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Salud: Estreno en azul

El paso de la primaria al bachillerato es una etapa que se espera con sentimientos encontrados. Una psicóloga escolar explica cómo prepararse en familia y adaptarse con éxito

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Salir del ambiente cómodo y protegido de la primaria puede ser tan anhelado como intimidante. La psicóloga escolar Gladys García, del Colegio Santiago de León de Caracas, señala que desde todo punto de vista, el alumno tiende a asumirlo como un paso grande. "Aunque le entusiasme la idea, puede haber un pequeño duelo porque se deja atrás lo conocido. No solo es la transición simbólica de la camisa blanca a la azul, sino pasar de un sistema de evaluación cualitativo a uno cuantitativo al que no están acostumbrados". El cambio también implica afrontar el aumento en la cantidad de materias —unas doce o trece— que ahora son impartidas con profesores y métodos distintos, en ocasiones con cambios de grupo o incluso en un colegio nuevo.

"Los cambios grandes se ven como una crisis, pero hay que explicarles que las crisis son necesarias para crecer. A lo largo de nuestra vida nos vamos a enfrentar a muchas etapas sobre las que no sabemos nada: ir a la universidad, empezar a trabajar, casarnos, tener hijos, jubilarnos, etc.". Conversar para anticiparse al cambio puede atenuar la sensación de vulnerabilidad. "Es ideal que desde sexto grado el colegio les permita tener contacto con alumnos de primer año para que compartan experiencias. También es positivo que cada alumno aprenda a identificar cuáles son sus fortalezas y debilidades en distintos aspectos y vislumbrar poco a poco qué le gustaría hacer más adelante para que pueda prever dónde y cómo esforzarse más".

Ansiedad reducida. La aprensión a las llamadas "tres Marías" —física, química y matemática— es, con frecuencia, un temor aprendido. No es poco frecuente que los padres hayan tenido una experiencia difícil y les cuenten a los hijos lo traumático que les resultó. García sugiere tener presente que la historia parental no tiene por qué repetirse en la prole, que quizás tenga mayores aptitudes para esas materias. "En lugar de contaminar o preocupar a los hijos con temores propios, es más útil compartir con ellos cuáles eran nuestras asignaturas preferidas o qué estrategias nos funcionaron para superar los obstáculos". En caso de presentarse dificultades, aplicarse en aclarar las dudas a tiempo y apoyarse en círculos reducidos de estudio puede hacer la asignatura más llevadera.

Padres y maestros pueden asistir al alumno desde sexto grado a dominar nuevos y mejorados hábitos de estudio, controlar el estrés y organizar poco a poco el tiempo que se dedica al colegio, la recreación y las actividades extracurriculares, si las hay. "Ayuda mucho repasar el mismo día lo que se vio en clase para fijarlo mejor, lo cual facilitará luego el estudio para las evaluaciones. También hay que enseñarlos a tener noción de cuánto tiempo disponen para hacer sus trabajos a mediano y largo plazo para que no se les acumulen, así como ver en una cartelera o corcho qué resolvieron y qué les falta por entregar o estudiar", ilustra la experta. También es fundamental que, a pesar de que la exigencia sea mayor, puedan contar con momentos de relajación y esparcimiento.

Acompañamiento necesario

El paso al bachillerato plantea un mayor grado de exigencia académica que se combina con una mayor independencia. "Sin embargo, un error común es que los padres se desentiendan completamente del seguimiento escolar con la idea de que su hijo ya es grande. A final de año muchos se llevan una mala sorpresa", explica García. Que el joven haya pasado a otro ciclo no implica que enseguida tenga la madurez suficiente para manejarse solo. "Por eso es aconsejable que los padres sigan teniendo acceso a los planes de evaluación y puedan ayudarlos a organizarse, al menos durante los primeros meses. No hay que dejarlos completamente a la deriva: hay que encontrar un equilibrio entre cuándo confiarse y cuándo presionar".