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Fernando Rodríguez, artífice de Antojos Araguaney / Daniel Hernández

Fernando Rodríguez, artífice de Antojos Araguaney / Daniel Hernández

Lo que comenzó con una fábrica de quesos en Madrid hoy se extiende a una panadería, un asador de carnes y hasta una asociación de ayuda al recién llegado con espíritu emprendedor. El artífice de Antojos Araguaney en España, Fernando Rodríguez, revela las claves del éxito

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La memoria involuntaria, ese fragmento de la obra de Proust cuando el protagonista de En busca del tiempo perdido revive un episodio de la infancia después de darle un mordisco a una magdalena, es para Fernando Rodríguez una línea de negocio. Hace cuatro años, cuando este ingeniero en petróleo llegó a Madrid se propuso replicar los quesos con los que los venezolanos rellenan sus arepas: guayanés, telita, de mano y semiduro, de la categoría frescos o hilados, poco comunes en los supermercados españoles en donde, por el contrario, abundan los quesos "curados".

Si bien el know how le venía de familia pues su tío tenía casi un lustro probando que la osadía era posible con la fábrica La Pradera en Miami, en suelo castizo se le resistía la fórmula; pasó un año vertiendo litros de leche por el sumidero de su casa hasta conseguirlo: "Aprendí a hacer quesos en Santa Ana de Oriente en Venezuela, donde las bacterias son ambientales, lo que en Estados Unidos y en Europa está prohibido. Además, en España tampoco permiten trabajar con suero. Estas condiciones me llevaron a buscar una fábrica que me surte la leche cuajada con un Ph especial, luego le agrego unos fermentos químicos holandeses, esta mezcla la pasteurizo y cuando alcanza los 70 grados, la muevo como una sábana para que se enfríe rápido".

Antojos Araguaney es el nombre que legitima la aventura: "Llegué con 4.000 euros a Madrid, la licencia para la fábrica costaba 7.500 y la de sanidad 5.000. Entonces le comenté la idea a José Luis Marín, mi suegro, que estaba jubilado y disponía de 20.000 euros pero aun así nos faltaba dinero.

Comenzamos entonces un recorrido por varios bancos, pero cada vez que contábamos el proyecto nos decían: `¿Están locos? ¿Hacer más quesos en el país de los quesos?’ Por fortuna nos enteramos de la Ong Mita, dedicada a apoyar a inmigrantes emprendedores y nos propusieron ayudarnos a gestionar un microcrédito a través de AvalMadrid".

Alquilaron una nave y compraron una nevera y una mesa de acero inoxidable. El resultado: 30 kilos a la semana que metían en una carretilla y los llevaban hasta las puertas de las empresas que más coterráneos tienen en sus plantillas. No obstante, tardó que la idea resultara rentable: "Después de dos años ganábamos un sueldo de 300 euros cada uno y justo cuando llegamos a 1.000 despidieron a mi esposa de su empresa. Entonces lo tomamos como una señal de que nos teníamos que asociar y trabajar juntos; hoy puedo decir que sin su apoyo hubiésemos tirado la toalla". En 2011, la Unión de profesionales de trabajadores autónomos con la comunidad y el Ministerio de seguridad social nombraron a Rodríguez "Inmigrante emprendedor de éxito". Hoy salen quesos desde un polígono a las afueras de Madrid a más de 45 puntos en España y a ciudades como Viena, París, Roma, Londres, Manchester, Oporto y Lisboa.

Al éxito se ha sumado la ampliación del catálogo: "El queso solo no resulta tan rentable, por eso hemos buscado fórmulas para vender más kilos. Lo primero fue hacer tequeños y cuando nos decidimos casualmente conocimos a Nujavi Ramírez, la creadora de Tequechoco en Caracas, que se había venido a vivir a España. Le propusimos que se uniera a nuestra fábrica, al año ella se fue a emprender otro negocio y le compramos la fórmula".

Actualmente cientos de metros de masa se estiran en un cortador de pasta y luego se enrollan ­a mano pero a velocidad industrial­, alcanzando en promedio 3.000 unidades al día, que recientemente se pueden degustar en 37 nuevos puntos, pues Peggy’s Sue, una de las cadenas de hamburguesas más grandes de la ciudad, los incluye en su carta bajo el nombre de tequesos. El precio de la ración: 4,95 euros.

Sobre esta alianza Rodríguez, otrora animador de fiestas, apunta: "Me ha dado la oportunidad de crecer, pasé de tener dos a ocho personas dedicadas únicamente a hacer tequeños. Además he conseguido la visibilidad necesaria para que me contacten grandes cadenas de restauración y de catering. De hecho, ojalá los tequeños lleguen a las grandes celebraciones en España y, tal como ocurre en Venezuela, algún día no haya fiesta sin tequeños".

Y con la intención de vender más queso se propusieron también hacer cachapas. Rodríguez cuenta el I+D: "En España el maíz se les da a los animales, por eso el que conseguíamos resultaba muy tierno y al molerlo no tenía la textura necesaria. Probamos con una decena de variedades, pasamos siete meses en eso, hasta que dimos con un proveedor de Portugal que debe estar feliz porque, en cuanto supimos que funcionaba, decidimos comprarle todo lo que produce". La mezcla la vierten en planchas calientes dos trabajadores en una coreografía perfectamente coordinada para cocer y luego empacar al vacío 1.300 unidades cada vez. "Tenemos cocineros venezolanos que nos compran una versión en tamaño pequeño para ofrecerlas a manera de `tapa’ en sus restaurantes, incluso algunos hasta se han animado a incluir platos venezolanos, elaborados con nuestras cachapas", cuenta el empresario mientras degusta una versión de sus tequeños rellenos de conserva de guayaba y queso crema.

En 2011 se sintió preparado para completar un sueño que gestó en Miami: "Recuerdo que visité en un mismo día El Rey de la Empanadas, Don Pan y El Arepazo, y me dije que quería montar un lugar en Madrid que tuviese lo mejor de estos tres sitios". Entonces abrió Antojos Araguaney Gourmet, un comedero en el que se lucen las empanadas extra grandes, las arepas y los cachitos. "Quería que las empanadas fuesen exactas a las de Venezuela ­así, abombaditas­ y lo conseguimos con una receta de mi esposa. El resto de lo que ofrecemos fue el resultado de pruebas que hicimos fusionando nuestras recetas familiares con las que han subido otros cocineros a Internet". También brillan la torta tres leches, las reinas pepeadas y los jugos naturales.

Esta mezcla de conceptos la instaló en una zona que es toda una declaración de intenciones para el público cautivo: Las Tablas, sede de las empresas con más venezolanos en sus nóminas y en la que calcula trabajan y viven aproximadamente 4.000 posibles nostálgicos de los sabores que gesta cada día. "Es además el punto que más vende mis productos empacados, pues si bien hay gente que va sólo los domingos a comerse una empanada, una vez allí decide, por ejemplo, llevarse un paquete de tequeños congelados o unas cachapas para luego comer en casa". El éxito lo revelan las colas que se forman el fin de semana a sus puertas: "Tienen que esperar porque hacemos las empanadas y las arepas al momento, ¡a nadie le gusta comerlas recalentadas!" Su primera Navidad confirmó su olfato para los negocios: "Contraté a mi mamá para que hiciera hallacas y vendimos casi 5.000 ese mes y sólo el 24 de diciembre se llevaron 1.500 panes de jamón".

Pero Rodríguez aún sentía que le faltaba una pieza más para completar lo que llama su "ecosistema empresarial" y hace tres meses se aventuró en otro proyecto: un restaurante de carnes. "Me inspiré en el Maute Grill, el Belle Vue y El Alazán para Antojos Araguaney Grill", un comedero que a partir del mediodía tiene a Gualberto Ibarreto y Serenata Guayanesa en el hilo musical, así como punta trasera, hallaquitas, ensalada de palmito con aguacate y arepas con nata como grandes estrellas de la carta. Y si bien la carne (angus, que trae desde Irlanda) no para de llevarse lauros, su éxito reside en buena medida en su ubicación: a pocos metros del consulado de Venezuela en Madrid.

Una de las primeras sorpresas que se ha llevado con su último emprendimiento ha sido la respuesta del público español: "pensé que mis clientes serían en su mayoría venezolanos y he terminado teniendo 50% de españoles que vienen en principio atraídos por la carne, pero luego se quedan encantados con las arepitas, la yuca y la nata".

Y otro giro inesperado: el espaldarazo de la crítica local. Tres de los periodistas gastronómicos más influyentes le han dado el visto bueno, lo que ha traído el natural incremento de las reservas.

"Puedo decir que lo han dicho porque lo han querido, pues no tengo una agencia de comunicación detrás".

Entre llamadas, mensajes, consultas de otros restauradores sobre proveedores y personal, degustación de platos y estrechones de mano a sus clientes, este treinteañero hace un balance que lo obliga a ser optimista: En cuatro años creó tres empresas que emplean a 27 personas, en su mayoría venezolanos, entre los que se cuentan amigos, familia y hasta uno de sus maestros del colegio. "Lo que hago es trabajo artesanal y justamente lo más costoso en España es la mano de obra, por las cargas de seguridad social. Eso me obliga a asumir muchas funciones (me siento como el portugués que llegó a Venezuela) y eso ha redundado en que comparta con mi familia apenas dos horas cada día, pero estamos en crisis y es el momento de aprovechar las oportunidades".

De este modo, confía en que su ejemplo sirva de hoja de ruta para el que llegue a España con ganas de ser su propio jefe: "Los venezolanos llegan a consultarme porque quieren armar negocios y justamente estoy creando una asociación dedicada a ayudar a encaminar sus proyectos, pero mi consejo a priori es que se lancen pues si bien es verdad que somos emprendedores naturales, no nos gusta arriesgarnos demasiado.

Y otra cosa: cuando tengan una idea, no escuchen al español, pues suele ser bastante pesimista".