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Mercaderes de reliquias

La familia Harrison / Cortesía History Channel

La familia Harrison / Cortesía History Channel

La familia Harrison sabe dar fe de que no todo lo que brilla es oro. Todo en Domingo fue a Las Vegas a conocer a los protagonistas de El precio de la historia (Pawn Stars), el show de History Channel donde la antigüedad, el conocimiento y la astucia le atribuyen valor a los objetos más disímiles

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De lejos parece una tienda común. Pero la Gold and Silver Pawn Shop –situada en una zona plagada de capillas de bodas exprés– se ha convertido en una atracción turística de rigor para los visitantes de Las Vegas. Una larga cinta delimita junto a la fachada en donde hacer la fila para entrar, sin que el sol abrasador que en estos días tuesta la ciudad, impida que cientos de curiosos peregrinen al local de la familia Harrison. Famoso por ser el hogar del programa El precio de la historia, de History Channel, el popular comercio ostenta en sus vitrinas algunos de los increíbles objetos que estos comerciantes adquieren en su show –previo avalúo y regateo– a vendedores de curiosidades, interesados en obtener dinero rápido. Fusiles de la Guerra Civil estadounidense, una Biblia de finales del siglo XV, lingotes de plata, litografías de Marc Chagall, medallas olímpicas y tarjetas de colección de Viaje a las estrellas dan cuenta del tipo de mercancía que diferencia a este comercio de sus pares.

Aunque es más pequeña de lo que aparenta, la tienda no escatima espacio para la venta de souvenirs. Franelas, tazas y monedas con los rostros de las tres generaciones de Harrison se evaporan de los estantes, probablemente a falta de los 100.000 dólares que se requerirían para comprar un recuerdo más consistente, como un anillo original de campeón del Super Bowl, por ejemplo.

Rick Harrison, líder de este clan televisivo, se ufana de que la suya es la única casa familiar de empeño de Las Vegas. “Siempre quise un programa de televisión porque me parecía que podía favorecer a la tienda, pero pensé que iba a durar una o dos temporadas. Nunca creí que se iba a convertir en algo tan grande”.

Todo el mundo espera encontrarlos tras el mostrador, pero los Harrison han optado por un perfil más bajo. Las leyes del estado de Nevada protegen la identidad de las personas que empeñan artículos, y el revuelo fotográfico que suelen generar los dueños los ha llevado a trabajar cada vez menos junto a las vitrinas. Desde el estreno de la serie en 2009, la  notoriedad no ayuda. “Eso le quita un poco la diversión”, reconoce Corey Harrison. “Pero si la gente está corta de dinero, es previsible que no quiera aparecer en una foto que alguien más tomó mientras estaba empeñando algo. Para nosotros no es tanto un tema legal, sino de respeto a los clientes y al resto de los empleados”.

Eso es mucho

La premisa de El precio de la historia es sencilla: un vendedor ofrece un artículo curioso y los Harrison averiguan si es auténtico. Luego acuerdan un precio. “¿Que te compre esto por 2.000 dólares? No puedo. Te doy la mitad y me estoy arriesgando”.

La estratagema favorita de Rick Harrison da cuenta del espíritu de su negocio. “Ése es uno de los atractivos de la serie, que una vez que se fija el precio, como espectador tomas partido”, comenta David George, uno de los ejecutivos de la casa productora del programa. “O te pones del lado de Rick porque te parece justo, o deseas que el vendedor ignore la oferta y no le dé nada”.

Harrison asegura que el éxito en el ramo de las ventas y los empeños es una mezcla de instinto y conocimiento para tasar y regatear. Si se le pregunta qué es lo más raro que ha tenido en su local, recuerda una pieza de pornografía japonesa de hace 200 años. “Era un rollo pintado a mano donde ocurrían cosas locas”, dice a carcajadas. “También me han llegado máquinas de electroshock, cabezas reducidas... En lo personal, me encantan los mapas de la isla de California. En el siglo XVII un cartógrafo español se equivocó y asumió que ese territorio era una isla, así que por los siguientes 100 años los mapas de Norteamérica tuvieron ese error”. ¿Cómo aprendió todo lo que sabe? “Desde que tenía seis o siete años leo dos libros a la semana todas las noches, pero no veo televisión. De cultura pop actual no sé nada”.

Si se le pregunta en qué reside el éxito o la debacle de tener un negocio familiar, responde que eso depende de cada clan. “A mi padre y a mi hijo no les gusta admitirlo, pero esto no es una democracia, es una dictadura. Tiene que haber un jefe”.

Hoy con 48 años de edad, Harrison empezó a trabajar desde muy joven con su padre y desde los 19 años controla el negocio. “Quiero mucho a mi viejo, pero en la práctica él no tiene nada que hacer ahí. Va porque quiere y también para no estar con mi mamá todo el día”, dice divertido. “Busca cosas raras que hacer, dormir siestas… Pero tiene 77 años, puede hacer lo que dé la gana. Es de esa gente que si se retirara se moriría a los 6 meses, así que mi plan es tenerlo trabajando ahí para siempre”.

El heredero

La pena se ha ido convirtiendo en orgullo. El joven Corey Harrison se siente halagado por el éxito del programa. “Nunca me lo imaginé. Cuando vi el primer episodio me pareció un poco vergonzoso y aparentemente es un hit”.

El hijo mayor de Rick comenzó a trabajar en la tienda a los 9 años de edad y cuando cumplió los 18 años se dedicó a ella a tiempo completo. “Como mis padres no me daban mesada, si quería dinero tenía que trabajar. Empecé barriendo pisos y creo que a mi papá le encantaba porque no me pagaba casi nada, pero lo disfrutaba porque era divertido pasar tiempo con él y con mi abuelo”.

De ellos heredó la curiosidad requerida para aprender a cotizar los objetos que recibe, pero ¿qué más, al margen de la edad o de los materiales, considera él que eleva el precio de un artículo? “Las cosas hoy en día están hechas para ser reemplazadas, pero antes la gente se enorgullecía de lo que compraba por su calidad de confección; por eso, los relojes de lujo son tan caros, porque alguien se pasó 6 meses con un destornillador y unas pinzas montándolo. Esos detalles son los que les dan valor a las cosas, lo que las hace irreemplazables”.

¿Tiene algún tesoro personal del que no se desprendería jamás? “No, nada. Todo tiene su precio”, dice sonriente. “Ésa es una de las cosas que aprendí creciendo en la tienda: a no aferrarme. Sólo son objetos y puedes vivir sin ellos”.

Su padre Rick coincide en que el desapego es saludable. “Siempre le digo a la gente que nunca adquiera nada con la idea de ‘lo compré porque tengo que tenerlo’. Si alguna parte del trato no se siente bien, pues no está bien. No lo hagas. Además, no hay ningún objeto en este mundo que tengas que tener”.

La joya

Actualmente el objeto más caro en la Gold and Silver Pawn Shop es una cigarrera que perteneció a John F. Kennedy. La caja de madera que el expresidente estadounidense tenía sobre su escritorio en la Casa Blanca –con algunos puros sin fumar y una placa plateada que identifica a su propietario– llegó a los Harrison por medio de un vendedor que aspiraba a obtener 95.000 dólares por ella y luego la transó por 60.000 dólares. La etiqueta que porta en la vitrina es de 125.000 dólares.

Hechos condensados

“Trato de dar pequeñas lecciones de historia y a la gente le gusta porque siente que aprende un poquito. Son un cuento corto que dura dos minutos y del que luego te acuerdas, mientras que tal vez un profesor te habla por una hora sobre lo mismo y no se te graba”, explica Rick Harrison. Se precia de que su show destaca el valor de la familia y asegura que su oficio le ha permitido conocer todas las facetas de la sociedad. “Madres solteras, prostitutas, proxenetas, políticos… Aunque entre los dos últimos no es que haya mucha diferencia”, acota con desparpajo. “Pero es un trabajo que te hace entender más a la gente”.

Las estrellas del empeño

• El abuelo: se llama Richard Harrison y es el patriarca de la familia. Experto tasador y amante de los carros antiguos, abrió su tienda de empeño en 1988, después de retirarse de la Marina estadounidense y del mundo de los bienes raíces.

• Rick Harrison: hijo de Richard Harrison, es especialista en detectar mercancía atractiva y sacarle un amplio margen de ganancia. Avispado y tenaz negociante, es la mente maestra –y la chequera– tras las compras importantes de la Gold and Silver Pawn Shop.

• Corey Harrison: hijo mayor de Rick, es el gerente de operaciones diarias de la tienda. Desde niño aprendió los gajes del negocio y se vislumbra como su futuro propietario, aunque aún tiene mucho que aprender. Su especialidad es el avalúo de relojes.

• Austin “Chumlee” Russell: el mejor amigo de Corey trabaja con los Harrison desde hace años. Es uno de los personajes más populares del programa por su candor, su cuestionable criterio de inversión y su carisma para atender al cliente.