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Salud: Niños agradecidos

Un niño que lo ha tenido todo puede aprender a apreciar sus privilegios compartiendo gestos de solidaridad con otros / Foto: Mauricio Villahermosa

Un niño que lo ha tenido todo puede aprender a apreciar sus privilegios compartiendo gestos de solidaridad con otros / Foto: Mauricio Villahermosa

Saber inculcarles a los más pequeños cómo apreciar lo que tienen es una enseñanza que, sobre todo en estas fechas, vale su precio en oro. Claudia Pacífico, psicóloga infantil, explica cómo hacerlo

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Es natural que los padres deseen proveer siempre lo mejor para sus hijos, pero sin darles un marco básico de gratitud a todas esas satisfacciones, el resultado puede derivar en la arrogancia. Para los expertos en este tema, aprender a dar las gracias empieza por ver cómo y por qué los demás lo hacen. "Lo primero que hay que recordar es que los padres son el modelo inicial de los hijos. Si los papás son agradecidos y lo demuestran continuamente, lo más probable es que sus hijos tiendan a copiar eso", explica la psicóloga infantil Claudia Pacífico. "Enseñarles a dar las gracias debe ser una de las primeras normas de convivencia que aprendan. Eso abarca los pequeños y los grandes detalles. Si otros nos entregan algo o tienen un gesto amable con nosotros —así sea algo tan sencillo como cedernos el paso— decimos gracias".

Esta costumbre también debe emplearse en casa. "Uno puede empezar agradeciéndoles a los niños por ayudar a recoger sus juguetes o por poner la ropa sucia donde va". Aunque padres de la vieja escuela podrían alegar que reconocerles esto es innecesario —con la idea de que ser ordenado sería "un deber y no un favor"— la experta apunta que el mensaje de fondo es lo valioso. "Si se lo agradecemos, lo más probable es que en un momento dado el niño empiece a hacerlo espontáneamente más pronto que tarde, aunque sea para agradarnos. Ese refuerzo positivo forma parte de que aprenda lo que debe hacer sin que todo se convierta en una lucha y también ayuda a que vaya apreciando lo que los demás hacen por él", dice Pacífico.

¿Y mi regalo?

Se sabe que los pequeños suelen ser completamente honestos en sus aspiraciones. Un niño podría quejarse de que no recibió un obsequio de cumpleaños de parte de un primo o un amigo que asistió a su fiesta, por ejemplo. La especialista sugiere enseñarles a asumir desde temprano que el objetivo básico de una celebración (un cumpleaños, una cena navideña, una primera comunión, etc.) es compartir con los seres queridos, no recibir objetos. "Lo realmente valioso es que esas personas hayan reservado su tiempo para acompañarnos y pasarla bien con nosotros. Qué chévere que ese amiguito te quiera mucho y haya querido venir a jugar contigo en tu fiesta. Si trae regalos, es secundario", indica.

Otra técnica para enseñar la importancia de dar gracias es convertirla en un ritual nocturno, en el cual padres e hijos —antes de dormir— puedan compartir y agradecer las cosas positivas que les ocurrieron durante el día. La idea es que esa gratitud sea extensiva a los pequeños detalles: un favor espontáneo, un halago o un gesto amable también son dignos de agradecimiento. "Por añadidura, lo mismo aplica con lo material. Parte del proceso de inculcarles la gratitud consiste en que vean cómo agradecemos con el mismo afecto todo lo que nos dan. Así sea una florecita o un iPhone".

Tiempo de dar

Un niño que lo ha tenido todo puede aprender a apreciar sus privilegios compartiendo gestos de solidaridad con otros. "Muchas veces los papás tratan de usar la culpa quejándose de que el niño es un malagradecido porque deja la comida cuando en África hay quienes no tienen alimentos, por ejemplo. A veces es inevitable para los adultos no decir ese tipo de cosas, pero lo adecuado es transmitir el mensaje con acciones y no solo con palabras", señala la especialista Claudia Pacífico.

Esto se traduce en que el niño participe en iniciativas concretas, como involucrarlo en campañas para recolectar alimentos para personas menos favorecidas u ofrecerle donar en estas fechas los juguetes que ya no use para que otros puedan aprovecharlos. "No se trata de despojarlo arbitrariamente de las cosas que le gustan, sino de enseñarle que, a partir de ese gesto, ambas partes ganan algo".

"Lo quiero todo"

En tiempos de austeridad, el presupuesto del Niño Jesús puede haberse reducido notablemente. Por eso es importante sentarse con los hijos a redactar la carta, para que desde ese momento se les pueda explicar que es un poco difícil que puedan recibirlo todo si están pidiendo demasiado y ayudarlos a reajustar esas peticiones. "El Niño Jesús puede estar muy ocupado comprando regalos para muchísimos niños o, a lo mejor, puede que no los consiga todos. Parte del aprendizaje de vida es que uno no siempre obtiene lo que quiere, y como padres la Navidad no debería ser la primera ocasión en la que nuestros hijos se enfrenten con ese tipo de frustración", indica la psicóloga Pacífico.

Si el pequeño insiste en desbocarse en su solicitud, el Niño Jesús o San Nicolás podrían responderle y explicarle que harán lo posible, pero que no es seguro que lo obtengan todo. "De todos modos, lo ideal es que —antes de pedir— el niño empiece la carta dando las gracias por todas las cosas buenas que recibió este año. Los padres deben tener presente que todo momento que sea propicio para fomentar la gratitud debe ser aprovechado".