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Madres deportistas

A Vanessa Fariña ningún deporte la enganchaba, hasta que un amigo la llevó a una pared de escalada en un centro comercial, hace 19 años | Foto: Mauricio Villahermosa

A Vanessa Fariña ningún deporte la enganchaba, hasta que un amigo la llevó a una pared de escalada en un centro comercial, hace 19 años | Foto: Mauricio Villahermosa

Son expertas en disciplinas tan exigentes como el kitesurf, el paddle, el yoga o la escalada, y ahora comparten ese estilo de vida con su descendencia. Cuatro madres venezolanas ofrecen detalles sobre cómo compaginar la maternidad con la práctica deportiva

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Kitesurf maternal

Adriana Ayala tenía 40 empleados a su cargo como productora ejecutiva de un canal de televisión. Vivía en Brasil, pero visitaba Venezuela constantemente, y en uno de esos viajes descubrió el kitesurf en Margarita y ya no quiso continuar con el ritmo de trabajo acelerado. El replanteamiento incluyó mudarse a playa El Yaque, convertirse en una experimentada kitesurfista, abrir una tienda y, posteriormente, una marca de trajes de baño diseñada especialmente para las mujeres que, como ella, desafían las olas y el viento a diario. Y cuando con su pareja planeaba recorrer el Caribe en kitesurf, se enteró de que estaba embarazada: "Comencé a averiguar si podía compaginar el embarazo con el kitesuf, pero no encontraba nada en Internet. Acudí a médicos en Caracas y en Margarita y estuvieron de acuerdo con que podía continuar mi práctica porque era experta. Me dijeron que el cuerpo me diría hasta cuándo podría hacerlo, que si me sentía cansada, mareada o perdía el equilibrio tendría que parar. Pero mi embarazo fue tranquilo. Eso sí, navegué hasta el séptimo mes con el mar sereno y en días de poca gente y nunca sentí que estaba en peligro".

Dos meses después de dar a luz a su hijo Jesús, Ayala volvió a su pasión. Un par de meses más tarde el bebé se daba el primer baño de mar. Y mientras el niño crece se involucra en la práctica de la madre sujetando la barra y ayudando con pequeñas tareas. Esta kitesurfista considera que la maternidad es un plus para su práctica en vez de una limitación, porque si bien el tiempo que le dedica ahora es más reducido, se ha sumado otro integrante que disfruta de su afición tanto como ella: "Me hace sentir plena que mi bebé sea tan apasionado por el mar como su papá y yo. Cuando ve el mar sale corriendo, grita de emoción, cuando me ve navegar lo hace con admiración. Al principio puede ser un poco frustrante darte cuenta de que no tienes tanto tiempo o de que tu ritmo es más lento. Pero si tienes la mentalidad de que ese bebé va a formar parte de tu vida, será así. Tendrás que organizarte mejor, pero lo podrás hacer".

Para las madres que, como ella, tienen una práctica o afición deportiva, Ayala comparte lo aprendido: "Es un nuevo rol; ya no eres deportista sino mamá deportista, y eso no es una limitación sino una ventaja. Te repotencias, te iluminas. El consejo es no perder la esencia. Mi hijo me ve como un ejemplo y el ejemplo debe ser una mujer feliz que disfruta de lo que hace"

En Instagram: @mamasurfista

El paddle como aventura

La natación, la apnea, el rugby subacuático y el triatlón mantuvieron a María Gabriela Orijuela centrada en la práctica deportiva desde muy niña, pero ser una "surfista frustrada", como ella describe, la llevó a descubrir el paddle o surf de remo, que no solo se convertiría en una afición, sino en la fuente de muchas alegrías para los seguidores de ese deporte, como haber ganado el campeonato nacional de la disciplina y cuatro campeonatos suramericanos. En los dos embarazos, sus hijas Anabella e Isabella, de siete y cinco años de edad, la han acompañado en las prácticas, y ahora son sus compañeras de paddle: "Cuando estuve embarazada cambié la apnea por la natación con aletas y también hice yoga. Con la más chiquita me dijeron que no podía trotar, pero sí patinar porque tenía dominio de la práctica, y lo hice. Mis hijas han estado conmigo en todas mis andanzas, hacen yoga y ciclismo, pero el paddle ha sido la mayor conexión porque pueden ponerse el visor, ver animalitos. Un día vemos rayas, otro día vemos peces. Están conmigo en mis aventuras, pero siempre con seguridad". A los tres días de descubrir el paddle sus pequeñas hijas ya estaban con ella en el agua y no solo la acompañan regularmente, sino que se convirtieron en la razón de un cambio de vida radical: renunciar a su trabajo en una constructora para tener una escuela de ese deporte y más tiempo para compartir con la familia: "¿Qué es lo vital para cambiar a Venezuela? Sembrar amor y respeto. Escuchar los cuentos del colegio, que para las niñas son importantísimos y los relatan con emoción, cantar juntas en el carro, poder estar presente para ellas fue lo activó la idea de crear la escuela de paddle. Allí puedo recibir niños desde que aprenden a sentarse solos".

Para Orijuela, mejor conocida en el medio deportivo como "Titi Catira", la maternidad es un proceso de autodescubrimiento que implica el esfuerzo por no abandonar las actividades propias: "Ser madre te lleva a tener un trabajo interior que te transforma cada día, pero no puedes dejar de ser mujer, necesitas tus espacios para seguir siendo un individuo feliz y sano. Aunque sea media hora que le dediques a tu deporte no hay que dejar de hacer lo que te nutre".

En Instagram @Titicatira

La escalada compartida

A Vanessa Fariña ningún deporte la enganchaba, hasta que un amigo la llevó a una pared de escalada en un centro comercial, hace 19 años. Allí su perspectiva cambió: "Comencé en La Guairita y luego en el muro del parque Naciones Unidas. Hasta que quedé embarazada hace poco fui parte de la selección del Distrito Capital. La escalada te permite estar en contacto con la naturaleza, viajar, conocer gente. Es una disciplina que me nutre y es vital para mi día a día". Fariña escaló durante dos meses sin saber que iba a tener un bebé, y al enterarse, consultó con el médico para conocer los límites de la práctica: "La doctora me dijo que podía escalar hasta el quinto mes, pero luego de eso seguí entrenándome físicamente e hice yoga. Dos meses después de la cesárea retomé la escalada, pero debí comenzar de cero, tienes que volver a retomar la fuerza y la resistencia". Su hija Valeria tiene ahora cinco años y a los tres comenzó a escalar en muro, pero desde hace un año escala en roca. Para Fariña, es una alegría saber que puede compartir una afición vital con Valeria: "En algún momento dudé sobre si iba a poder continuar con la escalada, no sabía con quién iba a dejar a mi hija. Pero mi esposo también escala y entre los dos nos turnamos. Ojalá pudiésemos compartirlo más y que ella evolucione hasta niveles de competencia, sería buenísimo porque es una conexión hermosa".

Fariña espera que la escalada se convierta en una herramienta para que Valeria aprenda a asumir los retos cotidianos: "Los deportes ayudan a los niños a tener seguridad, disciplina, fuerza, una manera diferente de ver el mundo. Mi hija valora el contacto con la naturaleza, que es algo que ahora muy pocos niños pueden hacer. El deporte te da constancia para lograr tus metas. Si te caes, tienes que levantarte, como en la vida".

Yoga para la calma

La sugerencia de una amiga para bajar el estrés causado por su hija inquieta la llevó al yoga. Y lo que inicialmente comenzó como una práctica relajante para sobrellevar una maternidad primeriza se convirtió en misión de vida. Susana Ferrer pasó de practicante a profesora de yoga y, además, decidió enfocar su nueva pasión en clases para toda la familia, para favorecer la conexión entre padres e hijos: "Con el yoga he adquirido voluntad para hacer las cosas, también fortaleza y valentía. Ya no veo mi vida sin el yoga, todos los días hago mi práctica". Su hija mayor, Daniela, participa de la disciplina desde los dos años (ahora tiene 10) e Isabella, de seis años nació justo después de una sesión, así que Ferrer dice con hilaridad que su hija menor hacía yoga "desde que estaba en la barriga". Ambas la acompañan en las prácticas e involucran a sus amiguitas en esa disciplina, de la que también han aprendido a alcanzar la quietud mental con la práctica de la meditación.

Las clases familiares y gratuitas dictadas por Ferrer, llamadas Yoga Conexión Familia, vienen de la conjugación del conocimiento en yoga con su licenciatura en Educación Preescolar. Su idea es continuar con la disciplina a largo plazo y expandir los beneficios entre padres e hijos. De hecho, el siguiente paso, cuenta, es llevar las clases a los colegios.

Más allá del yoga, para Ferrer el deporte es vital para el desarrollo integral de un niño: "Les ayuda a desarrollar la concentración, la memoria, la movilidad. Mejora su capacidad respiratoria, los vuelve más centrados emocionalmente".

En Instagram @SusanaFerrerYoga