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Victorias especiales

"A Paola no le gusta fallar. Se exige mucho y es muy perseverante | Foto: Efrén Hernández Arias

"A Paola no le gusta fallar. Se exige mucho y es muy perseverante | Foto: Efrén Hernández Arias

Tras la rutilante participación venezolana en Juegos Mundiales de Verano de Olimpiadas Especiales, existe un grupo de atletas comprometidos con alcanzar el podio y honrar el tricolor nacional con una convicción a prueba de estándares. Estas son algunas de sus estrellas

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En los Juegos Mundiales de Verano de Olimpíadas Especiales Los Ángeles 2015 (en los que participaron 7.000 atletas en representación de 165 países, entre el 25 de julio y el 2 de agosto) compitieron 94 deportistas de Olimpíadas Especiales Venezuela: 80 de ellos tenían discapacidad intelectual —síndrome de Down, dificultades cognitivas, etc.— y 14 atletas eran unificados, personas sin discapacidad que juegan en equipo al mismo nivel que el atleta especial.

Atletismo, natación, fútbol 5, bochas, equitación, tenis de campo, gimnasia artística y rítmica, baloncesto, bowling, patinaje y aguas abiertas fueron las disciplinas en las que la delegación venezolana se midió en el evento. A su regreso fueron recibidos como héroes en Maiquetía, pues el resultado fue una formidable cosecha de 84 medallas para la selección nacional y una colección de historias que muestran cómo imponer la voluntad sobre los paradigmas. Estos son algunos de sus testimonios.

La cinta mágica

Paola Licini sabe cómo hipnotizar a su audiencia. Con una estela de raso pinta en el aire cordilleras invisibles y espirales precisos. Por su manejo de la cinta, las mazas y la cuerda, se trajo de Los Ángeles tres medallas de plata, una de bronce con la pelota y una de oro (la primera dorada de la delegación venezolana en estos juegos) por su limpia ejecución del circuito completo de gimnasia rítmica, disciplina que practica desde los 19 años.

Ya en Grecia 2011 había logrado tres preseas de oro, una de bronce y un banderín de cuarto lugar. A sus 25 años, esta asistente administrativa de un preescolar es la única gimnasta especial de cuarto nivel en el país y una veterana de competiciones nacionales y continentales. "Me gusta la gimnasia rítmica porque es un deporte muy elegante, con mucho estilo", asegura. La practica varias veces a la semana. También hace teatro, danza árabe, capoeira y pintura con la fundación Apoye.

Tiene en la mira su preparación para clasificar a los próximos Juegos Latinoamericanos Especiales. Licini se enamoró del deporte desde que vio a una compañera entrenar con la cinta. Su entrenadora, Alba Pérez, da fe de su talento. En estos juegos se enfrentó a países como EE. UU., Australia, Costa Rica, Brasil y México. "Cuando compito, estoy un poquito nerviosa pero también tranquila", explica la atleta.

"A Paola no le gusta fallar. Se exige mucho y es muy perseverante. Lo que más me asombra es su seguridad; no le ves los nervios cuando compite. Es capaz de sonreír y entrar muy decidida, como diciendo: aquí vengo yo", asegura su madre. "Una vez la vi un poco inquieta antes de salir y le dije que no se estresara, que lo importante era participar, que todas eran muy buenas... Me dijo: 'Yo voy a ganar, mamá'. Dio media vuelta, se fue y ganó".

El juego cruzado


Isaac González tiene 22 años. Fue su papá quien lo inició en el mundo del tenis de campo a temprana edad. Tras su fallecimiento, la familia decidió que al niño —con un diagnóstico dentro del espectro autista— le vendría bien seguir practicando en el deporte que tanto le gustaba y lo apuntaron en clases formales. No pasó mucho tiempo para que sus entrenadores descubrieran su potencia. "Me gusta pelotear, pero saco fuerte y le tiro duro a las esquinas", resume su letal estrategia. En Los Ángeles cosechó una medalla de oro en la categoría de dobles unificados y una de oro y otra de bronce en individual.

"Le ganamos a Austria en dobles y también a Brasil y Rusia. Les jugué cruzado, al revés. Me sentí contento cuando nos felicitaron y pusieron el himno de Venezuela", señala. Si le preguntan, dice que no sería capaz de mudarse a otro lugar. "A mí me gusta mi país. No me quiero ir. Aquí están mis amigos". Aquí es también un artista plástico consumado, con obras que reflejan su fascinación por los robots. "En lienzo, los trazo con lápiz y después con pintura acrílica. Hago esculturas de robots con arcilla. Tuve una exposición en 2012 en el Centro de Arte El Hatillo (Caracas). También estudio ilustración con Vanessa Balleza".

Le gustan los aviones y los viajes. Ama el tenis, la bachata y el reguetón. "En Los Ángeles, después de que ganamos, fuimos a un parque y bailé en una tarima". En sus primeras olimpíadas en Grecia 2011 había ganado plata y bronce. En los Panamericanos de Bolivia 2013, oro y plata. ¿Cómo se sintió aquellas veces? "Muy contento. Allá también bailé".

La amazona delicada


Quienes la han visto montar su corcel dicen que se destaca por su elegancia y naturalidad. Dicen también que esa sincronía se debe a una comunión natural con el caballo, pues Daniela Morales ha desarrollado una intuición poco común para entenderse con estos animales y saber cómo guiarlos al triunfo. En Los Ángeles no pudo competir con Blackie, su caballo habitual, pero con apenas 30 minutos fragmentados de familiarización con su yegua designada pudo colgarse al cuello dos medallas de oro y una de plata. "Yo lo veo, lo toco y me doy cuenta de si el caballo está contento, si está cansado, si quiere practicar. Si está bravo lo dejo tranquilo y ya. Es más difícil montar con uno que no conoces, pero la que me tocó se portó bien. Era una yegua viejita que se llamaba Betty y los que la cuidaban estaban muy contentos porque dicen que la puse a ganar", afirma divertida la espigada muchacha de 23 años.

Morales comenzó a montar a los 15 años como parte de sesiones de equinoterapia, recomendadas como tratamiento para el abordaje de una dificultad cognitiva que, al menos para quien la escuche, hoy cuesta detectar. "Me gustó la equitación por el trote y el contacto con el animal: darle de comer, acariciarlo, guiarlo". Su mamá asegura que la diferencia ha sido grande. "Daniela está más segura de sí misma, habla con más fluidez, se comunica mejor. Es más madura". Ella coincide. "Soy más independiente, socializo más. Sigo siendo callada, pero menos". Se forma a diario en Asodeco, asociación en la que aprende manualidades, computación, cocina y formación técnica. Espera conseguir trabajo más adelante.

"Yo ayudo al que puedo. Tenemos que ayudarnos", indica. En el Club Hiparión de El Hatillo, donde practica dos veces a la semana, fue homenajeada por su proeza. "Cuando me pusieron mis medallas me sentí muy feliz, porque son cosas que cuestan mucho esfuerzo. Sentí que lo logré".

El rayo de plata


Miguel Quirós se confundió. Llevándoles varios cuerpos de ventaja a todos sus contrincantes, se detuvo a celebrar prematuramente su victoria sobre una línea que aún no era la de la meta. Cuando se dio cuenta de que los demás seguían corriendo, supo que su remate tenía que ser agresivo, por no decir milagroso. "Mi entrenador me gritaba: ¡Apúrate, Miguel, apúrateee! Corrí como en las películas de Bruce Willis". Así fue como el corredor estrenó el medallero venezolano en estos juegos con una presea de plata en la carrera de 10k y una cinta de sexto lugar en los 5k. No son, ni de lejos, sus primeras medallas. En su casa, un aparador gigante alberga decenas de metales y condecoraciones que ha acumulado durante sus 41 años. También tiene fotos con los esposos Clinton y con Arnold Schwarzenegger, tras una invitación a la Casa Blanca como vocero global de las Olimpíadas Especiales.

Su pronóstico inicial no parecía tan luminoso. "Mi mamá lo llevó a un psiquiatra cuando era un chamo a ver qué era lo que tenía y el doctor le dijo que tenía una dificultad cognitiva de nivel medio a profundo. Que sus capacidades iban a ser muy limitadas. Que prácticamente iba a ser un jarrón chino", recuerda su hermano Edgar. A Miguel, que mostraba interés en los deportes, le ofrecieron un cupo en unos juegos especiales si deseaba representar al país en gimnasia olímpica, deporte que jamás había practicado. "En unos meses se preparó y volvió de la competencia con dos medallas de oro. Mi mamá se las llevó al psiquiatra y le dijo: 'Usted no sabe de lo que es capaz una madre. Esto lo ganó su jarrón chino".

Además de sus labores como auxiliar de oficina en Olimpíadas Especiales Venezuela, Quirós es conocido por ser el alma de la fiesta. En competencias deportivas ha representado al país en una cantidad insólita de deportes: caminata sobre nieve, bowling, natación, maratón, tenis de mesa, artes marciales. "También soy magallanero. Mi hermano es caraquista". ¿Y discuten mucho? "No, no peleamos. Nos respetamos".