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Salud: Cómo mejorar el aliento

Cepillarse con calma y ser constante con el hilo dental son algunas de las recomendaciones para evitar el mal aliento / Foto: Todo en domingo

Cepillarse con calma y ser constante con el hilo dental son algunas de las recomendaciones para evitar el mal aliento / Foto: Todo en domingo

Mantener a raya la halitosis implica hacer varios ajustes para moderar la proliferación de las bacterias en la boca, aunque también pueden requerirse otros cuidados. Estos son los más básicos

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Cepillarse con calma. Una higiene bucal apropiada es un proceso que toma un poco de tiempo, sobre todo si usa elementos de ortodoncia. No se cepille apresuradamente o sin método; recuerde que es importante barrer bien las superficies comenzando desde las encías hacia el filo de los dientes y que hay que cerciorarse de limpiar todas las facetas dentales. Ponga esmero en las muelas posteriores, donde con frecuencia el cepillado simple es insuficiente. Si le resulta imposible cepillarse después de comer, enjuagarse la boca con agua ayudará a eliminar parte de los residuos de alimentos.

Tomar suficiente agua. La falta de hidratación hace que la producción de saliva sea menor y que, por ende, las bacterias se instalen en la boca por más tiempo (si le cuesta acordarse de beber agua continuamente, en la Red existen numerosas aplicaciones que ofrecen recordatorios para hidratarse durante el día). No espere a tener sed para tomar líquido; lleve una botella de agua y asúmalo poco a poco como una costumbre.

Limpiar la lengua. Cuando no se asea regularmente, la lengua se convierte en una especie de alfombra que atrapa y retiene las bacterias. Puede limpiarla con un utensilio diseñado para tal fin o simplemente barrerla con suavidad sin llegar a provocar arcadas―con ayuda del cepillo.

Ser constante en el uso del hilo dental. Aunque el cepillo remueve muchos residuos, el hilo se ocupa de extraer casi todo lo que se aloja en los espacios interdentales: restos mínimos o poco visibles que, al descomponerse, suelen generar mal olor. Use el hilo por lo menos una vez al día para una limpieza más eficiente.

Utilizar enjuagues bucales. De ser posible, complemente la higiene con enjuagues bucales: sobre todo antes de dormir, para reducir a su mínima expresión la presencia de bacterias durante el sueño, cuando la producción de saliva también será menor. Tenga presente que el enjuagado básico es más o menos vigoroso y dura por lo menos 30 segundos.

Moderar el consumo de azúcar. Si bien masticar chicle contribuye a estimular la producción de saliva —un mecanismo ideal para combatir el mal aliento— escójalo sin azúcar. Otra opción es masticar hojas de menta o yerbabuena, o tomarlas en infusiones sin este tipo de edulcorante. La razón de limitar los azúcares es que son el alimento favorito de las bacterias; se convierten en ácidos que atacan el esmalte y aceleran la formación de placa.

Acudir al odontólogo. Recuerde que es indispensable hacerse una limpieza profunda con un profesional al menos una vez al año, pues hay ciertas formaciones de sarro que pueden escapar incluso a las rutinas más metódicas. A su vez, es una oportunidad para verificar la buena salud de las encías, descartar la presencia de caries y evaluar arreglos dentales que se hayan deteriorado, otras causas comunes de halitosis.

Fuentes consultadas: www.WebMD.com| www.mayoclinic.org | www.simplestepsdental.com

Consulta médica

En algunos casos, los cambios en el aliento derivan de condiciones de salud que quizás no hayan sido detectadas o que no son debidamente controladas, como sinusitis, diabetes, problemas renales, reflujo gastroesofágico, una dieta desequilibrada o incluso el consumo de ciertos medicamentos. Si el control odontológico y la mejoría general de las condiciones bucales no son suficientes es conveniente acudir a un médico internista para explorar y tratar otras posibles causas.