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Oriana Sabatini: Nacida para brillar

Oriana Sabatini | Fotos: Cortesía Oriana Sabatini

Oriana Sabatini | Fotos: Cortesía Oriana Sabatini

Actriz, modelo y cantante, Oriana Sabatini, hija de Catherine Fulop, se perfila actualmente como una de las promesas más incandescentes de la televisión argentina. Aquí comparte lo que significa crecer bajo la mirada pública y cómo espera madurar en el mundo del espectáculo

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Las páginas de la farándula venezolana la vieron crecer. Su estampa menudita, orbitando alrededor de sus padres —Catherine Fulop y Osvaldo Sabatini— junto a su hermana Tiziana, es un recuerdo intermitente en los revisteros de las peluquerías y los consultorios. Retratos familiares en una playa venezolana. Sonrisas en un día campestre en las afueras de Buenos Aires. Pero hace rato que Oriana Gabriela no tiene siete años. Tiene 18 y en Argentina, su país natal, su imagen fresca es sinónimo de una estrella pop en ciernes. 

Resignada a desenvolverse entre muchas miradas —tantas, que la criatura fue noticia en 2002 cuando la policía de Buenos Aires desarticuló a tiempo un complot para secuestrarla—, reconoce que siempre la cautivó la interpretación. A los siete años empezó estudiando canto y piano, pero las lecciones de actuación que comenzó unos años después le costaban. Era tímida. “No me gustaban las clases en grupo. Me daba vergüenza”.

Los genes deportivos de su tía Gabriela Sabatini la pasaron de largo. “En un momento intenté hacer tenis y era un desastre”, comentaba con gracia el año pasado en ESPN+. “Quería ver si tenía algún talento oculto, pero no había nada”. Menos reparos tuvo para empezar a modelar. A su favor: 1,74 centímetros, porte de ninfa, melena de comercial y unos enormes ojos verdes que aprendió a entornar a conveniencia con candor, desenfado o picardía. A medida que ganaba cancha frente al lente, se propuso vencer su aprensión al escrutinio.

Luego de estudiar actuación por dos años con el actor argentino Julio Chávez y hacer un curso en la New York Film Academy de Los Ángeles, la muchacha decidió pedirles a sus padres que la dejaran entrar a la televisión.

¿Vas a seguir, Abigaíl? Finalmente, hechizada por la actuación, Sabatini se convirtió en un grillo. “No me veía haciendo otra cosa. Siempre le pedía a mi papá que me dejara ir a castings, pero él nunca quería porque decía que primero tenía que terminar mis estudios. Tenía razón, pero a mí se me hacía muy largo esperar. Yo les decía que quería empezar a hacer mis propias cosas, a tener mis propios ahorros”. Un amigo de la familia la invitó a una audición especial. Cris Morena —la escritora y productora argentina de éxitos juveniles como Chiquititas, Rebelde Way y Floricienta— estaba reclutando a los actores de Aliados, su nueva serie para Telefe. En ella, un grupo de “seres de luz” llegaba a la Tierra para ayudar a los humanos. Después de varias pruebas, Sabatini resultó electa para el crédito estelar.

Las dos temporadas de la producción se grabarían consecutivamente. Resuelta a bordar su estreno con dedicación exclusiva, la chica logró convencer a sus padres de que la dejaran abandonar el colegio en el último año de bachillerato; meses después, terminó sus estudios por Internet.

Sabatini también ha figurado en videoclips y sesiones fotográficas que a veces la prensa argentina no ha dudado en calificar de “hot”. ¿A qué le atribuye que sus padres le hayan permitido asumir tantos riesgos? “A la confianza que nos tenemos. Si no confiaran en que voy a ser responsable con todas mis cosas, nunca me hubieran dejado. Uno tiene que saber qué es lo que quiere para poder hacerlo bien, y ellos saben que esto me apasiona. Para hacer las cosas que amas, a veces tienes que hacer sacrificios”.

En su debut, interpretó dos roles simultáneamente. En principio es Azul, una cantante pop frívola, solitaria y con trastornos de alimentación. “Azul es una chica con un carácter horrible, es muy poco amable. Por otro lado, también interpreto a Luz, que es totalmente distinta. Es alegre, simpática, solidaria, ama a todo el mundo. En algún momento me costaba no confundirme haciéndolas, pero es un desafío divertido”, asegura.

Como gajes del oficio, en pantalla canta, baila y toca el piano; en YouTube se consiguen retazos de esta serie de dos temporadas que actualmente se transmite en Telefe Internacional y Fox Play. Lidiar con la presión de las expectativas ajenas no le quitó el sueño. “La verdad es que no me lo pensé, porque si me enfocaba en eso no me iba a concentrar. Prefería disfrutar el momento”.

Comparte que su familia ve la serie, aunque admite que a veces le cuesta ver con ellos las escenas románticas o potencialmente subidas de tono. “Para darme su opinión, mis papás son relajados. A veces me aconsejan para que deje de hacer tal cosa o me hacen ver si tengo un tic o algo, aspectos que puedo mejorar”.

Diosa en barajitas. Con el tiempo ha descubierto que cautivar a un público juvenil demanda no ahogarse en las aguas turbulentas del furor. “Diosa”, “ídola” y “perfecta” son algunos de los epítetos que le llueven a diario en su cuenta de Instagram. “Es superloco. La gente nos llama por nuestros nombres en la serie o espera que el romance de los personajes sea de la vida real”. En su caso, el idilio sí trascendió la pantalla: su galán de ficción, el actor argentino Julián Serrano, es también su pareja. “Nos pusimos de novios cuando habíamos terminado de grabar”, acota. La dupla ha sido bautizada en las redes con el mote monolítico de Orián, a la usanza de Brangelina. Adicionalmente, sus seguidores se hacen llamar orianistas.

Aunque disfruta el reconocimiento por méritos propios (“ya no me frenan en la calle porque estoy con mi mamá sino para hablar conmigo. Es rarísimo”), la chica admite que sería prematuro vanagloriarse. Vale como señal de madurez para una principiante que ha llenado el teatro Gran Rex de Buenos Aires con un musical de su show, se ganó dos premios Kids’ Choice Awards Argentina en las categorías de actriz favorita y revelación del año, cantó en la banda sonora de la serie —que en pocos meses alcanzó disco de platino— y ha visto su cara impresa, rodando de mano en mano, en barajitas de Panini. “La fama es algo que a veces no está tan bueno. Un día podés estar arriba y otro no. Cuesta creer que 3000 personas estén cantando contigo, pero no hay que tomárselo como que es por ti, sino porque están sintiendo una emoción. Tienes que tener siempre los pies en la tierra”, asegura. En el futuro le gustaría hacer musicales, grabar un disco, rodar una película. No se estresa. Todo llega. “Hay muchas cosas que me interesan, pero tengo tiempo para ver qué quiero hacer. Todavía soy muy joven y eso es un privilegio”.

Sin libreto

—¿Con quién se tomaría una selfie?

Con Ellen DeGeneres. Me cae muy bien, me parece muy simpática.

—Su libro favorito:

 Conversaciones con Dios, de Neale Donald Walsch.

—Un temor:

Los aviones. Cuando me monto en uno, trato de no pensarlo mucho.

—¿Qué le ilusiona?

Componer bien, poder llegar a cantar mis propias canciones.

—¿Qué habría sido de no ser actriz?

 Directora de cine o médica.

—De poder elegir, ¿con quién le gustaría hacer una película?

Me encantaría actuar con Angelina Jolie. Entre los directores, con Christopher Nolan. Me encantó Interestelar.

—¿Una manía?

Me gusta encender el secador y soplarme aire caliente encima. Yo sé que es raro, pero soy muy friolenta.

 —¿Su costumbre más venezolana?

Digo “centro comercial” y mis amigos no saben de qué estoy hablando (risas). También siento que hablo muy alto. En las reuniones familiares a veces me doy cuenta de que todos gritamos al mismo tiempo.

—¿Sus lugares favoritos de Venezuela?

Me gusta mucho la Colonia Tovar. También el Ávila. Cuando íbamos a Caracas de pequeñas, subíamos siempre.

—¿Arepas o cachapas?

¡Uf!, las dos. Me encanta la cachapa con manteca (mantequilla) y queso, y la reina pepiada.

—¿El mejor consejo profesional que su madre le ha dado?

Cuando empecé a modelar, ella me decía “créetela”. No por ser arrogante, sino por proyectar seguridad. La actitud es importante.