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Neurosis con propósito

Sus peculiares métodos pedagógicos lo llevaron a tomarse en serio la comedia / Mauricio Villahermosa

Sus peculiares métodos pedagógicos lo llevaron a tomarse en serio la comedia / Mauricio Villahermosa

Sus peculiares métodos pedagógicos lo llevaron a tomarse en serio la comedia. Un ingenio incisivo y una innata facilidad de palabra terminaron por diferenciarlo del resto. José Rafael Briceño –comediante, actor y profesor de oratoria del Miss Venezuela– explica cómo se concilia un rostro circunspecto con un oficio rochelero

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Cada comienzo de año académico en la UCAB, el profesor José Rafael Briceño celebraba su ritual de iniciación favorito. En lugar de presentarse ante sus alumnos de Comunicación Social, bajaba antes a un salón de primer semestre de Ingeniería y entraba a la clase de un profesor que siempre faltaba el primer día.

Impasible, soltaba el maletín sobre el escritorio, partía una tiza y garabateaba con absoluta seguridad la fórmula más larga, enrevesada y absurda que su imaginación humanística le permitiera improvisar. “¿Apellido? Pase, Guzmán. Resuelva esto”, recrea con indiferencia.

“Ya no lo puedo hacer porque me reconocen, pero era lo máximo. Tenías que verles las caras”. Es el mismo profesor capaz de ilustrar, con preciosismo medieval, los márgenes de un parcial corregido con un juego de líneas puntiagudas. “Estas son todas las flechas que tiraste”.

Las etiquetas en general le pican enormemente. Resúmale la vida a “profesor de las misses” y le sacará un resoplido de aburrimiento que se acerca a la frustración. “Ser profesor del Miss Venezuela es una fracción de mi labor como docente, que a su vez es otra fracción de todo lo que hago”, asegura.
Aunque podría sonar pretencioso, es verdad.

Briceño es comunicador social y tiene una maestría en Filosofía. Es actor, comediante, asesor de vocería y oratoria para particulares y empresas, profesor universitario, locutor de radio, narrador de documentales, esposo activo, papá de Bernarda –de 4 años de edad– y próximamente de Alma, su segunda hija. Como profesor de oratoria de las misses, también figura en el reality show Todo por la corona. “Lo único que me falta es hacer ponquecitos”, afirma.

Que se vayan todos, su programa en La Mega de lunes a viernes a las 11:00 p. m. es el podcast venezolano más descargado en el iVoox, el equivalente a Youtube de audios en español. El espectáculo de humor Mi país, tu país, que comparte con otros comediantes y que cerró recientemente su gira en el Aula Magna, tuvo en 2 años alrededor de 150 funciones. Su show unipersonal, Briceño lo cuenta todo, se ha presentado siempre a sala llena.

Allí comparte sus experiencias como papá y esposo y un amplio abanico de nimiedades que lo atormentan. “Jerry Lewis decía que la comedia es un hombre en apuros. En mi caso, la gente se ríe de mis neurosis. Hablar desde tu verdad es lo que le da vida a tu discurso y como centro de un stand-up eres el único responsable de lo que pase en el escenario”.

Picos de plata. Oscar Yanes fue quien lo recomendó para el Miss Venezuela. Fue así como pasó a formar parte de ese consejo jedi que pule a las aspirantes a la corona. Allí procura blindarlas de ese potencial Waterloo que es la ronda de preguntas. Como docente había trabajado con actores, políticos, abogados y gerentes en oratoria y vocería. “Pero esto me llamaba la atención porque no es modelaje, ni circo, ni actuación. Ser reina de belleza es un género en sí mismo”, indica.

Admite que su decisión causó revuelo en el ambiente académico. “Al principio me decían: ‘¡Qué horror, tú en una cosa tan frívola!’, y ahora lo primero que me preguntan es cómo veo a Carabobo que es alumna suya o si Miranda tiene chance. Me preguntan por Osmel, por Maite, por cualquiera. Ya a nadie le importa cómo estoy yo”.
¿Qué siente cuando una miss responde bien? “Me entra un orgullo docente saber que el trabajo paga. Además, han sido más las veces que han respondido bien que las que se han pelado”. No hace falta preguntarle por la ley del surf de Irene Esser, esa respuesta que la revolcó.

“Se puso nerviosa pero si llegó ahí fue porque había hecho una buena entrevista con el jurado. Nadie sabe lo que esa mujer está viviendo en ese momento bajo tanta presión”. ¿Cómo se ofrece una buena respuesta en un certamen? “Saber de lo que estás hablando sería lo más recomendable”, sugiere. “Una buena respuesta es honesta, viene de tu experiencia personal y tiene algo que conecta con el público. Esa mujer tiene que ser aplomada, segura; debe demostrar que no la achicopala un Poliedro. Tiene que aprender que el nervio del momento no es un obstáculo, sino una energía que hay que aprovechar”.

Aunque insinúa que su ciclo como asesor de misses podría estar en su etapa culminante, enumera orondo entre sus pupilas a dos Miss Universos –Dayana Mendoza y Stefanía Fernández–, una Miss Mundo, dos Miss International y dos Miss Hispanoamérica. Sobre el manejo de expectativas ajenas también puede dictar cátedra. Es el hijo mayor de Mercedes Pulido de Briceño, psicóloga social, exsenadora, exministra de la Mujer y de la Familia, exsubsecretaria adjunta de la ONU y profesora universitaria. “Eso antes me agregaba una presión enorme porque te conocen como ‘el hijo de Mercedes’.

La ventaja es que uno tiene referencias claras de cómo debe ser una dama, cómo tratarla, cómo se representa a un país. En el Miss Venezuela me ha servido para entender qué tan en serio te puedes tomar el tema de la imagen y respetar enormemente el trabajo de las personas que están allí, más allá de que estés de acuerdo o no con que eso sea la vida de alguien”.

Asegura que su familia le enseñó a nunca subestimar nada. “Mi mamá siempre dice que uno nunca debe encerrarse en un solo entorno porque se pudre. Mi esposa Ingrid también siempre está abierta a experimentar, a interesarse en cosas que no tienen nada que ver con lo que ella hace”.

Hoy le hace feliz vivir de su pasión. “Hace cuatro años, cuando estaba tratando de digerir el hecho de que estaba casado, iba a tener una hija y tenía un sueldo de profesor universitario, vivir de la comedia es algo que no me hubiera creído. Mi gratitud hacia el público es infinita. Honestamente yo creo que no es para tanto, pero los reales de las entradas no se los voy a devolver”.

PIENSE RÁPIDO
¿De quién heredó su sentido del humor? De mi papá. Era ingeniero, teólogo y un jodedor desde la seriedad del conocimiento. Eso lo hacía más divertido.
¿Qué es una mujer sexy? Una que sea franca y directa, que diga lo que piensa. Eso es atractivo desde todo punto de vista.
¿Qué lo pone nervioso? Hacer un stand-up en una sala muy iluminada o a pleno sol. Cuesta el triple hacer reír a la gente sin ese anonimato que da la oscuridad.
¿Qué lo hace reír? Ver televisión con mi esposa. Su forma de criticar es maravillosa.
¿Cómo toma las críticas cuando una miss responde mal? Con menos rabia que César Farías, pero con más susceptibilidad que Pastor Maldonado.
¿Su reina favorita? Stefanía Fernández. Todos apostaban en su contra, pero casarme con una gocha me ha enseñado que nunca debes subestimarlas.
¿Qué es lo más genial que ha dicho su hija? Cuando vio una foto en la que posamos juntos en esta revista, se la mostró a mi mujer y le dijo: ‘¡Mira, mamá! ¡Salí con tu esposo!”.