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El culto a la belleza comienza desde temprano en Venezuela / Luis Cobelo

El culto a la belleza comienza desde temprano en Venezuela / Luis Cobelo

El culto a la belleza comienza desde temprano en Venezuela. Hay concursos infantiles en el que las candidatas comienzan con apenas cuatro años. Antes que muchos aprendizajes, allí se enteran de las reglas esenciales para ser precoces misses

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Si algo sabemos es que Venezuela es famosa por el concurso de Miss Venezuela.
Pero lo cierto es que muchos certámenes de belleza se multiplican en todo el país, donde hay cabida para féminas de todas las edades. Aun así, no deja de sorprender que existan concursos en el que las protagonistas son niñas de cuatro a ocho años de edad: para las precoces misses es como jugar con una muñeca.

Alfonso Paredes lleva más de 20 años dedicado a la realización de este tipo de eventos de belleza a través de su agencia. "Lo hago porque es un placer para mí poder educar a las niñas a través de mis conocimientos en el mundo del espectáculo. Pero también, vamos a estar claros, es un negocio" afirma.

Mini misses.
Nataly Rodríguez es la madre de Mari Pili (5 años), quien representó al estado Vargas en el Mini Venezuela Belleza Internacional 2012. "Realmente fue ella la que me obligó a que la inscribiera en este concurso hace un año. Con cuatro años quería estar en la academia. Eso cambió su vida", recuerda sonriente la progenitora. Su hija, al enterarse del concurso, no le dio opciones: "Yo quiero una corona", le dijo segura. Ralph, el padre, la apoyó incondicionalmente y se lo explicó en una frase: "Vuela hasta donde tú quieras que yo no te voy a cortar las alas". Aunque ninguna de las niñas sabía algo sobre el Estado que representaba, las madres se afanaban en ofrecerles clases particulares intensivas de lo elemental en la materia.

En la agencia de Paredes son las madres las que llevan a las niñas. Éstas, influenciadas por la televisión y los concursos de belleza, les insisten a sus progenitoras para entrar en academias de este tipo. También están esas mamás que, ilusionadas por un pasado truncado en el que quisieron ser modelos o actrices, esperan verse reflejadas en sus hijas. "A veces eso funciona muy mal. Hay niñas que llegan y desde el primer momento no les gusta nada. Eso es terrible para muchas madres, que a veces parece que quieren vivir de la fama de las niñas y eso no es tan fácil, son muchos factores los que inciden en que algo así pueda suceder", reflexiona Paredes.

Hay otros casos. Brittany Florez, concursante de Mini Venezuela Belleza Internacional 2012, entró al concurso cuando a su madre Silvana, de 31 años, ya le parecían demasiado insistentes los comentarios de familiares y amigos que le decían que Brittany debía estar participando en un certamen de belleza. La llevó a la academia de Paredes. Y ganó.

Los requisitos de estos concursos varían unos de otros, pero Paredes ya tiene su sistema establecido. "Las niñas superan muchos miedos. Una vez que entran en el concurso y antes de hacerlas participar, evaluamos sus calificaciones y su conducta: te puedo asegurar que de aquí salen convertidas en unas súper niñas."

Reinas y reinitas.
Mariana, la madre de Marináis, desde siempre supo que su hija tenía talento para esto. Con tres años la inscribió en el concurso de Reinitas de los carnavales de una parroquia popular larense y se coronó como reina indiscutible. "El concurso es una formación que les da disciplina para que las niñas aprendan a conocerse. Una de las actividades que el concurso propone es ir a un centro de niños que no tienen padres a llevarles regalos. Mariennys quedó tan impresionada que ya hemos regresado dos veces más a llevar más regalos a petición de ella. No hay duda de que la niña está aprendiendo algo que la hará mejor persona", reflexiona Mariana.

Como todas las niñas, María Gabriela Suárez quería participar para tener su corona y poder acceder a los viajes que se llevan las dos primeras finalistas. Sus padres, Ismelda y José, consideraron que al entrar en una academia de modelaje la niña tendría más soltura y sería mejor en los estudios. "Antes, para hablar, me quedaba pegada.

Ahora tengo más soltura y aprendí a compartir más con las demás niñas", dice María Gabriela.

Tiene 8 años y siempre ha visto el Miss Venezuela al lado de su madre. "Quiero ser como las misses y algún día concursar ahí", dice segura.

En todos los concursos de belleza, y más aún, en las categorías infantiles y juveniles, existen rutinas disciplinarias que consisten en enseñar pasarela, fotopose, oratoria y ayudan a desarrollar talentos de cada una de las candidatas. "La academia busca integrar a la familia en las actividades de las niñas", asegura Paredes. Y si bien se puede considerar como algo banal, también es cierto que gracias a la doctrina de reglamentos y normas, las niñas son más aplicadas en otras actividades habituales. Con los métodos de enseñanza que el concurso promueve, las niñas pueden ser sobresalientes en sus clases y no sufren de miedo escénico. "Cuando están en la academia, ya saben que su futuro va a ser bueno. Quieren las cosas bonitas. Son chicas que buscarán lo mejor, seleccionarán aquello que les convenga", asegura Paredes. La belleza es fundamental para este gentilicio, y estas misses precoces comienzan desde pequeñas.