• Caracas (Venezuela)

Todo en Domingo

Al instante

Reinado en voz alta

María Gabriela Isler / Fotografías Cortesía Organización Miss Universo

María Gabriela Isler / Fotografías Cortesía Organización Miss Universo

La séptima Miss Universo venezolana no ha pasado inadvertida por su aplomo y constancia. Mientras sigue esperando su recibimiento en el país y participa en varias causas benéficas, María Gabriela Isler explica desde Nueva York cómo lleva la corona y cómo espera ser recordada

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Si se inventara un álbum de barajitas sobre la vida cotidiana de una Miss Universo, María Gabriela Isler podría preciarse de tener unas cuantas pegadas en las páginas de lo insólito, lo glamoroso y entrañable. Un día desfila en una comparsa festiva en Ecuador y otro en la Miami Fashion Week. Visitó Marruecos, Singapur e Indonesia, donde la recibieron con un paseo en el carruaje de caballos que trasladó a los príncipes de Gales en 1992. Presentó un premio Billboard y un Grammy. Dio un discurso en el Capitolio estadounidense sobre el VIH. Pero es la visita a Coron --una isla filipina afectada por el tifón Yolanda, donde se reunió con una ONG y grupos de damnificados-- la que más atesora hasta la fecha. "Me impactó mucho que una gente que no tenía ropa, ni agua, ni comida, ni casa, que nunca me había visto y que no habla mi idioma, me recibiera con tanto cariño. Me hicieron una balsita de bambú y nos comunicábamos por señas. Entre tantos lujos y comodidades, ver tantas necesidades fue una manera de pisar tierra. Para uno es una bendición poder llevarles alegría".

Si se le pregunta cuánto pesa la corona del Miss Universo, Isler repregunta si en sentido literal o figurado. Digamos que en los dos. "En el literal, pesa. Si la has tenido puesta dos horas y te la quitas, te deja marcada una raya en la cabeza. Esa parte no es muy divertida. En el figurado también pesa, porque es una responsabilidad enorme. Sigues representando a tu país y trabajas con muchas causas benéficas. A veces la gente tiene una idea errada de que esto solo consiste en ponerse una banda y estar linda para la foto o que una miss no tiene capaci- dad de romper paradigmas", relata la madrina de la Comisión Latina contra el Sida en EE UU. "Este es un trabajo que, como cualquiera, exige tiempo, responsabilidad, compromiso y entrega total durante un año de tu vida. Puedes pasar 32 horas de vuelo y tienes que bajarte del avión como una muñeca para una rueda de prensa, pero también te involucras con obras sociales que pueden afectarte emocionalmente y que te exigen entereza. Es una oportunidad para demostrar de qué está hecha la mujer venezolana, que es trabajadora y alza su voz por quienes no la tienen".

Según una lista publicada por Latino Voices de The Huffington Post, Isler es la cuarta latinoamericana más influyente del mundo. La preceden el papa Francisco, el magnate Carlos Slim y el futbolista Lionel Messi; la siguen en la lista los mandatarios Dilma Rousseff, Michelle Bachelet, José "Pepe" Mujica y el escritor Mario Vargas Llosa. Ante la situación de Venezuela, la miss escri- bió hace unos meses un comunicado de preocupación y conciliación. "Alcé la voz por mis ideas y creo que lo he hecho con neutralidad, para unir, no para separar más. Más allá del problema político y social que vivimos, siento que la gente está demasiado sensible y que es muy difícil complacer a todo el mundo, pero agradezco todas las reacciones. He recibido opiniones bonitas y a los que no están de acuerdo con mi forma de ver las cosas, les respondo que somos hermanos y tenemos que reconocernos y respetarnos". ¿Tiene una Miss Universo licencia para opinar? "Antes que ser Miss Universo, soy venezolana y me duele mi país. Soy Gabriela. Yo soy de allá, voto allá, mi casa está allá y tengo el mismo derecho. Creo que cuando las palabras vienen del corazón uno no puede estar equivocado".


Corona con chip. De abuelos suizos y
alemanes, aficionada a la repostería y la confección de accesorios, a Isler la llaman Molly en su casa --en alusión a La Mole de Los 4 Fantásticos, por nacer pelirroja y gordita-- y se resume en Gabriela a secas para el resto del mundo. Con carrera como modelo y una licenciatura en Ciencias Gerenciales de la Universidad Tecnológica del Centro, apenas ahora está planteándose qué hará cuando acabe su reinado. "Con todo lo que me ha pasado he ido entendiendo que uno nunca sabe lo que el destino le depara. Extraño a mi familia y tengo una relación a distancia con mi novio que hemos logrado mantener. En Venezuela quedó congelado mi cuarto, mi carro, mi título, todo. Soy una chama sencilla que creció entre Valencia y Maracay y mi país me ha dado tanto que quisiera volver y retribuírselo". Alumna actual de un curso de actuación, le gustaría continuar en el mundo de la moda y la belleza y canalizar su reconocimiento mediático en una carrera empresarial con marcas propias.

Por el momento su álbum sigue a medio llenar. A sus 26 años, le quedan varios meses de reinado. ¿Qué espera el mundo de una Miss Universo venezolana? "La gente de por sí ya tiene expectativas muy altas de una Miss Venezuela, pero si ganas, esperan todavía más. Quieren ver la perfección: que estés siempre de punta en blanco, que seas impecable en todo, que trabajes duro. Yo en Rusia a veces solo tenía chance de dormir dos horas, pero al día siguiente daba al máximo", señala. "Uno mismo siente puesto ese chip de hablar y desfilar como Miss Venezuela todo el tiempo... Es raro, pero en ese sentido el Miss Universo es un poco más flexible en ese aspecto. Hay días en los que he estado en tacones todo el tiempo y la gente que trabaja conmigo me dice: `¿No estás cansada de esos zapatos? Si quieres ponte unos flats. Si quieres hazte una cola’. Y entonces te pones los zapatos bajitos o te haces la cola y sientes que rompiste el manual de Carreño", dice divertida. Asegura que en Nueva York han respetado sus ideas y su forma de expresarse. "Partimos del punto de que yo no trabajo para ellos sino de que trabajamos juntos, sin imponernos. Siento que más allá de la pose, una miss es en principio un modelo que hay que seguir".

Mientras tanto, su recibimiento sensacional sigue pendiente. "Se ha pospuesto porque no estaban dadas las condiciones y porque sería incoherente aparecer allá y montar una celebración en medio del caos. Las aguas tienen que bajar, pero no voy a ser la primera Miss Universo venezolana que se quede sin recibimiento.

¡Quiero ir pronto!". ¿Quiere dejar algún recado? "Sí, que estoy aquí, que estoy pendiente y que los pienso mucho siempre. Los extraño".