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Salud: Papás aislados

El uso de dispositivos electrónicos antes de dormir puede alterar el metabolismo | Foto El Mercurio

La conexión permanente con aparatos electrónicos tiende a sabotear el tiempo de calidad que los niños necesitan de sus padres. He aquí algunas razones y medidas para corregir este hábito

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Hace algunos años, los adultos solían indignarse cuando los niños se alienaban por completo con sus videojuegos portátiles: se quejaban de que los llevaban a todas partes, que los incomunicaban del resto del mundo y que tenían que aprender a controlar esta fascinación. Sin embargo, con el advenimiento de los teléfonos inteligentes, la ubicuidad de Internet, el boom de las redes sociales y la proliferación de la mensajería instantánea, los hijos también están elevando la queja —a veces silente— de que sus padres ya no les prestan suficiente atención.

A diferencia de generaciones anteriores, los niños de ahora no solo compiten con la lectura del periódico o el noticiero nocturno, sino con un bombardeo infinito de información que hace que los adultos se enreden buscando el equilibrio entre estar conectados con todo el mundo y mantenerse presentes para sus hijos.

Darle vuelta a la rueda del parque mientras se revisa el correo o responder mensajes durante una salida familiar son imágenes cada vez más frecuentes en áreas públicas. Jenny Radesky, madre de dos niños y pediatra especializada en desarrollo conductual en el Boston Medical Center, explica que distraerse con dispositivos electrónicos es una tendencia común entre los progenitores. En un pequeño estudio que publicó en la revista Pediatrics, sus investigadores observaron de lejos a 55 personas, usualmente padres, en su interacción con uno o más niños de distintas edades en restaurantes de comida rápida en Boston. De estos 55 adultos, 40 usaron un dispositivo en la mesa, y 16 de ellos prolongaron esta acción durante toda la comida. En el estudio, Radesky documenta varias situaciones en las que los niños necesitaron atención adulta y no la obtuvieron, así como algunos de los esfuerzos infantiles por hacerse escuchar sin éxito.

Si algo intriga a los expertos en desarrollo infantil es cómo los niños de esta generación interpretan este alto grado de distracción de los padres y cómo eso impacta en la adquisición de ciertas habilidades psicosociales, que generalmente se aprenden con contacto visual y comunicación directa. La empatía, la lectura del lenguaje facial y corporal, el aprendizaje de vocabulario y la corrección oportuna de hábitos inadecuados son algunos de los aspectos que podrían verse afectados por esta "presencia ausente" de los padres.

Usted tiene 75 mensajes. Para muchos adultos, la relación con la tecnología es de amor-odio. Algunos sobreviven, a regañadientes, en el hiperactivo grupo de WhatsApp de los papás del salón de sus hijos para enterarse de lo que pasa en el colegio (multiplíquense los grupos por la cantidad de niños y de actividades extracurriculares) o recurren a ofrecerles juegos electrónicos a los pequeños para mantenerlos ocupados en ciertas situaciones. Tampoco es infrecuente que familias completas estén totalmente concentradas en sus respectivos aparatos aun cuando compartan el mismo espacio.

Cuando estas conductas generan culpa o están erosionando la comunicación familiar, vale la pena llamarse a botón, sobre todo porque hay momentos preciosos de interacción y vinculación emocional que difícilmente pueden recuperarse cuando los hijos crecen.

Steve Silvestro, pediatra que enseña cursos de mindfulness para padres en la Universidad de Georgetown, invita en la revista Psychology Today a recordar que lo que sea que necesite ser revisado en el teléfono seguirá estando allí más tarde (chats, correos, noticias, publicaciones, etc.) y que para no sentirse desfasado es preferible fijar momentos específicos cada cierto número de horas para ponerse al día.

El experto indica que, si bien tener ratos de escape fijando la atención en otra cosa que no sea el trabajo o los niños —en este caso el celular— puede proveer un respiro mental que a veces es muy valioso, en otros casos solo representa poco más que la alimentación de una adicción. Por ello, recomienda a los padres tomarse un instante para evaluar cómo se sienten realmente después de interactuar con sus teléfonos o tabletas. "Si esos momentos le ayudan a sentirse mentalmente recargado y más capacitado para concentrarse en sus niños, puede decirse que vale la pena. Pero si la sensación residual es de vacío, ansiedad o tensión, muy probablemente puede tratarse de tiempo que puede invertir mejor jugando o conversando con sus hijos", afirma.

¡Papi, mira mi dibujo!

Fijar normas de uso de dispositivos electrónicos que sean valederas para toda la familia es una de las maneras más sencillas de limitar este hábito. Es importante reservar momentos clave de atención total como la hora de dormir, las comidas en la mesa, los ratos de juego de padres e hijos, el trayecto entre el colegio y la casa para conversar, etcétera. Si los niños tienen sus propios celulares, debe enseñárseles a apagarlos o silenciarlos a la hora de hacer sus tareas o de compartir en familia. Del mismo modo, padres e hijos también pueden habilitar momentos para comentar contenidos multimedia, de manera que estos no se conviertan en una fuente de alienación, sino de inclusión e intercambio.

Vetado en la mesa

Gail Saltz, profesora de psiquiatría del Hospital Presbiteriano de Nueva York, recalca en una entrevista para NBC News que compartir comidas en familia se ha asociado a una amplia variedad de beneficios (entre ellos, mejores notas escolares, menos riesgo de embarazo precoz y menores tasas de uso de drogas), pues es una oportunidad dorada para que la familia pueda comunicarse. Con base en esta idea, le preocupa que los hijos que constantemente ven a sus padres conectados a sus celulares en la mesa puedan sentirse ignorados, inseguros o indignos del tiempo parental. "Ver el teléfono durante una comida con tus hijos no es algo bueno", opina. Silenciar o apagar el aparato al sentarse a comer permite que esta interacción sea más eficiente. Los videojuegos y la televisión tampoco están invitados.