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Salud: Nutrición en pequeño

Alimentar sin redundar.

Alimentar sin redundar.

Ajustar la dieta de los niños al presupuesto y la disponibilidad actual de alimentos es una tarea difícil para muchos padres. Una experta enumera los sustitutos y los indispensables para su óptimo crecimiento

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“Hay seis grupos de alimentos que todo niño necesita: lácteos, frutas, vegetales, grasas, carbohidratos y proteínas, como carne, aves, pescado o cerdo”, explica la pediatra nutróloga Flor Elena Aznar.

A su juicio, dos vasos diarios de leche no deberían faltar, mientras que las frutas y vegetales que se le ofrecen pueden ser las que se consigan a mejor precio. “El niño debería consumir seis raciones de frutas al día, sobre todo en las meriendas. Un vaso de jugo natural o un cambur grande ya valen por dos raciones cada uno, por ejemplo. La fruta entera llena más”.

A falta de pasta, arroz y harinas, la experta sugiere echar mano de carbohidratos como la papa, el ñame, el apio, la yuca, la auyama y el plátano.

“Muchas mamás se desesperan porque no tienen pan o harina para hacerle un sándwich o una arepa, pero en su lugar podemos preparar pancitos de bono, cachapas, buñuelos de yuca, puré de papa o batata, torticas de auyama o de plátano. Algunas preparaciones pudieran ser fritas; en los niños, las frituras no están tan contraindicadas como pasa con los adultos, mientras no sean tan recurrentes”.

En cada comida infantil debe haber el equivalente a una cucharada mediana de grasas, bien en mantequilla, aguacate, aceite –preferiblemente de maíz o soya–, mayonesa y afines.

Alimentar sin redundar. Aznar señala que existen dos formas de malnutrición. La del niño muy flaquito porque come muy poco, y la del que desarrolla obesidad por consumir muchos más carbohidratos que el resto de los nutrientes.

“Hay mamás que sirven un plato de pasta con mayonesa y plátano porque saben que así el niño va a quedar lleno, pero eso no significa que esté bien alimentado”.

Explica que basta con que en el plato haya una sola representación de cada grupo alimenticio para que se cumpla su propósito nutricional, con lo cual las duplas de carbohidratos son innecesarias. Lo mismo pasa con las proteínas, básicas para el desarrollo muscular e intelectual del niño.

“En el pasado, la dieta del venezolano era hiperproteica: consumíamos muchas más de las requeridas en una sola comida, como esos desayunos con queso, huevo, jamón y un vaso de leche”. Basta con uno de estos alimentos para cubrir la necesidad proteica por comida de un niño, y cuando el bolsillo no da para tres raciones al día, con dos diarias pudiera ser suficiente, así sean de queso.

Si ninguna proteína de origen animal resulta accesible, combinar granos con cereales –pasta con caraotas, arroz con frijoles– aporta valiosos aminoácidos, de similar calidad a los de carnes, aves o pescados.

Siempre conviene evitar chucherías, helados, refrescos, bebidas con sabor a té o frutas, jugos artificiales, cereales muy azucarados y galletas rellenas, en favor de usar esos recursos en alimentos más nutritivos. “Hay algunos que en otro momento quizás no recomendaríamos, como el jamón endiablado o las cremas de queso para untar, pero tienen proteínas y pudieran cubrir ese aporte. Lo mismo pasa si no nos alcanza para comprar carne, pero sí mortadela, salchichas o huevos. Entre las proteínas animales, las sardinas frescas y las vísceras suelen ser más económicas y pueden quedar muy sabrosas cuando están bien preparadas”.

¿Y los suplementos?

La malnutrición se evidencia en los niños con piel y cabellos resecos, somnolencia, estancamiento en peso y talla y poca energía. “Un suplemento vitamínico puede funcionar hasta cierto punto si él no está consumiendo suficientes vegetales ni frutas, pero lo único que esos productos aportan son vitaminas y minerales. Con eso no cubrimos la carencia de proteínas, carbohidratos y grasas que de todos modos debemos proveerle en la alimentación”.