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Salud: Límites en pareja

Los límites entre las parejas son importantes

Los límites entre las parejas son importantes

La línea que separa el mundo personal del marital puede ser muy delgada. Para algunos es, de hecho, inexistente. Cristina Valarino, psicóloga y terapeuta de parejas, expone cómo manejar la privacidad entre dos

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Cada pareja es un mundo. Están las que lo comparten absolutamente todo —la contraseña de su correo electrónico, el acceso libre a su celular, la cuenta del banco, la puerta abierta del baño o toda la minuta diaria— y las que se sienten más cómodas conservando algunos espacios individuales, íntegramente privados. La personalidad, la crianza y las expectativas de cada uno intervienen en este acomodo. Llegar a acuerdos con ecuanimidad es la prescripción general para ahorrarse roces innecesarios. “Un límite básico, por ejemplo, sería no utilizar ningún objeto personal del otro sin su consentimiento”, explica la psicóloga y terapeuta de parejas Cristina Valarino.

¿Cómo manejar la situación cuando un miembro de la pareja es más reservado y el otro se ofende? “Que se ofenda. Cada uno tiene el derecho a su privacidad y debe defenderlo; no debe dejarse manipular con ‘estar ofendido”. A juicio de la especialista, el error más común al tratar de establecer sus límites es que uno o ambos pretendan controlar la vida y las acciones del otro. “Somos libres y se supone que también somos responsables al hacer pareja. En ocasiones el establecimiento de los límites puede ser muy cerrado y tiene que ver con personas que son muy celosas, inseguras o que han tenido experiencias de infidelidad. Lo peor es que muy probablemente ese riesgo de infidelidad pueda repetirse con otra pareja porque eso es lo que esa persona atrae si no cambia su manera de ver y manejar las cosas. Son situaciones que ameritan ayuda profesional”.

Valarino recalca que, en principio, una pareja debe tenerse confianza mutua. “De lo contrario, hay pérdida de emociones y de alegrías”. A su juicio, la desconfianza suele surgir cuando viene ocurriendo un distanciamiento y, aunque ambos se dan cuenta, dejan al azar el arreglo de la situación. “Cuando las personas están enamoradas, tienden a sentir mucha confianza  y la privacidad no es un motivo de perturbación”, indica. “Si hay alguna situación extraña —viajes inesperados donde no es posible ubicar al otro, uso compulsivo y aislado del celular, amistades íntimas atípicas, salidas repentinas sin motivo, etc.—, lo que se debe hacer es preguntarle directamente al otro, hablarle de lo que uno está viendo y de los sentimientos que eso origina. La solución no es convertirse en un detective o espía de la conducta”.

Curiosidad a prueba

Perder la confianza del otro por violar sus espacios arbitrariamente es una de las consecuencias, pero invadir la privacidad ajena también puede implicar otros riesgos. “Uno podría encontrarse con cosas insólitas. Tan duras y difíciles de manejar, que la consecuencia —a veces beneficiosa— sea salirse de la relación”, señala la psicóloga Cristina Valarino (www.espaciosintimos.com). “El que busca, encuentra. Somos humanos y cometemos errores, a veces controlados y a veces descabellados. En todo caso, es mejor no invadir la privacidad de los otros. Sería preferible hablar de lo que esté pasando, ser sinceros, comprenderse y decidir en qué estatus desean quedar en adelante. No hay que olvidar las equivocaciones de parte y parte que se pudieron cometer ni precipitarse a abandonar la relación sin buscar ayuda psicoterapéutica, habiendo podido salvarla”.