracas. De los colegios públicos pasó al Santiago de León, donde lo llamaban el Italianito. “Me tocaba pelearme un día sí y el otro no porque se metían conmigo, pero después empecé a tener los primeros amigos verdaderos en el colegio, sentí la solidaridad, y guapeando fui ganando respeto. También empecé a crecer, a ser más alto que el resto y me dejaron tranquilo”, se ríe.

Probó las arepas algo tardíamente gracias a sus novias venezolanas cuando estaba en la universidad y las convirtió en su cena predilecta. En estas tierras comenzó a enamorarse de la música desde pequeño y cuando estudiaba Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, formó su banda y supo, felizmente, que ese amor no era transitorio sino perdurable. “Mi papá pensaba que era una terquedad, y yo seguí con esa terquedad”.

En este país pasó a ser Yordano. A crear  y cantar las canciones que han acompañado los momentos esenciales de varias generaciones. Aquí ha tenido a sus hijas y ahora a su nieta. “A Italia le tengo un gran afecto porque están mis raíces familiares, pero mi vida ha sido Venezuela. Mi familia vive aquí. De aquí son los amores. Los amigos. Todo lo que es y fue”.

En el momento de la entrevista estaba, temporalmente, en Nueva York, realizándose los exámenes con un médico venezolano. “Esta ciudad me encanta, pero siempre digo que soy de Venezuela. Me gusta mi relación de amor y odio con Caracas. La sufro como arquitecto, la sufro porque la vivo. En Caracas están mis hijas. Mis guacamayas, que aunque son salvajes, van todas las tardes a la casa, comen allá y lo disfrutamos. Me gusta mi casa. Me gusta el cielo. Creo que querencia es la palabra”.

El 24 y 25 de octubre prepara un concierto en Chacao por los 30 años de Manantial de corazón. Allí estará su público entonando siempre las canciones que son parte de la vida de quienes le desean pronta mejoría.

“Lo que siempre digo es que yo decidí ser venezolano aunque no nací en Venezuela. Sin perder toda la herencia italiana que tengo en la sangre y por costumbre”