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Relevo sobre las tablas

Foto: Mauricio Villahermosa

Foto: Mauricio Villahermosa

Una nueva generación suma su voz al teatro, a través de historias que buscan más que entretener al público. Aquí cuatro jóvenes talentos comparten su anecdotario en la dirección, faceta que les resulta apasionante

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Detrás de los retos

"Si usted necesita que lo ayude en algo del montaje, estoy dispuesto a trabajar y a aprender", se aventuró a proponer Pedro Borgo a su profesor, el actor y director, Héctor Manrique. Ocurrió en los ensayos del remontaje de El día que me quieras que realizó el Grupo Actoral 80, en el que cursaba talleres de actuación.

Casi un año después y luego de realizar varios trabajos juntos, precisamente su mentor le enviaría un mensaje avisándole sobre su inclusión en los créditos de dirección en la obra Sangre en el diván, pieza basada en el best seller de Ibéyise Pacheco. "Él (Héctor) estaba siempre en escena y necesitaba de alguien que fuera sus ojos y que hiciera propuestas, a las que siempre está abierto. El primer día me dijo: ´No tengas miedo, propón lo que quieras. Ver mi nombre al lado del suyo es una gran responsabilidad, una mezcla de emoción y nervios".

Borgo realizó estudios de Diseño Gráfico llevado por el interés hacia la imagen, la fotografía, los colores y las composiciones. Después comenzó en la Escuela de Artes en la Universidad Central de Venezuela y luego se anotó en los talleres del Grupo Actoral 80 cuyo trabajo admira desde que vio sus montajes en el Festival de Teatro Internacional de Caracas, realizado en 2012.

Su propuesta para la primera edición del Festival de Jóvenes Directores del Trasnocho Cultural fue Historia de zoológico, que trata sobre dos personajes supuestamente distintos que luego de una profunda conversación en un parque descubren que comparten las mismas carencias, frustraciones y aspiraciones. Este año, su montaje La escala humana, pieza argentina que narra la historia de una familia disfuncional, resultó ganadora en dicho festival. "El texto me pareció, como joven director, un reto. Si leo la obra y me parece complicada no puedo sacármela de la cabeza hasta que trato de resolverla de alguna manera. En el caso de Historia de zoológico eran solo dos actores con un banco, no había nada para jugar; con La escala humana es una locura total, es una historia en un garaje y las situaciones que cada vez se ponen peor para los personajes. Me ha quedado un poco más claro que necesito aprender a retarme y resolver esos problemas", asegura el joven de 24 años de edad.

Luego de la última temporada de Sangre en el diván, a finales de marzo, asistirá a la directora Diana Volpe en un montaje para el Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense, que realiza La Caja de Fósforos a mediados de año. También busca ideas para próximas obras, en especial aquellas con un mensaje para el espectador. "Como parte de esta generación de relevo quisiera aportar más riesgo, generar cambios, al igual que hicieron nuestros mentores en sus tiempos, deseo que podamos dar esa visión de algo nuevo. Sacudir, sorprender".

En Twitter: @pecborgo

De la ingeniería al teatro

Después de cursar tres semestres de Ingeniería de Sistemas en la Universidad de los Andes, Jonell Páez decidió indagar en la movida teatral en el interior del país para formarse en algún taller de actuación. Le había tomado un cierto gusto luego de participar en varias obras colegiales y de hacer teatro como materia extracurricular en la secundaria. "No había muchas opciones, en cambio en Caracas había decenas de talleres y escuelas. En la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, en Altamira, cursé tres talleres consecutivos con el profesor Noel de la Cruz, quien me invitó a participar en varios montajes, incluyendo obras infantiles", recuerda el joven de 26 años de edad, que actualmente estudia danza contemporánea en la Universidad Nacional Experimental de las Artes.

Diversos trabajos con los profesores Costa Palamides y Diana Volpe le confirmaron que su destino estaba sobre las tablas. Realizó una primera asistencia a la dirección con Volpe en La enfermedad de la juventud, y luego colaboró con Orlando Arocha en 8 rubias platinadas. "La dirección me gusta mucho, te permite participar en todas las áreas: coreografía, escenografía, vestuario, diseño; el espectro creativo crece y hay que cuidar muchos detalles. El director es el timón que debe guiar el barco, por lo que se debe tener mucha seguridad y todo organizado, prever lo que pueda pasar. De mis grandes maestros aprendí que no se puede improvisar, hay que llegar con la obra armada en la cabeza, desde el primer ensayo".

Páez participó en la segunda edición del Festival de Jóvenes Directores recientemente realizado en el Trasnocho Cultural, con la obra La vida es sueño, tragicomedia del teatro clásico barroco, escrita en verso. La historia originalmente transcurre en Polonia, aunque el director se inspiró en algunas de las civilizaciones antiguas más cercanas para luego crear una simbiosis en el maquillaje y vestuario. "Me falta mucho camino para determinar lo que me gusta o no, pero si hay algo que procuro en mis montajes es utilizar la menor cantidad de escenografía. Me gusta trabajar con la libertad del actor, que se sienta libre y dejar que sea él quien llene el espacio sin necesidad de más nada, solo texto. Además, me agrada la onda ecológica, por eso trabajo con material de reciclaje". De ahí el concepto orgánico y amigable con el ambiente que impulsa desde su grupo Akan Tribu Teatral, con el que en 2012 trabajó su primera obra Detrás de la avenida. La casa del sí, que presentó en el Festival Contemporáneo de Caracas, y Yo nunca son otras de sus piezas teatrales.

Admira el trabajo del director venezolano Juan José Martín, a quien próximamente asistirá en un montaje; además, sigue de cerca la obra de Costa Palamides, Orlando Arocha y Julio Bouley. También prevé participar en el Festival de Teatro de Autor dedicado a obras infantiles y juveniles, que se realizará a mediados de este año. "Incluso ahora no me siento únicamente director. Sigo actuando, estudiando danza y formándome porque trato de ser integral. Y así debería ser en todos los oficios. Pienso que el mundo sería más fácil si todos estuvieran vinculados a las artes de alguna manera".

En Twitter: @jonellpaez

Apoyo al talento

Las obras La escala humana y Los amantes inconstantes, dirigidas por Pedro Borgo y Fernando Azpúrua, respectivamente, resultaron ganadoras en la segunda edición del Festival de Jóvenes Directores, impulsado por Trasnocho Cultural para talentos hasta los 30 años de edad. La convocatoria empezó con 32 piezas, de las cuales 6 fueron finalistas. Ambas obras se presentarán en el Espacio Plural del Trasnocho, y en la sala La Viga del Centro Cultural Chacao. La programación se puede consultar en Twitter @trasnochocult y en www.centroculturalchacao.com

Pasión y formación

Tenía apenas 16 años de edad cuando Lissy García asistía en la dirección al actor, escritor y director del grupo Skena, Basilio Álvarez. Desde los 5 practicaba danza y a los 13 comenzó a acudir a los talleres de esa agrupación. También se formó en varios cursos en el Trasnocho Cultural. Luego de actuar en Ser o no ser: Shakespeares apasionados, Álvarez la llamó para que lo asistiera en la dirección de la obra infantil Belinda lava lindo. "Me gustaba ver cómo Basilio iba creando todo, y hacía que los actores lo entendieran. Requieres de una visión general de la obra, pero a la vez una específica de todo lo que pasa: si se utiliza un plato es saber cómo es ese objeto, de qué color, qué material, dónde ubicarlo". De otro de sus mentores, el actor y director del Grupo Actoral 80, Héctor Manrique, le quedó grabada la frase: "Un director es un creador de climas de trabajo", aspecto en el que enfatiza cada vez que dirige un montaje. En su formación también ha influido la obra de Giovanni García, de Tumbarrancho Teatro, a quien al igual que a sus maestros consulta sobre los montajes y los convoca para la crítica constructiva.

La primera dirección de García fue en la obra infantil de su autoría El sereno secreto, que alude a la generación de niños ensimismados en los aparatos tecnológicos que han perdido la capacidad para disfrutar de los juegos al aire libre.

El año pasado participó en el Festival de Jóvenes Directores, en el Trasnocho, con la obra Juanita Claxton, que al igual que el montaje de esta segunda edición, Gorditas, es original del venezolano Gustavo Ott. "Me interesa mucho su dramaturgia porque toca temas muy humanos, va más hacia las personas, lo que somos y lo que hacemos. Gorditas precisamente es un espejo de lo que somos como sociedad. Creo que nuestro talón de Aquiles es la vanidad tanto en el físico como en lo que hacemos, y esta obra muestra eso, cómo tratas al que tienes al lado sin importarte lo que tiene que decir, simplemente se juzga por su físico", agrega.

En la actualidad, García culmina en la Universidad Central de Venezuela la carrera de Arquitectura, profesión que al igual que la dirección teatral requiere reparar minuciosamente en los detalles; también le facilita herramientas para la realización de las escenografías, de las cuales suele encargarse en cada una de susproducciones.

Impartir talleres, en especial para niños, es su pasión. Dirige clases de actuación y montaje para padres y profesores del Colegio Champagnat, en Caracas, en un grupo que integra a personas con edades desde los 30 años hasta los 70. También trabaja en la agrupación Cuarta Pared, con piezas para empresas como ¿Quién es el jefe?, comedia que escribió y en la que actúa. A mediados de este año estrenará la obra infantil El ático de Alicia, versión de Alicia en el país de las maravillas, en la que dirige a niñas de 6 a 11 años, estudiantes del Colegio Cristo Rey de Altamira. "Hay mucho talento que requiere formación, nuevos espacios y oportunidades, tal como las tuve yo. En el teatro venezolano se están dando muy buenos mensajes con la intención de que el público analice y se puedan generar cambios".

En Instagram: @lissygarcia

"El teatro es comunicar"

El teatro ha sido parte de Fernando Azpúrua casi desde que comenzó a hablar. A los seis años de edad, mientras vivía en Francia, su madre lo inscribió en clases de teatro para facilitarle el aprendizaje del idioma y las relaciones con los compañeros parisinos. "Era un conservatorio que quedaba debajo de un ancianato. Ahí comenzó el viaje", recuerda el joven, de 25 años de edad.

En plena adolescencia regresa a Venezuela a estudiar en el Colegio Francia, donde hace teatro para luego asistir al Gimnasio de Actores con Matilda Corral, una oportunidad para adentrarse en el mundo de las tablas y conocer agrupaciones como La Caja de Fósforos, en la que comienza a trabajar con los directores Orlando Arocha y Diana Volpe, a quienes asiste en varios proyectos. Sus propios montajes inician luego de escribir la obra Niños lindos, una historia que busca la aceptación de la comunidad LGBT y que fue reconocida con el Premio Isaac Chocrón, lo que le inspiró amor por la dramaturgia. "La obra recibió muy buenos comentarios por la forma cómo trataba el tema de la homosexualidad, no desde un lugar común, sino desde la humanidad de los personajes, la naturalidad".

Recientemente, su versión moderna de la pieza de Pierre de Marivaux, Los amantes inconstantes, fue premiada en el II Festival de Jóvenes Directores, convocatoria en la que, asegura, quiso presentar un texto que realmente lo emocionara. "Deseaba ser menos delicado que con Niños lindos. La idea era tomar esta obra, escrita en 1723, transformarla en algo moderno y hacer una comedia musical con vestuarios enormes. Yo quería exponer una crítica más profunda y descarada con respecto a la promiscuidad en el LGBT. Buscaba la autocrítica".

Los textos clásicos representan un reto satisfactorio para este joven director. "Los grandes autores siempre van a colocar frente a ti un espejo del tamaño del salón. Estoy seguro de que van a ser un desafío que durante mi carrera y mi vida voy a tener la necesidad de afrontar. Aunque los textos escritos para el público de hoy, cotidiano, también ofrecen otras dificultades que me atraen inmensamente", afirma el también comunicador social.

Poder actuar, escribir y producir le ha permitido prepararse para la faceta de director y para su más reciente proyecto en el festival caraqueño. "Me di cuenta de que es un viaje en conjunto, es emocionar a un grupo en la búsqueda de un destino común, de ir juntos en la lógica, en la coherencia. Ser ese puente que conecta los discursos con el fin de que todos se sientan suficientemente libres para crear". Tal como le sugirieran sus mentores, procurar la lectura de todas las obras posibles y adquirir disciplina son elementos que considera indispensables para destacar en el oficio.

Se propone viajar a Francia para avanzar en su preparación, además de continuar una temporada de Los amantes inconstantes en el Trasnocho Cultural y la sala La Viga del Centro Cultural Chacao. También prepara el montaje de la obra El próximo otoño para el Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense, que organiza la Embajada de Estados Unidos junto con La Caja de Fósforos. La obra fue producida por Elton John en Broadway y trata el tema de la homosexualidad vista desde la fe y la religión.

En Twitter: @Ferazpurua