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Sacerdotes fuera de serie

En 2002, Edduar Molina se convirtió en sacerdote. Una de sus primeras acciones fue fundar la parroquia Santa Catalina de Siena, en Mérida | Foto: Todo en Domingo

En 2002, Edduar Molina se convirtió en sacerdote. Una de sus primeras acciones fue fundar la parroquia Santa Catalina de Siena, en Mérida | Foto: Todo en Domingo

Eligieron el camino religioso y se involucran con sus comunidades mediante los recursos tecnológicos y humanos disponibles. Para ellos, hay más de una forma de servir a Dios y ayudar al prójimo

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Fraile 2.0

El anuncio de su ingreso a la vida religiosa fue un cisma en su familia. Por un lado, su madre y su hermana lo querían casado y con hijos; mientras su padre veía cómo se desvanecía la oportunidad de que alguien más contribuyera económicamente con el hogar. Pero Luis Antonio Salazar, marabino, de 30 años de edad, estaba seguro. Sin embargo, la decisión vino después de años de estudio, incluso en contra de lo que había visualizado para sí mismo: "No quería ser cura. Tenía mis planes de graduarme en Comunicación Social en la Universidad del Zulia; de hecho, en 2002 participé en el reality show Hasta el límite, en Venevisión, que era de supervivencia para chamos. Pero yo estaba en la Juventud Franciscana, conocí a los frailes y comencé a sentir que a mi vida le faltaba otra cosa. En 2003 asistí a una convivencia con los indígenas yukpas y allí supe que eso era lo que quería hacer".

Salazar ingresó en la orden de los capuchinos, estudió Teología en la UCAB y finalmente se ordenó como sacerdote hace dos años, convirtiéndose así en el primer fraile de Maracaibo en hacerlo. Desde hace un año es el capellán del hospital Ruiz y Páez de Ciudad Bolívar, donde celebra misas de sanación, visita a los enfermos y brinda aliento a los familiares que acuden a él en busca de una esperanza. El sacerdote tiene Instagram y Facebook y dice usar ambas plataformas para llevar la palabra de Dios a la mayor cantidad de personas posibles. "Por Instagram llegan chamos que quieren ser frailes y ahí los invito a participar en alguna convivencia. Las redes me han servido para evangelizar, para encontrar gente que se ofrece a ayudar. Hay una pareja mexicana que me ubicó por Facebook y me pidió ayuda para orientarlos en su situación. No te imaginas la cantidad de preguntas que tiene la gente relacionadas con Dios y la Iglesia".

Sobre su futuro en el mundo religioso, el fraile asegura que lo que más desea es estar involucrado en actividades que lo mantengan en contacto con la gente: "Mi familia paterna se burla de mí porque ellos sueñan con verme convertido en cardenal o en obispo, y lo que quiero más bien es ser un cura de pueblo. Eso de meterse en las casas a conversar con la gente, aprenderse los nombres de los que van a misa, esas cosas me llenan el alma".

En Instagram @flas7.0

Sacerdote multitasking

Hace 13 años el padre Pedro Guerra se ordenó en el ejercicio religioso.Desde hace 8 oficia las misas en la iglesia caraqueña San Juan Eudes, en El Marqués.Allí celebra misas de sanación y dicta talleres para parejas, padres, adolescentes y solteros. Conduce un programa de radio, ha editado 10 libros de forma independiente y ha grabado más de un centenar de CD con charlas motivacionales; además, atiende su cuenta de Twitter en la que cuenta con más de 14.000 seguidores. Su energía es la de quien encontró múltiples vías para emitir un mensaje: "Es un asunto de vocación, de hacer el bien. Impartir buenas costumbres, educar en el servicio, con mensajes profundos pero de manera sencilla. Me gusta escuchar a la gente". Aclara que donde quiera que va da a conocer su trabajo como sacerdote, pero sabe que no tiene la impronta rígida que muchas veces es asociada a esa labor:

"Quiero transmitir a las personas la necesidad de que vivan la existencia que quieran, sin superestructuras, sin esquemas. No sentir que la vida tiene que ser un modelo inflexible". Su día a día está lleno de proyectos, y su forma de desconectarse es escuchando música y viendo deportes.

En la actualidad dirige una casa-hogar en la población de Tejerías, donde son atendidas nueve personas de la tercera edad, aunque su expectativa es que ese número crezca en el corto plazo. El sacerdote considera que el descubrimiento de la verdadera vocación es la clave para poder ayudar a otros: "Creo mucho en la vocación. Invito a la gente a ser solidarios, pero por convicción, no por salir del paso".

En Twitter: @PPedroJose

El padre chocolatero

En 2002, Edduar Molina se convirtió en sacerdote.Una de sus primeras acciones fue fundar la parroquia Santa Catalina de Siena, en Mérida, su estado natal. Allí pudo palpar de cerca la realidad de una comunidad creyente, pero también con falta de oportunidades. En 2014 regresó a Venezuela, después de seis años de estudios en Europa, y fue ordenado párroco del pueblo merideño de Bailadores. Entonces comenzó a gestar una idea que traía de su estancia europea: la generación de un cambio social en la comunidad a través de un oficio. Su búsqueda coincidió con la propuesta del fundador de la Asociación Civil Trabajo y Persona, Alejandro Marius, quien llegó a Mérida con un proyecto para formar emprendedoras en bombonería: "El obispo pensó en mí, pero yo pensé que Alejandro se había equivocado porque en Bailadores no hay chocolate, hay hortalizas". Sin embargo, una vez definido el proyecto, el entusiasmo de Molina se materializó en cuñas de radio que invitaban a aprender el oficio y en ubicar, desde el púlpito, a posibles nuevas emprendedoras. El resultado fue un primer grupo de 25 mujeres que mercadean bombones elaborados por ellas, con cacao del Sur del Lago y sabores propios. En la parroquia funciona el laboratorio-escuela en el que se forman desde hace dos años mujeres no solo de la comunidad, sino de poblaciones cercanas que ven en el chocolate una oportunidad para mejorar sus vidas y las de sus familias. En lo inmediato, el sacerdote espera que la experiencia se replique en otras parroquias e integrar a los niños de las escuelas para que conozcan el poder transformador del chocolate. "Mi mensaje es que salgamos de nuestros círculos a conocer otras realidades, que como hombres y mujeres de bien nos preguntemos cuál es nuestra responsabilidad y nuestro aporte. La invitación es a creer en Venezuela".

En Twitter @PadreEdduar