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Nuevas formas para estar en forma

 Nuevas formas para estar en forma / Mauricio Villahermosa

Nuevas formas para estar en forma / Mauricio Villahermosa

Hay quienes no se limitan a las alternativas convencionales para mantener el cuerpo activo y procurar la silueta anhelada. Por fortuna, las opciones crecen. Aquí se cuenta en qué consisten tres de ellas: el entrenamiento del crossfit, las acrobacias en telas o moverse al ritmo del hip hop

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Circo fitness

En las clases de acrobacias aéreas que imparte Coromoto Pinto en el San Luis Fitness Center hay varios miedos por vencer: el vértigo que produce la altura desde la que cuelgan cinco telas gruesas, un trapecio y un aro, y el pudor que puede causar el espacio de práctica: casi un escenario circense, pues se halla en el mero centro del gimnasio. Pinto, sin embargo, tiene motivos de peso para desmontar el mito de que esta disciplina es solo para acróbatas.

La instructora de 42 años de edad fue ama de casa durante 21 años, se dedicó a sus hijos y jamás pisó un gimnasio. "Hace cuatro años fui a una exhibición de telas y me llamó la atención. Desde ahí me volví una fiebruda", recuerda.

En tres meses de práctica constante, en los que las quemaduras y ampollas en las manos se volvieron materia corriente, comenzó a notar cómo sus músculos se definían. "Esta disciplina estiliza, flexibiliza, tonifica. Se trabaja con el propio peso del cuerpo y una sola postura compromete varios grupos musculares (...) Subirse a la tela lo es todo", asegura Pinto, que dedica las primeras clases a enseñar el amarre básico de los pies sobre la tela para lograr el empuje necesario al ascender.

Subirse al trapecio y al aro para hacer flexiones abdominales es uno de los componentes del calentamiento, que en sí mismo constituye un ejercicio exigente. Ni la edad ni la condición física son limitantes. "Tengo una alumna que pesa 105 kilogramos y ya hace posturas y llega hasta arriba, y dos alumnas de 64 años", señala orgullosa la admiradora de la cantante estadounidense Pink, que últimamente ha convertido sus conciertos en un despliegue de acrobacias aéreas.

Pura Martínez, de 51 años de edad, atiende tímida al llamado de Pinto para hacer una demostración. Se unta en las manos una resina extraída de la piedra de ámbar para no quemarse con el roce de la tela y sube sin titubeos. Hace la postura del cristo, con los brazos abiertos y las piernas extendidas, para luego descender

con gracia. La aplauden y se sonroja. "He hablado con psicólogos de las bondades de hacer esta actividad. El miedo inicial se convierte en el refuerzo de la autoestima y la autoconfianza, pues solo dependes de ti para lograrlo".

Pinto ha ampliado la práctica para niños desde los 4 años, adolescentes y hombres. "Ellos pueden ser algo reticentes al principio, pero trabajamos con posturas masculinas y he sustituido la tela por una cuerda gruesa para que entrenen duro", señala.


Más información en:
San Luis Fitness Center. C. C. San Luis, nivel 2.

Teléfonos: (0212) 986 2086, (0414) 245 5976.

vooaereos@gmail.com Twitter: @Vooaereos


Urbano y calculado
El estilo al vestir de los alumnos del estudio de danza Musa expresa sin necesidad de palabras su preferencia por las diferentes disciplinas que allí se imparten. Los que hacen ballet y jazz usan mallas negras y ajustadas, más zapatillas de color piel. Los que bailan salsa, usan prendas de telas fluidas y sandalias de salón con tacón bajo. El caso de los bailarines de movimientos urbanos, sin embargo, es toda una declaración de estilo personal: trenzas, gorras, monos en extremo holgados, pelo suelto para que se agite con cada gesto frenético, franelillas cortadas a mano que revelan el torso y los infaltables zapatos de goma con la lengua afuera y sin trenzas. La actitud lo es todo.

Introducir el flow de la calle a la sala de ensayos es el propósito de Germaine Enkel, instructor que, con apenas 20 años, ha participado en talleres con coreógrafos de Beyoncé y de los premios Billboard. "Me formé en la calle. Lideraba un grupo de baile a los 13 años y nos íbamos a la plaza Brión de Chacaíto", recuerda quien busca constantemente referencias de los grandes coreógrafos de artistas pop en Internet para estar actualizado en las tendencias. "El hip hop tiene muchas ramas: el breaking, popping, locking... los combino según el estilo del tema que esté montando", explica.

Su método consiste en escuchar la canción, separar la melodía del beat hasta conseguir una larga secuencia que va enseñando por secciones en cada clase.

El nuevo disco de Beyoncé es la obsesión constante de Enkel, que ha preparado una coreografía de la canción Partition para sus lecciones ac- tuales. La sesión comienza y la música resuena, pero en la actividad hay cabida para todo menos el free style. Realiza un calentamiento de unos 20 minutos en el que se estiran tendones y músculos, para luego inyectar un conjunto explosivo de ejercicios abdominales. Los alumnos transpiran y aún no han entrado en materia.

Bailar una coreografía de hip hop no es solo un ejercicio tremen- do que pone atención hasta en la forma de mover los dedos, sino que también implica un compromiso mental. Enkel señala que lo primero es acostumbrarse a contar, pues cada secuencia es milimétrica y no admite deslices. Solo la constancia, dice, traerá como consecuencia un cuerpo esbelto y definido. "Cuando bailas, tu cuerpo está por completo activo. Te tonificas y al mismo tiempo es un ejercicio cardiovascular", indica sobre una actividad física intensa que para los apasionados se traduce en placer.


Patricia Sulbarán

Más información en:
Estudio de Danza Musa. Santa Eduvigis, Edif. Pascal, planta baja.

Teléfono: (0212) 285 7903 y (0212) 286 7156.

arteyproduccionesmusa@gmail. com Facebook: Arte Musa

El desafío es mental
Quería rendirme. Era mi cuarta clase de crossfit, una dis- ciplina de la que entonces solo sabía que era la nueva tendencia en acondicionamiento físico. Yo había entrenado en gimnasio tiempo atrás y creí que sería parecido, pero es una experiencia muy diferente, que más que un reto físico, es un desafío mental. Ese día, el de la cuarta clase, pensé en no volver. Estaba convencida de que aquello no era para mí. Sin embargo, me quedaban ocho sesiones y una especie de prueba física para completar la inducción que me convertiría en una crossfitter principiante. A par- tir de entonces, llegar al día de la prueba (y superarla) se convirtió en mi nuevo reto personal.

El crossfit es un sistema de acondicionamiento físico creado por Greg Glassman en 2001 para el entrenamiento policial y que poco a poco fue permeando hasta llegar al mundo civil. La idea es entrenar combinando diferentes disciplinas en tiempos cortos y de manera intensa. El objetivo es potenciar 10 capacidades físicas: resistencia cardiovascular y respiratoria, resistencia muscular, fuerza, flexibilidad, potencia, velocidad, agilidad, coordinación y equilibrio.

En la escuela Crossfit EPP hay que hacer 12 sesiones de inducción. En esta etapa de nivelación la clase dura una hora y se divide en dos partes: la primera es para aprender los movimientos con los que posteriormente se ejecutará la segunda parte: la del work of the day (WOD), que es la del entrenamiento propiamente dicho.

Es una especie de circuito en la que deben ejecutarse diferentes tipos de retos en un tiempo determinado, como levantamiento de pesas, sentadillas, barras fijas, flexiones, burpees, abdominales, ascensos de cuerda, etc.

A mediano plazo se espera que cada participante supere sus propios tiempos, sin embargo, lo más importante es entrenar de la forma más eficaz posible. A pesar de que el WOD se hace en grupo y con un cronómetro, no se trata de una competencia feroz. Ciertamente, cada quien está trabajando en mejorar sus capacidades y tiempos, pero el ambiente general es de camaradería.

Una vez que comencé a despojarme de las innecesarias cargas mentales, los siguientes entrenamientos fueron fluyendo muchísimo mejor. Poco a poco logré levantar cargas un poco más pesadas (solo un poco), mi respiración y mi coordinación comenzaron a mejorar, pero sobre todo aumentó la confianza en mí misma. Todo eso me llevó al día más esperado: el del reto físico. 300 repeticiones dividas en grupos de 25 o 50 (25 flexiones, 50 pesos muertos, 50 saltos de cajas y otros movimientos hasta completar los 3 centenares de repeticiones). Tenía 40 minutos para ejecutarlo y todo iba bien hasta que llegué a las flexiones (mi gran pesadilla en el crossfit). Finalmente logré terminar en 39 minutos 50 segundos. Lo había logrado. Oficialmente ya era una crossfitter principiante, pero sobre todo había superado mis propias barreras mentales.

Hace casi un mes superé la prueba física y sigo asistiendo a mis clases de crossfit. Finalmente, comienzo a superar el mayor de mis desafíos: la confianza.


Isbel Delgado

Más información:
escuela Crossfit EPP, Colinas de Santa Mónica, Ruta 5-A, quinta Toscanas. Caracas.

www.crossfitepp.com