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Vocación: reina de belleza

Migbelis Castellanos / Reuters

Migbelis Castellanos / Reuters

                                                                                                                    Cada uno de los pasos que ha dado la zuliana Migbelis Castellanos —incluidos sus estudios o su “picadita de ojos” — formaron parte de su propósito de convertirse en Miss Venezuela 2013. La chica detrás de la corona se revela como una eficaz estratega que llegó para quedarse

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“Una miss aguanta de todo”. La frase la escuchó por primera vez Migbelis Castellanos a sus 7 años de edad.

“Estaba en un desfile y para el traje de fantasía, mi mamá me vistió de ave fénix, pero no tenía zarcillos. Entonces el muchacho que siempre nos acompañaba me preguntó: ‘¿Tú quieres ser miss cuando seas grande?”. Ante el “sí” rotundo de la pequeña, él tampoco dudó: “Agarró dos lentejuelas grandes rojas, buscó silicón caliente y me las pegó en las orejas…”.

Castellanos recuerda que el parapeto le dolió, pero se mentalizó porque desde entonces tuvo la convicción de ser reina. “Es muy bonito saber desde pequeña lo que quieres ser. Mis papás me apoyaron al igual que hicieron con mis hermanos en el béisbol”.
“Lo mío fue una estrategia”, confiesa con su desparpajo y elocuentes 18 años. De pequeña no comía comida chatarra porque eso “no lo hace una miss”.

A sus 15 años vaticinó en su diario que ganaría en el Poliedro de Caracas y que su triunfo lo anunciaría Maite Delgado. “Era difícil que se dieran ambas condiciones, pero las visualicé hasta lo imposible”. Cree en el poder de la palabra y por eso a sus amigas les escribía en sus cuadernos: “Con cariño de Migbelis Castellanos, Miss Venezuela 2013 o 2014 (por la edad)”.

Reina por convicción. En esa hoja de ruta concienzudamente trazada procuró labrarse una imagen perfecta. “Yo puedo salir a una fiesta, pero cuido mi comportamiento. Tengo mi pasado limpio…”. De allí que lo de no tener novio también forma parte de su objetivo. “Cuando me pretendían los muchachos les decía que no, yo quería prepararme para ser reina. Bueno, sí tuve un amorcito que hasta el sol de hoy me dedica canciones, pero no fue nada oficial. ¡Claro! Si aparece el hombre de mi vida en este instante, que entre y se siente”, apunta risueña.

En sintonía con ese norte, a los 16 años empezó a estudiar comunicación social como plataforma para desarrollarse en los medios. “Cuando vi que también podía optar a ciencias políticas no lo dudé y le dije a mi papá que iba a ser muy impactante que Osmel (Sousa) me escuchara: ‘Mire, tengo 18 años y llevo varios semestres en dos carreras. Así sabría que aunque era una chama, no iba a tratar con una liceísta”.

Eso no solo lo entendió el zar de la belleza, sino todo un país. Ante tanta determinación es inevitable preguntarle qué hubiera pasado si no se alzaba con la corona y si no siente que sacrificó mucho en pos de ese objetivo. “Mi papá me enseñó a trabajar por lo que quiero, pero aprendiendo a perder”.
Precavida como es, ya tenía su plan B: “En el reality hice mis contactos para entrar en la televisión. Luego de mi año de reinado —si no da la campanada en el Miss Universo—terminaré mi licenciatura de Comunicación Social. No creo que finalice la de política, porque cuando cocinas tantos conejos a la vez, alguno se puede quemar”.

En cuanto al segundo punto,   concluye sinceramente. “Días antes de la noche final estaba sola en mi casa y admití que la adolescencia se me había ido volando. No aproveché muchas cosas que mis amigas sí hicieron... Me da un poco de nostalgia, pero no me arrepiento porque sé que lo mejor está por venir”.