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Salud: Ataques de pánico

Ilustración: Alejandro Ovalles

Ilustración: Alejandro Ovalles

En un entorno cotidiano más hostil que relajante, no son pocos quienes manifiestan un terror súbito en momentos inesperados. La psiquiatra Eva Salas explica en qué consiste este trastorno y cómo manejarlo

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¿En qué consiste el trastorno de pánico y cómo se expresa?

Es un miedo intenso que aparece sin causa justificada de un momento a otro y que produce una serie de reacciones como sudoración excesiva, taquicardia, disnea (falta de aire) o hiperventilación, sensación de dolor precordial –que suele confundirse con un infarto en curso–, adormecimiento de manos y piernas, temblores, escalofríos, miedo a perder el control o la conciencia y sensación de desmayo o de muerte inminente.

¿Por qué ocurre?

"Las causas de este problema no son siempre psicológicas. Hay una serie de condiciones orgánicas que pueden influir también en su desarrollo, como problemas de la tiroides, hipertensión arterial, trastornos neuroquímicos, alteraciones renales y pulmonares", señala Salas. Es un fenómeno más frecuente en mujeres que en hombres y en muchos casos se asocia con vivencias traumáticas. "Si bien se suele hablar de una causa no justificada, últimamente vemos muchos casos de ataques de pánico asociados a experiencias previas con la inseguridad, sobre todo cuando la persona se siente expuesta a ciertas condiciones". En otros casos responde a estímulos como la oscuridad o las multitudes. También es más común en gente con altos niveles de ansiedad y tendencia a la depresión.

¿Por qué no lo controlan?

"Hay que entender que lo que otras personas pueden manejar, para un individuo con trastorno de pánico puede volverse súbitamente una amenaza abrumadora o incapacitante, que desencadena de forma involuntaria descargas neuroquímicas que le sugieren que está en peligro". Es por ello que distinguir lo inocuo de lo mortal y adoptar una actitud de autocontrol ante la situación se complican tanto en ese momento. En algunos casos, los ataques a repetición pueden provocar una fobia. Apenas empiezan a desplegarse conductas que alteren la rutina de algún modo a raíz de estos episodios, es momento de buscar ayuda psicológica para no cederle terreno al problema. "Incluso quienes no han llegado al pánico pero saben que siempre tienen niveles de ansiedad muy altos deberían tratarse de manera preventiva".

¿Cómo se trata?

Buscar apoyo profesional es básico, así como una evaluación médica para descartar posibles causas orgánicas que necesiten abordarse. "Al mismo tiempo, al paciente se le indica tratamiento farmacológico y se trabaja con terapia cognitiva conductual para enseñarle a reconocer a tiempo las primeras señales del ataque. Se indaga con ellos cuáles suelen ser los gatillos particulares que lo desencadenan y se les entrena para tratar de evitar que esa reacción escale, como asignarle un porcentaje de veracidad a lo que estamos pensando y sintiendo ante lo que realmente está pasando, y cómo relajarse. La idea es aprender a neutralizar ese elemento y a identificarlo como algo que ya no nos hace daño porque no se lo permitimos".

¿Cómo ayudar?

Lo primero que se debe hacer para asistir a una persona con un ataque de pánico es mantener la calma. "Es importante explicarle que no está ocurriendo nada realmente peligroso para su vida y que esa angustia se le va a pasar. Podemos tomarla de las manos y pedirle que respire al mismo ritmo que nosotros, que no debe ser demasiado profundo o rápido sino a un ritmo natural", explica la psiquiatra Eva Salas. Transmitir una imagen de autocontrol, ecuanimidad y protección puede servirle de referencia para tranquilizarse poco a poco.