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Talentos criollos en grandes empresas internacionales

Jennifer Villalobos: googleando desde Singapur

Jennifer Villalobos: googleando desde Singapur

Ellos llevan a cabo una carrera profesional en gigantes como Google, Disney  y Electronic Arts. Aquí la historia de cuatro connacionales que trabajaron para lograr su aspiración

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Jennifer Villalobos: googleando desde Singapur 

En 1997, Jennifer Villalobos egresaba como comunicadora social de la Universidad Central de Venezuela luego de defender una tesis cuyo objetivo era demostrar cómo el lenguaje multimedia impactaría la carrera del periodista. “No puedo dejar de sonreír pensando en lo arcaico que debe ser ese glosario hoy”, dice la profesional de 40 años de edad que ha vivido durante los últimos 15 años en Estados Unidos, Australia, México y Singapur.  

La hija de padres becados por la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho en los setenta, escogió Australia como primer destino luego de asistir a una charla en Caracas de la Universidad de Wollongong. Se especializó en Web Usability y Marketing, se casó con otro venezolano y tuvieron a su primer hijo. 

Mientras su pequeño estudiaba prekínder, Villalobos creó una empresa que ayudaba a clientes a mejorar su ranking en las búsquedas de Google, y los resultados fueron tan exitosos que la contactaron de la propia compañía para que desarrollara estrategias para optimizar las campañas de clientes grandes. “Luego de veinte entrevistas y dos exámenes, empecé en Google-Australia en febrero de 2006, el mismo día en que mi hijo comenzó el primer grado”, recuerda conmovida. En ese entonces, Google era un gigante, pero en Asia-Pacífico la presencia era minúscula. Villalobos cuenta que el equipo empezó con 7 empleados de ventas y 12 ingenieros para toda el área geográfica, y que la mujer tuvo un papel clave. “Me inspiraron varias mujeres con posiciones de poder que también eran madres y sostenían a sus familias”, dice.

Tras once años viviendo en Australia, se trasladó por un año a Google en México con su familia, donde trabajó como mánager de las cuentas de tecnología, gobierno, finanzas y local.

Guy Gibbs, uno de los mentores que tuvo en Australia, le invitó a formar parte del equipo regional que comenzaba a gestarse en Singapur. Se postuló y ganó el puesto de Innovation Lead. “A mi esposo e hijo casi les da un síncope porque apenas nos adaptábamos a México, y ahora nos regresábamos al Pacífico. Lo bueno es que aprecian y se interesan por las culturas asiáticas. Extrañaban un buen dim sum, un plato de pho y el sushi no occidentalizado”, bromea. Después de tanta movilidad, asegura manejarse bien con la adaptación. “Sé que en Asia hay mucha competitividad, pero también hay un respeto muy bonito por la familia y los niños”.

Su labor se centra en “educar, inspirar, negociar y posicionar a Google como el mejor aliado para trabajar en los medios digitales”. Dicha tarea no puede sino exigir un aprecio sincero por la compañía. “Aquí hay gente con historias increíbles. Desde una mujer que le salvó la vida a 450 personas en el tsunami de Japón hasta un chico de 22 años que ya desarrolla aplicaciones”, comenta emocionada, como si viviese en un sueño.

Valentina Capriles: tras la magia de Disney

Rendirse es una palabra que no figura en el vocabulario de Valentina Capriles. Esta diseñadora gráfica, de 33 años de edad, formada en Orlando, se postuló cinco veces de cinco maneras diferentes para entrar en Disney hasta que recibió la llamada que tanto esperaba con la invitación a entrevistarla. “Me decían que era imposible, pero si vives en Orlando y eres diseñador gráfico, lo mejor que puede pasarte es trabajar para Disney o Universal”, dice, todavía desde el asombro. 

Realizó una pasantía de un año en el Disney Institute –una empresa derivada de la gigante corporación que solo en Orlando cuenta con más de 60.000 empleados– encargada de asesorar a otras empresas grandes, como Ford y la NFL, sobre la fórmula Disney para gerenciar, innovar y atender al público. “Pasé dos semanas en un entrenamiento sobre cómo funcionaba todo. Los nombres de los cargos están relacionados al lenguaje del entretenimiento. Así que yo trabajaba como backstage, mientras que están los cast members, empleados que deben pasar por la Universidad Disney para formarse”, describe sobre lo riguroso que hay que ser para entretener.

Durante la pasantía, se encargó del diseño corporativo, que incluía presentaciones y material impreso. “Aprendí a trabajar con el lenguaje Disney. Hay personajes, por ejemplo, que no pueden combinarse en un mismo diseño”, indica. Debido a la experiencia acumulada, el Disney Institute la puso en contacto con el proyecto del parque de atracciones que pronto inaugurarán en Shanghái. “Necesitan mucho material de apoyo para poder abrir el parque. Así que han contratado a diferentes diseñadores alrededor del mundo que respondemos a esas solicitudes”, explica quien desde niña visitaba los parques y ahora, lejos de aburrirle, se declara más fanática. “La atención a los detalles que tienen es impresionante. Aunque te recuerdan constantemente que todo empezó con un ratón”, finaliza.

Luis Pages: maestría en 3D

No habría salido mejor si lo hubieran planeado, como reza el dicho. A Luis Pages, caraqueño de 32 años de edad, le tocó animar las cascadas del Salto Ángel para la película en 3D Avatar, dirigida por James Cameron. Lo irónico, cuenta, es que él nunca lo ha visto en persona, en cambio Cameron sí. “Pasaron seis meses tratando de resolver las cascadas sin éxito. Me lancé como voluntario, pues estaba trabajando en otra película, y me fajé durante cinco meses, hasta que el director vio las versiones y en una no supo si era el salto en la vida real o en la ficción. Ahí quedó”, cuenta Pages sobre la experiencia de trabajar como artista de efectos visuales para proyectos tan gigantes y exigentes como Avatar, Harry Potter y la orden del fénix, Las aventuras de Tintín y la más reciente de Alfonso Cuarón, Gravity, entre otros filmes.

El experto en animar partículas, fluidos, agua y destrucción que ha trabajado en el estudio neozelandés Weta Digital, cuyo fundador es Peter Jackson, no se graduó de ninguna universidad prestigiosa en el área. Pasó por varias instituciones en Venezuela sin hallar vocación, por lo que decidió probar suerte en Miami, donde repartió pizzas y lavó carros y platos. “Me metí en un curso de diseño de páginas web porque era lo más barato. Un día observé detrás de unas puertas de vidrio de un salón que dictaban un curso de animación 3D. Le pregunté a uno de los estudiantes al salir el nombre del programa. Llegué a casa a ver tutoriales y aprender. Pasaba noches enteras”, rememora el autodidacta que empezó a hacer animaciones para empresas farmacéuticas mientras que enviaba su portafolio a los grandes estudios. Hasta que lo llamaron. “Tendría unos 24 o 25 años cuando trabajé en La era del hielo 2. Recuerdo estar sentado en la recepción el primer día viendo pasar a gente que yo apreciaba mucho”, comenta quien ahora dirige una escuela en línea con estudiantes de más de 150 países. 

Ha pasado diez años trabajando para estudios grandes en países como Inglaterra, Singapur y Australia, en la mayoría con contacto cercano con los directores. “En Avatar conversaba con Cameron por teleconferencia todos los días. El éxito del proyecto está en que el director hable con el artista. Para mí ha sido un regalo poder intercambiar ideas con Peter Jackson o Alfonso Cuarón”, dice.

Su labor combina la programación de códigos con aspectos más artísticos como la iluminación, aunque le ha tocado ser más gerente que técnico en algunos filmes como John Carter.

Pages notó que en su escuela en línea ningún inscrito era venezolano, y luego vio un documental en el que mencionaban que los efectos visuales para las películas locales se encargaban a estudios en países como Argentina. Descontento y dispuesto a ayudar, regresó a Venezuela hace cuatro meses con el propósito de trabajar con el cine venezolano. “El efecto visual se ha convertido en un personaje más del cine. Volví porque me gustaría que los directores sacaran sus guiones de ciencia ficción o infantiles de la gaveta. Las ideas no se deben limitar”, concluye de manera entusiasta.

Jesús Delgado, en el paraíso de la FIFA con Electronic Arts

Un campus de una universidad. Esa es la descripción que Jesús Delgado, diseñador y editor de video de 35 años de edad hace de la sede de Electronic Arts, la compañía que fabrica el popular videojuego de FIFA, entre otros igual de famosos. Delgado recuerda que se quedó boquiabierto la primera vez que recorrió la sede en Vancouver que es su sitio de trabajo –y su patio de juegos– desde hace ocho años. Su oficina, cuenta, está tapizada con figurines de acción que le gusta coleccionar, y casi siempre lo acompaña su perra, excepto cuando debe ausentarse a cualquier hora de la jornada rutinaria para ir al gimnasio a practicar deportes como básquet, fútbol o voleibol. 

Esa vida de ensueño, que en principio luce como puro disfrute, es el balance para un trabajo que conlleva muchas presiones. Nada más que para el juego de FIFA hay entre 150 y 200 personas trabajando alrededor del mundo. “Cuando tenemos exposiciones como E3 y Games On, podemos pasar hasta dos semanas sin dormir preparando los tráilers y todas las animaciones de promoción”, explica Delgado, quien comenzó en la división de EA Sports como editor de video, y creció en habilidades hasta hacer gráficos en 3D y motion graphics para productos como Madden NFL y Need For Speed. 

Corría el año de 1998 y un amigo que recién regresaba de estudiar inglés en Vancouver le comentó que la ciudad estaba muy bien. Antes de replicar la experiencia, con apenas 21 años ya había estudiado Ingeniería de Sonido en el Taller de Arte Sonoro y se desempeñaba como editor de video para los dramáticos y otros programas de RCTV. “Tomé un curso de cinematografía digital en Vancouver y comencé a trabajar en un estudio que hacía videos para el Departamento de la Policía de Vancouver”, cuenta. Su gran ilusión, sin embargo, se hallaba en entrar en esa gran empresa que había creado muchos de los videojuegos que jugó junto a su hermano y sin cesar desde su Atari, Nintendo y demás consolas. “Ya había intentado entrar en dos ocasiones. A la tercera prueba envié mis papeles después de ver un aviso y quedé”, cuenta dichoso sobre el sueño cumplido.