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Insuperable Madonna

Madonna volvió a despertar polémica esta semana cuando en un videoclip se refirió a Barack Obama como un "musulmán negro” e instó a sus fans a votar por él en las próximas elecciones. Luego tuvo que aclarar que el comentario era irónico

Madonna volvió a despertar polémica esta semana cuando en un videoclip se refirió a Barack Obama como un "musulmán negro” e instó a sus fans a votar por él en las próximas elecciones. Luego tuvo que aclarar que el comentario era irónico

La eterna rubia de 54 años de edad sigue intacta en su trono de reina del pop y no da señales de querer bajarse. El pasado 13 de noviembre ofreció un concierto excepcional en Nueva York ante 24.000 personas que se rindieron ante ella. Aquí el relato de lo que ocurrió esa noche en el Madison Square Garden

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La idea de ver a Madonna en un show es una tentación recurrente. Verla en vivo se convierte en una imperiosa necesidad sobre todo cuando se piensa en el fantasma del retiro latente sobre sus hombros. Nadie quiere perderse a la reina. Eso lleva a imaginar cómo hubiese sido un concierto en vivo de Michael Jackson o el concierto que dio Queen junto Freddy Mercury hace 31 años en Caracas. Qué no daría cualquier fan de los Rollings Stones por verlos en vivo en el concierto de su 50 aniversario. No quedarse con las ganas, más que un impulso, es un deber.

I love New York

El huracán Sandy acababa dejar su estela de estragos en Nueva York y amenazaba con suspender el viaje, cosa que no aminoraba los ánimos. Unos días antes de comenzar el periplo, la página oficial de Madonna envió un correo que anunciaba: “Tickets for MDNA tour at MSG, 12th & 13th nov. Available now”. Una invitación ineludible. El huracán no amilanó a La Gran Manzana y mucho menos a la Reina del Pop.

Ver a Madonna en Nueva York es como ver al Papa en el Vaticano. La polémica rubia siempre le regala algo más a su ciudad natal, de eso que no quede duda. Ese día (martes 13), de mal augurio para los norteamericanos, podía haber pasado cualquier cosa digna de la mas intrincada trama de cine gore: una nevada, un nuevo huracán, que Madonna se enfermara, que a Rocco (su hijo que participa en el show) le diera tosferina. Todas esas dudas y miedos que la Kabbalah (disciplina que practica Mrs. M) invita a desechar, afloran sin motivo alguno por la ansiedad. Mientras la hora se acercaba, la imagen en letras mayúsculas de la hoja de reservación recordaba que había que estar una hora antes del concierto para retirar las entradas.

A las 7 de la noche abrían las puertas. A las 6 pm no había aún una multitud agolpada en la entrada del Madison Square Garden. Qué raro. En la entrada estaban apostados quioscos con mercancía referente al concierto: libros, DVD, franelas, suéteres, gorras. Luego de las compras nerviosas y de pasar por la taquilla pasaporte en mano para retirar las entradas, comienza a verse un cúmulo de gente esperando a que abran las puertas. Pero ¿dónde están los 24.000 fans que caben en el Madison?

Al subir las escaleras hasta los asientos y ver la tarima lista con el último disco de la cantante como telón de fondo da escalofríos. Comienza la respectiva sesión de fotos para Facebook y de repente, una voz dice: “¡Hey you! ¡Come  on, You are at Madonna’s concert! Don’t be simple, ¡strike a pose!” (Hey tú. ¡vamos! Estás en un concierto de Madonna. No seas simple: posa). Una mujer del color ébano más hermoso, con un afro contundente y un outfit que parecía salido de la misma Vogue, comienza a posar y a demostrar lo que una fan de Madonna está dispuesta a hacer. A los cinco minutos Athina (así es su nombre) era como de la familia. Veinte minutos después, otros seis venezolanos se sentaban en la misma fila.

Eran de San Cristóbal. En los pasillos también se avistó a un grupo de Carúpano. El cuadro variopinto de los asistentes cercanos lo completaban cuatro brasileños, tres ingleses que discutían entre sí sobre lo copiona que es Lady Gaga, seis españoles revoltosos y una chica que extrañamente no se movió en todo el concierto. Las luces se apagaron y apareció en escena como telonero Martin Solveig, un Dj francés que participó en la producción de varios temas del disco MDNA. Luego de hora y media el lugar está lleno. La Ciccone aparecería casi dos horas después.

Salve reina

En el MSG no cabía un alma más.  No era de extrañar. Madonna había agotado 74.000  entradas en 20 minutos en el Yankee Stadium. Si se suman las dos funciones seguidas de 24.000 personas cada una en el Madison Square Garden, hacen que casi 124.000 fanáticos hayan disfrutado del show sólo en Nueva York. Arthur Fogel, presidente de Live Nation, anunció en abril que esta gira estaba a punto de entrar entre los diez mejores tours de todos los tiempos. Hasta esa fecha el MDNA Tour había vendido 1,4 millones de entradas generando 214 millones de dólares.

La espera se había hecho eterna. Muchos incluso ya dormían en las sillas. Unas filas más abajo, varias sexagenarias brincaban y se tomaban fotos. Había cientos de disfraces: el más repetido era el de la virginal novia. Cerca de las 11 pm, las luces se apagaron y los gritos no se hicieron esperar. Todo el mundo se puso de pie para recibir a la reina. En el escenario, varios bailarines vestidos de monje comenzaron a sonar campanas mientras otros balanceaban un incensario parecido al botafumeiro de la Catedral de Santiago de Compostela. Las pantallas transformaron el escenario en una iglesia gótica, oscura, y llena de crucifijos. Se escucharon cánticos y un ¡Oh my god! desató el furor del público. La inmensa pantalla posterior se abrió por la mitad y apareció un nicho en donde estaba montada Madonna. Allí comenzó a recitar su Act of contriction.  Cuando bajó del nicho y cantó su primer tema, Girls Gone Wild, la locura del público fue incontenible. Allí estaba ella, invicta, brincando como una pantera por el escenario, con una energía inagotable interpretando temas como Gang Band o Papa don’t preach, sin señal de cansancio.

Madonna sabe dónde poner cada elemento en sus shows. Luego de un cambio de vestuario interpretó Give me all your luvin’ , tema principal de su disco (el mismo que presentó en el intermedio del Super Bowl). Una banda marcial vuela desde el techo mientras ella hace lo propio como cheerleader en la tarima. Luego cantó Express yourself en un mashup con Born this way (tema por el que acusa a Lady Gaga de plagio). Remató la escena con el tema She’s not me (Ella no soy yo) con un peculiar acento en la última frase and she never will be (y nunca lo será) con alusiones obvias.

Otro momento irrepetible en el concierto de Nueva York ocurrió en medio de uno de los descansos. “Les tengo una sorpresa, pero necesito su ayuda”, anunció Madonna. De fondo, comenzó a sonar una melodía conocida y pegajosa. De la nada apareció Psy, el rapero surcoreano que ha batido records en You Tube (su video lo han visto más de 814 millones de personas), con su chaqueta encarnada e interpretando su popular Gangnam style mientras el delirio tomaba el Madison y Madonna y sus bailarines lo acompañaban en una coreografía.

La diva desapareció para interpretar luego, con otro vestuario, Justify my love, Vogue, Human nature y rematar con un singular striptease a beneficio de las víctimas del huracán Sandy. “No estás siendo generoso Nueva York”, “Hey mi culo está pasando frío. Necesito su dinero”. Mientras interpretaba Like a Virgin de forma provocativa y la gente arrojaba montones de billetes verdes, las pantallas reflejaban un trasero tan firme como una roca. En este punto ya el show rebasaba las dos horas. La ambición rubia regresó para rematar con cuatro temas y su archiconocido Like a prayer. No se sabe exactamente cuantas veces Madonna ha interpretado este tema, con un coro detrás, su mítica bata y la corista haciendo la segunda voz. Verlo en vivo, con casi 100 personas en escena y 24.000 personas coreándolo, estremece a cualquiera.

Madonna terminó su show con Celebration mientras su hijo Rocco, todo un teenager, bailó mientras la madre lo observaba. Finalizó el tema y en un parpadeo terminó la magia. Los venezolanos de la derecha comienzan a pedir otra (¿o era una Orquídea?) Pero en vano. Ya los técnicos comienza a recoger. El show ha terminado. La reina sigue con su título intacto en la monarquía del Pop. No hay discusión.