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Rodolfo Agrella: Diseño con significado

Rodolfo Agrella

Rodolfo Agrella es un arquitecto venezolano que con talento y tenacidad se ha labrado un lugar en el mundo del diseño internacional.  Recientemente se hizo acreedor del German Design Award por una de sus piezas y aquí cuenta su ferviente necesidad de rodearse y crear objetos estéticamente impecables y  funcionales

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Rodolfo Agrella es un hombre hilarante. Detrás de toda la intelectualidad, cultura y gusto que podrían distinguir a una figura de su talante (arquitecto egresado de la Universidad Central de Venezuela con estudios en el Politécnico de Milán, diseñador de su propia firma y de la empresa alemana Koziol), hay un tipo de verbo fácil que sabe balancearse entre el buen humor y la seriedad. Con la misma desenvoltura con la que parafrasea al diseñador Bruno Munari, cuenta cómo “con una mano adelante y otra atrás” llegó al Salón Satellite, uno de los eventos más importantes del diseño mundial.  La honestidad y la risa parecen ser su estandarte, además del talento.

Con apenas 30 años de edad, Agrella ha logrado el sueño de muchos designers, no solo al ejecutar la producción en serie de varios objetos utilitarios, sino también al integrarse al equipo de diseñadores de una de las firmas más reconocidas en el rubro y llevarlos a ganar un premio que sintetiza el logro de altos estándares de belleza y funcionalidad. 

 

El niño de la ópera

Si bien fue criado en la ciudad de Valencia, Caracas representó una fuerte influencia desde su infancia, tanto para él como para toda su familia: “Éramos los bichos raros porque siempre íbamos a Caracas los fines de semana. En un principio, mi mamá se iba a Caracas solo a hacer mercado. ¡Desde Valencia! Íbamos a la Galería de Arte Nacional, al teatro, a los ciclos de ópera. Siempre hubo una relación con la movida cultural caraqueña. Así que cuando llegábamos el lunes al colegio y nos preguntaban qué habíamos hecho, yo decía que había ido a la ópera”, cuenta divertido.

De esa estrecha relación con Caracas surgió el deseo del futuro arquitecto de estudiar la carrera en la UCV, de donde además de graduarse, obtuvo una serie de aprendizajes académicos y personales que le servirían para su próxima parada: Milán. “Allí tuve mi primer contacto académico con personas de otras culturas y tuve la oportunidad de darme cuenta de lo privilegiados que somos de estudiar en la Universidad Central. Nuestro nivel es altísimo, y la variedad cultural es amplia y un hecho cotidiano. Cuando te encuentras con italianos, alemanes, les hablas de tu universidad y de la experiencia de formar parte de un sistema social, ves que no tiene nada que ver con ellos. En Milán creían que estaba adelantado porque venía con un alto nivel de conocimientos”.

Sin embargo, la arquitectura, si bien sería su carrera e influencia principal, no le estaba proveyendo la satisfacción que esperaba encontrar, sobre todo porque su deseo de influenciar a través de su trabajo requiere de tiempo que él mismo no estaba dispuesto a esperar: “Comencé en diseño de manera muy orgánica. No se requería tanto tiempo ni un equipo tan grande. Cuando diseño un objeto tengo una influencia mayor en quien lo usa que con la arquitectura”.

 

Un Salón que da buena suerte

En 2011, Agrella participó por primera vez en el Salón Satellite, el evento de diseño inmobiliario más importante a escala global para los diseñadores emergentes, que a su vez está  organizado por la venezolana Marva Griffin. De ahí surgió el primer contacto para lo que posteriormente sería el desarrollo de su primer producto con la firma Koziol.

Sobre este momento, guarda una anécdota: “Esa primera participación en el Salón marcó mi vida. Yo fui solo y te toca enfrentarte con tu stand a personas de otros países. Llegué con una mano adelante y otra atrás, y resulta que todos los participantes estamos en la misma situación. La primera persona que se me acercó vio mis paletas de servicio hechas en acero y me dijo: ‘Yo quiero eso, pero en plástico’. Y yo, que no sabía quién era, le dije: ‘¿Y tú tienes una fábrica de plástico? Porque yo no tengo”. Esa persona era Stephan Koziol. ¡El presidente de Koziol!”, cuenta sonriente.

Koziol es una de las firmas de inyección de plástico más reconocidas internacionalmente y con la que después de tres años de labor y pruebas desarrollaría Shadow, un set de servicio y ensaladera inspirados en las sombras generadas por la vegetación tropical. La línea de productos fue lanzada mundialmente en febrero de 2014 y hace pocas semanas Agrella fue notificado de su mención especial en los German Design Awards por este diseño: “Al diseño venezolano le roncan los motores. Los brasileños han hecho mucha bulla y nosotros perfectamente podemos compararnos con ellos, pero tenemos que estar seguros de nuestro talento, y la misma industria venezolana tiene que apoyarnos. Apoyar lo nuestro es una forma de construir país y para eso no hacen falta premios”.

El creativo también ha desarrollado otros productos que, casualmente, tienen que ver con el consumo de alimentos y que, además, influencian al usuario: Matea, por ejemplo, es un set de paletas que tienen palabras en alfabeto braille en su superficie. Mientras que Serie C|Vajilla es un servicio de seis piezas en las que se demarcan gráficamente la ubicación de los cubiertos al terminar de comer, en una reinterpretación del Manual de Carreño.

Después de dos participaciones en el Salón Satellite, varios productos de diseño desarrollados y un premio reciente, Agrella se encuentra trabajando en nuevos proyectos de los que si bien no puede revelar mucho, lo mantendrán viajando constantemente: “Tengo proyectos en todas partes y me siento como pez en el agua. Me tocó andar por el mundo haciendo mi trabajo en aras de dejar el nombre del país en alto”.

 

El diseño como necesidad

Si bien absorbe referencias multidisciplinarias para desarrollar su trabajo, son los colores y formas propias de la naturaleza de estas latitudes los que le aportan mayor inspiración. Sin embargo, su metodología de trabajo es más estoica que bohemia: “Soy muy estructurado, obsesivo. Me nutro del trópico para inspirarme, pero en términos de procesos tengo un cronograma. Hay que trabajar así sea haciendo rayas, de esa forma te das cuenta de que lo que iba a ser una lámpara termina siendo un sofá”.

Tiene claro que en su caso, su pasión y propósito de vida están alineados y apuntan en la misma dirección: hacer un aporte a la sociedad desde lo que mejor sabe hacer: “Tengo tatuada la palabra venustas que significa ‘lo bello’. Para mí, es un recordatorio de que vine a generar objetos bellos que puedan transformar la percepción del mundo, generar cambios. En cada producto que me propongo, soluciono un problema, pero de una manera bella. Hay que educar a la gente a que el diseño no es un lujo, es una cosa necesaria. Debemos estar rodeados de cosas bellas, funcionales, prácticas”.

 

Profesión: designer

Sobre el cuestionamiento acerca de si es un arquitecto prestado al mundo del diseño, o un diseñador con conceptos fuertemente arraigados en la arquitectura, Rodolfo Agrella aprovecha la ocasión para explicarse: “Primero soy arquitecto. Estudié en la facultad, tengo mi título. Pero tengo años tratando de hacer entender que uno es un designer, y que a pesar de que sea un vocablo en inglés, es importante entenderlo en su totalidad. Gio Ponti era arquitecto, pero también era un designer. Él no solo hizo un espacio como Villa El Cerrito, sino que también diseñó todo lo que hay allí. Yo estoy poco a poco impulsando ese término. El diseñador soluciona problemas y trabaja en masa”.

 

Piense rápido

Un ritual diario: Agradecer.

Recorrería muchos kilómetros para…: comer chocolate de Choroní.

Una obra de arte que lo haya impactado: Un Miró que está en el museo Pompidou. Cuando lo vi por primera vez me puse a llorar.

¿Qué hace para desconectarse? Reírme. Me río muchísimo.

Un autor al que recurra una y otra vez: Bruno Munari.

Una premisa que no admite cambios: Si no te hace feliz, no lo hagas.

¿En qué improvisa? Procuro no hacerlo. Aunque cuando llego a la casa y hay cuatro cosas en la nevera, improviso.