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Salud: Cocina impecable

El problema de dejar platos sucios en el fregadero, o incluso platos limpios escurriendo, es que al apagar la luz los insectos pueden hacer de las suyas y contaminarlos | Foto: Archivo

El problema de dejar platos sucios en el fregadero, o incluso platos limpios escurriendo, es que al apagar la luz los insectos pueden hacer de las suyas y contaminarlos | Foto: Archivo

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Mariángel Paolini, química experta en ciencia de los alimentos y autora del blog Cocina Segura, ofrece algunos consejos para prevenir la proliferación de hongos y bacterias en este espacio

La seguridad alimentaria no solo está en juego cuando se prepara la comida; también influye el entorno en el que se disponen los alimentos. Mariángel Paolini, experta en este tema, señala que los microorganismos e insectos proliferan en ambientes húmedos, oscuros y cálidos. "Sobre todo en la cocina, lo que más abunda son residuos orgánicos que se descomponen rápidamente; por eso hay que estar atentos a la higiene". Para ello sugiere:

Asear la nevera. Es recomendable pasarle un pañito con una solución jabonosa cada 15 días a tramos y gavetas. También los productos recién llegados (cartones de jugo, envases de yogur, etc.) tienen que entrar limpios a la nevera. Los tubérculos y verduras deben estar bien secos antes de refrigerarse y los huevos pueden limpiarse con un paño húmedo antes de ocupar su espacio. Las sobras deben guardarse con su respectiva fecha, para tener noción de cuándo desecharlas.

Limpiar a profundidad los artefactos. Hay que asear a profundidad las jarras de la licuadora, las aspas de las batidoras, los abrelatas u otros utensilios después de usarlos. Si pueden desensamblarse, cada parte debe lavarse bien y dejarse secar antes de volver a armar y guardar. El fregadero y el microondas requieren asearse con agua y jabón luego de cada uso para remover cualquier residuo. "Si utilizamos una tapa especial para calentar la comida, también tenemos que lavarla cada vez", acota.

Dejar secar las esponjas. En lugar de condenarlas al remojo infinito, las esponjas deben lavarse bien con agua y jabón y dejarlas escurrir por completo, de ser posible al sol. Hay que cerciorarse de que no hayan retenido restos de alimentos. Una esponja usada con un olor distinto al original requiere limpieza. Si no tiene fibras metálicas, otro método de aseo es colocarla bien húmeda en un plato y calentarla en el microondas por un minuto.

Usar varios pañitos. "En una cocina limpia debe haber un paño exclusivo para secarse las manos después de cada lavado. Otro más, que yo llamo 'el guerrero', para limpiar derrames. Y aparte, uno o dos solo para secar platos. Eso evita secarse las manos con el mismo paño que absorbió el agüita del pollo o que los platos limpios se contaminen". Estas toallas deben sustituirse apenas denoten cambios de olor o signos visibles de suciedad. No deben guardarse húmedas ni dobladas después de cada empleo.

Dejar todo limpio y recogido. La experta aconseja que la cocina quede aseada al final de cada jornada. "El problema de dejar platos sucios en el fregadero, o incluso platos limpios escurriendo, es que al apagar la luz los insectos pueden hacer de las suyas y contaminarlos. Ojos que no ven, corazón que no siente, pero puede pasar. Para reducir ese riesgo, lo ideal es dejar todo limpio, seco y guardado para el día siguiente".