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Un parque que da para todo

Yoga una de las actividades que realizan en el Parque Generalísimo Francisco de Miranda

Yoga una de las actividades que realizan en el Parque Generalísimo Francisco de Miranda

Desde los clásicos runners madrugadores, hasta grupos de yoga, clases multitudinarias de bailoterapia y cofradías de sanación holística, el Parque Generalísimo Francisco de Miranda ­mejor conocido como parque del Este de Caracas­ es un crisol de tribus urbanas que utilizan ese espacio para refugiarse del caos citadino y encontrar sus propias trincheras de deporte y ocio

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Es sábado en la mañana y el pronóstico de día lluvioso precedido por una semana de aguaceros intermitentes y despiadados se disipa al salir del Metro. Los clásicos vendedores de pelotas, chupetas de chocolate, arroz chino y chucherías intentan llamar la atención de una familia numerosa ­parecen más bien como tres familias juntas­ que entre gritos y chistes se abre paso entre el gentío que, al igual que ellos, desea entrar al parque. Una vez superado el embudo de la entrada, los niños del grupo multifamiliar sale corriendo en todas direcciones sin hacer caso a las advertencias de los mayores y se desperdigan a lo largo y ancho de las 77 hectáreas del Parque Generalísimo Francisco de Miranda junto a los que hacen lo propio bien sea caminando, trotando, corriendo, en patines, patinetas, persiguiendo una pelota, en fila india cantando canciones de plan vacacional, uniformados para practicar artes marciales o con el mat bajo el brazo para practicar yoga. Son pequeños grupos que hacen vida en ese espacio, y que retratan la diversidad de un lugar que los caraqueños se niegan a perder y abandonar.

Y sin embargo, te quiero

Una cosa es cierta: el Parque del Este no está en su mejor momento.

Pero aun así, sigue siendo uno de los lugares predilectos para quienes les gusta ejercitarse al aire libre. A mitad de mañana, un grupo de corredores se abre paso entre otro de boyscouts que camina en sentido contrario. Pero si hay algo que abunda en el parque ­tanto como los runners­ son los grupos que van a practicar artes marciales. Generalmente todos están uniformados y en su mayoría son adolescentes y adultos jóvenes, salvo los grupos de tai chi (que son muchos), integrados casi siempre por adultos mayores. En la redoma sur de la laguna de los patos, en la zona este del parque, se ubica un grupo que practica Arnis Baraw, que, según Francisco Bello (ingeniero e instructor de esta disciplina), es un arte de combate filipino de defensa personal, en el que el practicante aprende a defenderse contra ataques ejecutados con garrotes o armas blancas. Su grupo de alumnos entrena en parejas o tríos para perfeccionar unos movimientos que, se espera, puedan ayudarlos a salir airosos en un momento difícil. Más abajo, cerca del Planetario Humboldt, un grupo numeroso (casi 100 personas) vestidas con franelas blancas y pantalones morados ejecutan movimientos lentos con sus manos. Una señora con rostro afable explica que se trata de Tempe Cume, una técnica basada en movimientos energéticos que ayudan a liberar el estrés y producen un efecto sanador. A juzgar por todas las personas que hay (divididas en grupos, cada una con su guía) parece que funciona. Del otro lado, frente al aviario, otro grupo bastante significativo, con franelas que identifican a la escuela Pachi Tanlag Chuan Venezuela, se dedica a practicar tai chi, mientras que detrás de la concha acústica se llevaba a cabo una clase de yoga. A lo largo del parque, es posible encontrarse con grupos de niños practicando kárate, equipos de fútbol infantil, jóvenes que practican parkour y hasta un equipo de rugby que usa los espacios para entrenar. Al día siguiente, y para cerrar la semana, una clase multitudinaria de aero- fighting y bailoterapia espera a los visitantes después de las 9:30 de la mañana en la Concha Acústica. A las 10:00 am, justo detrás de esta estructura, se concentran los participantes del Yoga de la risa, mientras que a las 11:00 am, un grupo de practicantes de reiki ofrece sus terapias de sanación de manera gratuita a todo el que quiera acercarse, diagonal a la jaula del águila harpía. En este parque quien no se active es porque no quiere.