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Shirley Varnagy, a contracorriente

Shirley Varnagy |Foto: Mauricio Villahermosa

Shirley Varnagy |Foto: Mauricio Villahermosa

La periodista ha entrevistado a funcionarios del gobierno y a políticos de la oposición en un ejercicio de audacia dentro de un país que se divide en dos mitades, a menudo intolerantes entre sí. Varnagy  es consciente de que nada entre aguas revueltas y está determinada a demostrar, con un nuevo programa en el prime time, que “jamás” hará preguntas complacientes

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El pasado 16 de septiembre, la periodista de 31 años Shirley Varnagy Bronfenmajer fijaba sin pestañear los ojos de un imponente azul celeste ante las cámaras de su nuevo programa de entrevistas de personalidad en Globovisión. Sin titubeos y con la letra estrictamente aprendida, comenzó la primera transmisión con un editorial en el que invitaba al televidente a “evaluar su dignidad como periodista” y explicaba que se quedaba en el canal, a pesar del cambio de dueños, porque “su forma de ejercer el periodismo no cambia en una u otra circunstancia”, para luego recalcar que “la mejor forma de defender los derechos es con diálogo y respeto”.


Durante la entrevista que transcurre en su casa, casi dos meses después de estrenado Shirley, pronuncia la palabra “respeto” más de quince veces en una hora. La frase “mientras el libreto sea mío, no abandonaré mi espacio” ya es un mantra que repite con voz apurada y sin cesar, como si intentase grabarlo en la mente de quienes la escuchan, y tal vez como un recordatorio personal del porqué ha decidido continuar con un proyecto que incluye a personajes del chavismo y de la oposición en un contexto polarizado.

Varnagy, de silueta frágil y delicada, controla cada momento de la sesión de fotos. Está atenta en cada pose, que parece haber ensayado por horas. Sostiene constantemente un pequeño espejo para retocar maquillaje y ha acomodado los atuendos con antelación. Se ríe muy poco. Es sobria y lo comunica todo con la mirada. Momentos después admite, con una dicción también meticulosa, lo evidente: que es perfeccionista y exigente consigo misma.

Se graduó de comunicadora summa cum laude en 2005 en la Universidad Católica Andrés Bello, se casó con apenas 24 años y es madre de un niño de bucles dorados desde hace 3 años. Su comedimiento recuerda al de la periodista Gladys Rodríguez, que decidió salir de Globovisión y a quien Varnagy agradece la tutoría recibida luego de laborar como productora para su programa de radio. “Tenemos una relación estupenda. Fue muy duro para mí que se fuera. El periodismo que hago y las cosas que he aprendido han sido en gran parte gracias a ella”, dice, en un instante de sincera vulnerabilidad. Para los que se han ido no es fácil, pero tampoco lo es para los que se quedan.

No hay pregunta prohibida. Cuando Shirley Varnagy era adolescente, le preguntaba a su abuela, sobreviviente del Holocausto, por qué ella y su abuelo habían acudido por voluntad propia a un campo de concentración en Hungría. La respuesta era que en la prensa promocionaban a esos lugares como sitios para surgir y salvarse. Atónita ante el daño causado, Varnagy encontró como propósito de vida dar a conocer la verdad de las cosas. “Estudié periodismo para no permanecer indiferente ante la injusticia”, afirma la orgullosa hebrea que creció en San Bernardino y es hija de un médico y una pintora. “Digo siempre que soy judía porque así visibilizo mi diferencia y educo para la tolerancia. Es decirle a la gente: ‘Soy diferente, pero me parezco a ti porque te respeto”.

Al candidato por la Alcaldía del municipio Libertador, Jorge Rodríguez, le preguntó por su padre asesinado; a “Rosita”, por la presión a hacerse cirugías para entrar en la televisión; a Diosa Canales por la relación con su padre evangélico, quien también es su mánager, y con Andrés Izarra se le escapó un cándido e indiscreto “yo me pregunto lo mismo” luego de que le preguntase por qué lo habían designado ministro de turismo. “Yo no tengo pregunta prohibida. Ese es el sostén de mi carrera. Ya se encargará el entrevistado de medir cuál es su respuesta”, señala tajantemente la que se ha entrenado con cada diálogo como una maestra de la sutileza. “Mi papel no es debatir con el invitado, es preguntar y repreguntar cuando es pertinente. Hay que saber manejar los tonos de una entrevista”, afirma, y esta tarea se complica al contar con solo media hora de espacio televisivo.

Esos treinta minutos entre las 8:30 y 9:00 de la noche, previos a la emisión del noticiario, le correspondían antes a una repetición de noticias de la cadena CNN. También era el segmento soñado por Varnagy, que condujo durante tres años el programa matutino Soluciones y ya había conversado con la directiva anterior, encabezada por Carlos Zuloaga, sobre desarrollar un nuevo formato, más atractivo para el horario estelar. “Fui cuidadosa de no quitarle el espacio a nadie. Cuando Norberto (Mazza) y Roberto (Giusti) renunciaron, me plantearon comenzar a las 8:00 de la noche, y dije que no”.

A la periodista le tocó asumir el prime time en un canal del mismo nombre, pero con nueva línea editorial. Fue cautelosa, sin embargo. “Soy una productora nacional independiente y yo misma elaboro la lista de entrevistados. Las conversaciones fueron claras y hasta ahora no me han impuesto ni echado para atrás a nadie. Si eso llegara a ocurrir, me voy”, advierte.

Asegura que el motivo por el cual los funcionarios aceptan darle una entrevista se debe por entero al trato respetuoso que ha tenido con ellos desde sus tiempos como productora. “Construí una agenda de contactos e inclusive hice que Rafael Isea y Sandra Oblitas fueran a Globovisión. Esto es un trabajo de años”, reitera quien comenzó como pasante en dicho canal y en la emisora Planeta 105.3, para luego ser reportera del programa Entre Noticias y la animadora “seria” de Enchúfate, en RCTV.

“¿Busca parecerse al programa de Ismael Cala?”, es la pregunta que puede ocurrírsele a algunos al ver que la lista de invitados de la política se alterna con personalidades de la farándula, la música o el deporte, como lo ha hecho con éxito el ancla de CNN. “No competimos en horario. Lo que sentía desde hace tiempo es que hacía falta en la televisión venezolana una periodista que hiciera entrevistas en profundidad a distintas fuentes”, aclara.

No desprestigia el trabajo de las animadoras, pero se ocupa de marcar la distancia. “No estoy en el programa para sonreír, sino para preguntar”, afirma la seguidora de Barbara Walters y Patricia Janiot. Recuerda con cariño cuando Eladio Lares le comentó sobre el contraste que causaba su dulce apariencia con la firmeza de su estilo periodístico. Durante su trabajo como reportera hizo coberturas electorales en La Vega y Petare, y aunque su presencia intimidaba al principio, en seguida se caían las barreras. “Solamente se trata de mirar a los ojos a la gente”,  asegura, y lo demuestra con los ojos clavados en su interlocutor, de nuevo, casi sin pestañear.

La entrevista
Más memorable: “La de monseñor Urosa. No soy católica y sentía más libertad para preguntarle sobre temas como el aborto y la homosexualidad”.
Más difícil: “Quizá la de Nelson Merentes. Debía demostrarle a la audiencia que seguía siendo la misma periodista”.
Más retadora: “Con Richard Páez quedé satisfecha porque me da mucho gusto cuando me queda bien una entrevista de una fuente que no manejo”.