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El año musical de Mariaca Semprún / Francisco Fernández

El año musical de Mariaca Semprún / Francisco Fernández

No hubo telenovelas ni películas; este año se dedicó por completo a la música. El lanzamiento de su primer disco, un espectáculo de canciones y poesías a tres manos y una obra musical son los hitos con los que la actriz y vocalista Mariaca Semprún refrendó su faceta como cantante. Aquí hace un balance de este año melodioso

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"Yo no soy la tipa. En serio". Cuando el director Gabriel Díaz le ofreció a Mariaca Semprún encarnar a la Lupe, se topó con una pared de incredulidad. "Él es un director venezolano que vive en Alemania y decidió que quería volver para hacer un musical sobre la Lupe. No nos conocíamos de nada. Él vio videos míos en Youtube, me citó y me preguntó si lo quería hacer. Yo le dije que no cantaba así, que no me parecía a ella y que como actriz no estaba segura de poder hacerlo", confiesa. Díaz insistió.

Semprún apenas accedió a hacer una prueba grabándose a sí misma, a ver si lograba los registros vocales de la estrella cubana. Quizás.

Quién quita. "Me di cuenta de que con ciertas técnicas me podía acercar un poco y Leonardo (Padrón, su pareja) me animó a pensarlo, pero honestamente nunca me imaginé que podía hacer algo así. Lo asumí como una aventura que me podía ayudar a mejorar como actriz y en la que iba a trabajar con un grupo de gente totalmente nuevo".

Bastó que se decidiera para sumergirse en la dimensión Yiyiyi, con meses de estudio sobre la vida y obra de la cantante. Ocho horas diarias de ensayo. Colores vibrantes y letras desgarradas. Uñas y pestañas infinitas. "Unos dicen que esa personalidad suya en el escenario era una forma de hacer catarsis y otros, que era producto de las drogas. Lo que a mí más me interesaba era entender esa reacción que ella generaba en la gente y por qué".

Semprún indagó sobre cada disco y lo cotejó con cada período de su vida. "A ella le gustaba este país. Grabó aquí un álbum que se llama La Lupe y su alma venezolana y fue reina de los Carnavales de Caracas. Todo eso me nutrió porque pude entrevistarme con gente que la conoció. También leí sobre el contexto de Cuba para entender cómo influyó en su vida el exilio y el veto en su propio país". A la vez, estudiaba gestos e inflexiones. "La verdad es que a pesar de que yo estuviera haciendo mi mejor esfuerzo, igual no sabía si la gente iba a tomar mi versión como una aproximación digna o un insulto. Eso es lo delicado de interpretar a un personaje de la vida real. Tengo amigas actrices que me decían: `¿la Lupe? ¡Qué peo! ¿Tú eres loca?’. Claro que tenía miedo".

La reacción entusiasta del público y de la crítica la tranquilizó. Hoy asegura que "La Lupe: la reina del desamor" le cambió la vida como actriz. ¿Cómo termina tras cada función? "Salgo gateando. No es un espectáculo que se pueda hacer tres días seguidos porque vocal, mental y espiritualmente es agotador. Para imitar su voz tengo que romperme la mía un poquito, con cuidado". ¿Qué tanto se deja arrastrar por la intensidad del personaje? "Hay cosas que están en el guión, pero claro que a veces toca dejarse llevar. Yo converso con el público, bailo, brinco.

Una vez casi quemé el escenario porque cerré de golpe un altar con velas y aquello se prendió.

La gente creía que estaba en el guión y yo de reojo veía a los técnicos ya listos con los extintores. Logré que no entraran a escena porque al final pude apagarlo yo misma, pero eso sí fue un show", relata. "Cada función me deja en el suelo. Lo que no deja de emocionarme nunca es la reacción del público. Voltearme al final y ver a la sala aplaudiendo de pie siempre me da ganas de llorar".


Dale play. Cuando se planteó en 2011 hacer su primer disco, Semprún no tenía claro cómo quería sonar. Su pasticho de influencias musicales --como parte de su formación vocal ha cantado ópera, merengue, boleros, música electrónica, jazz y temas de musicales de Broadway-- la abrumó en la búsqueda de su propia identidad. "Por eso el disco se llama Buscando una canción. Son diez temas que mezclan sonidos y temáticas que me interesan". Siete son suyos. "Valle bipolar" es un canto ansioso a la dualidad de Caracas. "Corazón ciego" es una balada que se escuchó en La mujer perfecta. En "Tiempo" participan dos de los integrantes de Cuarto Poder. "A medida que la escribía me sonaba a hip-hop. Los llamé e hicimos una colaboración muy chévere.

Empiezo siempre desde la letra, a partir de una frase que yo sienta redonda, y después hago la melodía".

Si se tiene como pareja a Leonardo Padrón, ¿qué tal es el compromiso de mostrarle las letras? "¡Yo sudaba!", confiesa. "Pero él siempre me apoyó. A veces me entusiasmaba con cosas que quería ponerle al disco y él me decía: `Dale, haz lo que tengas que hacer". Oración es un poema de Padrón que ella musicalizó. También ejecuta una versión de Es verdad, de Ilan Chester, y del Summertime de Gershwin. "La gran ventaja de financiarme mi propio disco es que pude hacerlo como quise y sin la presión de una fecha de entrega. Lo complejo es que es un proceso muy caro. Yo pedí un crédito para poder montarlo y todavía lo estoy pagando, pero quise sacar el disco ya porque sentía una necesidad enorme de mostrar mi música. Me emociona muchísimo cuando me mandan por Twitter fotos de alguien que lo recibió como regalo o que se lo compró y le gustó. Siento un agradecimiento que no tiene precio".

¿Es más fácil promocionar un álbum cuando se es actriz? "Para conseguir entrevistas, sí, porque es otra faceta y a la gente le llama la atención. Pero en la radio pensé que iba a ser más fácil y resultó que no te da ninguna ventaja en particular. Impulsar un disco es un trabajo grande. Afortunadamente tengo unos fans increíbles que me ayudan y que siempre están pidiendo las canciones". Hay quien le ha sugerido que grabe de una vez los temas de la Lupe como un disco homenaje. También le gustaría hacer un álbum que rinda tributo a cantautores como Frank Quintero, Ilan Chester o Yordano. "Tengo muchas ideas, vamos a ver qué se da".


Nada se pierde. Este año Semprún compartió escenario en un concierto con Yordano e interpretó la Tonada del cabrestero en el tributo a Simón Díaz. También cantó recientemente en vivo Oh Holy Night, el tema que interpreta en el disco Luz: una Navidad celta en Venezuela de Gaélica --nominado al Grammy Latino 2013 como mejor álbum folklórico-- con una voz que no se parece a la de su propio disco.

"Es algo que me gusta: que cada canción tenga una identidad vocal que se adapte a lo que esa letra pide", apunta. También estrenó El DesConcierto, un espectáculo de música y poesía con Aquiles Báez y Leonardo Padrón donde cada cual presenta, improvisa o fusiona material propio y prestado. "Lo hemos llevado a varias ciudades y es muy rico de hacer porque cada función es distinta. Cada uno es libre de aportar lo que más le gusta".