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Mantener el equilibrio

Cómo mantener el equilibrio / Mauricio Villahermosa

Cómo mantener el equilibrio / Mauricio Villahermosa

Lejos de reprimirlas, manejar las emociones tiene que ver con reconocerlas y saber canalizarlas. Acá los expertos explican qué hacer para que no sean ellas las que tomen las riendas, especialmente cuando se viven momentos difíciles

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Todos tenemos un poco de malabaristas. Al menos en el mundo de las emociones, vivimos tratando de mantener varios elementos en equilibrio con una agilidad que a veces nos sorprende a nosotros mismos. Sin embargo, hay momentos en que es tanto lo que hay que lanzar y recoger, que las piezas empiezan a caerse y terminamos sintiéndonos, más bien, dentro de una piscina de pelotas de un parque infantil. La sensación de ahogo es total.

En su libro Una mochila para el universo, la psicóloga española Elsa Punset introduce el tema de vivir con las emociones resaltando que si bien en el siglo XX la humanidad ha aprendido a sobrevivir físicamente, por fuera, el reto de este nuevo siglo –ante la cantidad de enfermedades mentales y emocionales que se diagnostican– será aprender los mecanismos que consolidan nuestra supervivencia por dentro. “De momento seguimos creciendo marionetas del complejo y poderoso conjunto de emociones que nos habita, nos mueve y nos arrastra hasta que las declaramos ciegas. Los ciegos somos nosotros, porque no hemos aprendido a comprender la fuerza de sus mandatos y, por tanto, nos vemos desbordados tantas veces por sus dictados”.

La buena noticia es que no hay que sentarse a esperar que los científicos de un laboratorio mezclen unos químicos y den con una fórmula. La receta es bastante simple, y los expertos no se niegan a compartirla, pero como cualquier procedimiento, requiere de práctica para conseguir los mejores resultados.

Energía en movimiento. Liliana Tonitto, coach, facilitadora y directora de InspirAcción, conoce los ingredientes y los procedimientos, y los comparte como esas reposteras generosas que no temen ser opacadas.

“Las emociones son parte de nuestra constitución como seres humanos. Vivimos en el sentir y eso es lo que nos lleva a la acción. No podemos quitárnoslas y dejarlas guindadas como quien se saca una chaqueta”, explica, para luego compartir una sencilla definición de emoción: energía en movimiento. “La clave está en aprender a reconocerlas, regularlas y canalizarlas. No pretender negarlas ni juzgarlas”, dice para el que desee tomar nota. “No hay emociones buenas o malas, todas aportan, y cualquiera de ellas –incluso la alegría– mal llevada, puede resultar perjudicial”.

Retomando la receta, el primer paso es entonces reconocerlas. “Una vez que la identificas, puedes actuar en consecuencia”, señala Tonitto, quien aconseja tratar de aquietarse y permitirse sentir para poder lograrlo.

Punset explica en su libro que poner nombre a un sentimiento reduce su intensidad y devuelve el poder de decisión a la parte más racional de la mente. La autora señala que, por ejemplo, estudios de la Universidad de California demuestran que cuando se nombra una emoción, la corteza prefrontal del cerebro fabrica péptidos que inhiben la amígdala (el centro emocional del cerebro) cuando está sobreactivada. Como explica Punset, la inteligencia emocional tiene mucho que ver con equilibrar y armonizar la parte emocional y la parte racional del cerebro.

“Cada emoción te apunta distintos aspectos”, indica Tonitto para continuar con la receta. “La tristeza es una sensación de pérdida, por eso cabe preguntarse qué se echa en falta. La rabia, por su parte, tiene que ver con la impotencia, y entonces toca revisar qué es lo que quiero hacer pero no puedo y si tengo otra manera de conseguirlo. El miedo es una percepción de amenaza”.

También afirma que las emociones son indicadores de cómo interpretamos lo que nos ocurre. “Tus reacciones y sentimientos te dan más información sobre ti mismo que sobre la situación”.

Por eso señala la importancia de asumir la responsabilidad de lo que se siente, observarse y también ser compasivo con uno mismo. “Cuando me tomo el tiempo para reconocer y no negar lo que siento, veo en qué se fundamenta, me doy cuenta de los juicios, las creencias que están involucradas, y la emoción se transforma. Nos permite ver qué es lo que realmente queremos y lo que tenemos que hacer para conseguirlo”.

No dejarse secuestrar

Ya está entendido que no se trata de anular o negar las emociones. Por ejemplo, el miedo puede salvarnos la vida haciéndonos huir de un peligro, mientras que la ira puede darnos el impulso para defender aquello en lo que creemos. El secreto, como dice Punset, es aprender a gestionarlas para que su fuerza no sea arrolladora y su expresión pueda manifestarse en la medida de lo que se necesita para resolver un conflicto de forma constructiva. Por eso la autora dice que cuando una persona se molesta, es víctima de un secuestro, pues se convierte en rehén de una respuesta automática. “Sabemos que el cerebro tiene una parte más emocional y otra más racional. La parte más emocional incluye la amígdala, una especie de guardián del cerebro que tiene el poder de secuestrar al resto de la mente más racional en un milisegundo”. Afortunadamente la neurociencia revela que hay “un cuarto de segundo mágico” durante el cual se puede rechazar un impulso emocional destructivo. “Si logras detectar las señales del enfado antes de que estos automatismos emocionales te hayan secuestrado podrás controlarlos”, dice Punset. ¿Fácil? Claro que no, pero al menos se sabe que es posible.

Explica Tonitto que contener las emociones –no quiere decir reprimirlas sino darse la oportunidad de serenarse y no dejarse llevar por el primer impulso-  es lo que permite que aparezca el diálogo y el respeto. “Eso se ve en todos los niveles, con uno mismo, con la pareja, con los hijos, con los compañeros de trabajo, con los jefes o con los vecinos, y es lo que permite llegar a acuerdos constructivos”. Por eso, además de tomar conciencia, los expertos recomiendan respirar y meditar. “Aquietar la mente es lo que te permite estar mucho más presente y manejar la asertividad. Si no estás centrado, te haces preso de un maremoto de emoción”.

Serenidad exprés

El neurólogo Ciro Gaona cree firmemente en el poder sanador de la meditación y la oración para el cerebro, pero señala un sencillo ejercicio de respiración con excelentes efectos. “Si yo me concentro en inspirar y exhalar sólo tres veces, pero concentrándome en mi respiración, en ese momento logro estar plenamente en el momento presente, liberando todo el peso del pasado y borrando los nubarrones del futuro”, expresa quien invita a hacer esto a diario (o cada vez que sea necesario), y asegura que los efectos son inmediatos. Invita, por supuesto, a ir aumentando el número de respiraciones, algo que quien se anime, hará sin problema. Y afirma que si se hace repitiendo frases positivas, de gratitud y buenos deseos para los demás, los efectos se potencian.

Cuidando el vehículo

Cuando alguien sabe mucho de algo muy complejo, echa mano a las metáforas para explicarlo mejor. Eso es lo que hace el neurólogo Ciro Gaona para hablar del objeto de su afecto: el cerebro. “Es como un carro –insustituible, maravilloso, con todo un universo por dentro– y la vida es la vía que recorremos con ese vehículo. A veces está bien pavimentada, con buena luz, pero otras veces tiene obstáculos, fallas de borde, baches... Como no podemos controlar siempre las condiciones de la vía, lo mejor que podemos hacer es mantener nuestro carro en el mejor estado posible, para que se pueda afrontar lo que se presente”. Para lograr esto, Gaona insiste en la importancia de alimentarse sanamente, cuidar el sueño, atender las enfermedades crónicas que se sufran (diabetes, hipertensión, etc.) o prevenirlas, y sobre todo mantenerse activos física, mental y espiritualmente. “Esta es la forma de que tu cerebro esté bien, a pesar de todos los baches que aparezcan, y te ayuda a superarlos”, insiste este entusiasta de la vida y defensor a ultranza de la importancia del ejercicio. “Existe evidencia científica de que cada vez que te ejercitas tus neuronas están mejor cuidadas. Estarás más creativo, más atento, motivado, tendrás más iniciativa, más capacidad de tomar decisiones y en mejores condiciones emocionales. Si yo estoy preocupado, pero camino a diario, estoy mejor preparado para defender mis ideas y proyectos”, dice quien invita a cultivar la felicidad. “A todos nos interesa que todo el mundo sea feliz, sean nuestros amigos o no. Porque uno recibe lo que da. No hay manera de conseguir la felicidad si no procuras la de los demás”.

Evitar el contagio

Por razones de supervivencia los seres humanos hemos aprendido a imitar a los demás. Hay estudios que indican que la presión social puede hacer cambiar las decisiones porque el cerebro nos alerta cuando no pensamos como los otros y nos recompensa cuando nos conformamos con la mayoría. En Una mochila para el universo, Elsa Punset recomienda algunas acciones para no dejarse contagiar de las emociones negativas:

• Escuche las emociones pero no baile siempre con su música. Filtre el contagio emocional de forma consciente. Recupere la libertad al sentir y pensar.

• Exagere los activadores del buen humor: coma chocolate, haga deporte, baile, salga con sus amigos.

• Elimine o limite lo que le desgasta: la crítica interna, las personas amargadas, las luchas de poder. Reemplácelos con situaciones y personas positivas.

• Ponga el foco en lo positivo (en lo que se hace bien, en lo que le hace sentir bien), ya que el cerebro, de forma natural, pone el foco en lo negativo.