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Padres por partida múltiple

Alberto Barroso y sus hijos | Mauricio Villahermosa

Alberto Barroso y sus hijos | Mauricio Villahermosa

Ser el progenitor de mellizos o trillizos conlleva sortear las exigencias con ingenio y en equipo. Aquí varios papás comparten cómo contribuyen y viven la misión de criar a sus hijos

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Uno quiere montarse en el columpio, otro intenta escalar sobre una de las casitas de madera y la última se trepa en unos cauchos de colores para buscar a su hermanito, y así bajar los dos por el tobogán. Ni los poderes de un superhéroe sirven para mantener bajo control esta situación. Pronto cada niño cambiará de opinión y correrá hacia otra atracción del parque, para a ratos arrugar la carita con asomo de llanto o, al contrario, gritar de la risa. Este es el panorama rutinario de Alberto Barroso y su esposa María Alexandra Vieira, los papás de Alberto, Sebastián y Sofía, trillizos de casi 3 años de edad. Ambos lucen cansados, pero entusiastas, y sobre todo, felices. “La gente siempre piensa en lo complicado de repartirse el tiempo y el afecto entre trillizos, pero no hay que dejar de lado que es cariño por partida triple el que te dan”, dice Barroso mientras le acaricia el pelo a Sofía, que se abalanzó sobre su regazo,  vitorea a Alberto, que se mece en el columpio, y le echa un ojo al más independiente, Sebastián, que está embelesado con una estatua de caballito.

Múltiples deseados
La sala de la casa es un patio de juegos con piscina de pelotas incluida. Un sofá blanco es la frontera que separa lo que queda de un ambiente decorado para recibir a las visitas adultas, de un mundo infantil revestido con alfombras de foami, muñecas y rompecabezas. Justo frente al balcón, un tendedero en versión miniatura exhibe dos mínimas franelas rojas de preescolar y dos monitos azules. Para los periodistas Román Lozinski y Anna Vacarella este es el resumen de la felicidad. Sus morochas Sofía e Isabella son el resultado del séptimo intento de reproducción asistida con el método in vitro.
“Habíamos intentado todo, y con cada ‘negativo’, el desánimo era fuerte. Pero insistimos, y en un intento que ya no guardaba mayor expectativa, Anna quedó embarazada”, rememora Lozinski, que cada medianoche, al llegar del trabajo, recibe la tierna bienvenida de sus pequeñas. Lo mismo le ocurrió a Barroso y Vieira, quienes insistieron durante cuatro años y concibieron a trillizos mediante inseminación artificial.
“No son procesos fáciles, pues conllevan mucho compromiso psicológico y el apoyo a la pareja debe ser sólido”, cuenta Barroso, quien debió cuidar a su esposa a partir del quinto mes, cuando esta tuvo que guardar reposo. “No podía creer cómo iban sacándolos durante el parto, parecían hamburguesas”, recuerda sobre un momento que le exigió una atención descomunal. “Ella no podía moverse, entonces me tocó perseguir a los bebés por todo el retén y no me daba abasto”, ríe. Recuerda la anécdota de un viaje en avión en la que ni su esposa ni él fueron capaces de sobrellevar tanta actividad. “Terminamos por pedirle a dos pasajeros que sujetaran a los bebés para guardar el equipaje, porque no podíamos más”, comenta quien se aprovisiona con dos pañaleras y un coche triple para salir.
Ambos deben dividir su tiempo entre las labores de oficina y el papel de ser padre. “Debe ser un trabajo en equipo y bien distribuido y organizado”, dice Barroso.
Para Lozinski, la hora del mediodía es sagrada, pues busca a sus niñas al colegio. “Aunque hoy sea la final de la Champions League, tenemos una piñata y eso es lo más importante”, asegura sin un dejo de pesar el único hombre entre tres mujeres. Reconoce en sus morochas aspectos de la personalidad de él y de Vacarella, y se sorprende cada día con su capacidad de comunicarse entre sí y con lo distintas que son sus personalidades. “Los niños múltiples desarrollan una conexión especial que ni los padres pueden descifrar”, agrega dichoso.

Sin querer, queriendo
“¿Te imaginas que nos digan que son morochos?”, fue la última frase que le dijo Henry Morrison a su esposa Carla Candia antes de entrar a la consulta médica que confirmaría lo que hacía minutos había sido sólo una broma para aliviar los nervios de padres primerizos. “En nuestra familia no hay tradición de hijos múltiples, así que nos cayó como tremenda sorpresa”, señala Morrison, papá de Martina y John, de 3 años y medio.
La pareja, que se casó con menos de 25 años, aprovechó los primeros 4 años de su matrimonio para compartir y viajar, hasta que el fallecimiento del padre de Morrison le trajo una nueva visión de la vida. “Le comenté a Carla que deseaba tener hijos y en un siguiente viaje a Europa, parábamos en cada duomo a pedir por ese propósito”, comenta. Su petición no conoció de esperas, pues en el mismo viaje ella lo supo. “Tuve que correr a una farmacia en París, porque la primera prueba se mostró difusa. Entre la emoción y que no hablo nada de francés, no sé ni cómo la compré”, recuerda entre risas.
Tuvieron que guardarse para sí el gozo inmediato de comunicarles a sus familiares que tendrían morochos. “El médico recomienda que durante las primeras tres semanas no se divulgue, porque son embarazos delicados y esa es una etapa difícil”, cuenta. Luego de enterados, las apuestas se elevaron sobre si serían niñas, niños o una pareja. “Aunque Carla debió pasar el último mes en cama, era una alegría saber que tendríamos la parejita de una sola vez”, dice quien vivió el momento no tan grato de tener que salir al trabajo mientras dejaba a su esposa en reposo. “Menos mal que las dos abuelas han sido un apoyo maravilloso”, señala.
Tres años y medio después, Morrison relata que su vida ha cambiado en absolutamente todos los sentidos. “Desde el día 1 madrugué, les cambio los pañales, los baño. De pequeñitos me turnaba las labores con Carla, para que durmiera tranquilamente”, explica, sin dejar de reconocer que es ella quien merece los elogios. “Tenerlos ha sido la confirmación de que la mujer es un ser increíble, noble y capaz de darlo todo”.

Reproducción asistida

Las técnicas de inseminación artificial e in vitro están asociadas a una posibilidad de embarazo múltiple, por lo que se ha vuelto frecuente ver parejas con gemelos, morochos, trillizos e inclusive más de tres. “Los centros de fertilidad deben informar a sus pacientes de esta posibilidad”, explica María Teresa Olivieri, médico y miembro de Embrios, Centro de Fertilidad y Reproducción Humana. La especialista hace la salvedad entre los dos tipos de procedimientos.
Inseminación artificial: “Se realiza dentro del cuerpo de la mujer y representa la mayor tasa de embarazos múltiples, porque no hay control sobre los óvulos que fecunden los espermatozoides. Consiste en realizar una hiperestimulación de ovulación con inyección de hormonas, luego inseminar una selección de espermatozoides en el útero, para que se encuentren en la trompa y ocurra la fecundación”.
Fecundación in vitro: “Ocurre fuera del cuerpo, con la técnica de extraer los óvulos e inseminarlos en un laboratorio. Allí se cultivan los embriones durante varios días, para luego introducirlos en el cuerpo de la mujer. La tasa de embarazo múltiple aquí dependerá del número de embriones transferidos. La media no debería ser más de dos, de acuerdo con la Red Latinoamericana de Fertilización Asistida”.

No son iguales
La terapeuta familiar María del Carmen Míguez establece recomendaciones para padres con hijos múltiples: “Aunque nazcan el mismo día, hay que diferenciarlos y tratarlos como individuos. Por suerte, no todos querrán comer ni dormir a la misma hora. Eso más bien puede ser un norte. Hay que hacer de cada uno un ser humano diferenciado. No se recomienda que los vistan iguales, ponerles nombres parecidos. Incluso en las escuelas la política es separarlos. Lo que se sabe desde la psicología es que conviene diferenciar y auspiciar que cada uno desarrolle su propia personalidad”, explica. El padre debe estar a la altura de las exigencias que imponen los cuidados. “Especialmente durante el primer año debe estar muy pendiente de repartirse el tiempo equitativamente”, indica la especialista, además de aconsejar que la pareja se apoye en la familia extendida, como tíos y abuelos.