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Inspirulina: En la salud y en la enfermedad

Algo que tienen en común las personas que superan enfermedades es que no se identifican con la afección que padecen / Ilustración: Alejandro Ovalles

Algo que tienen en común las personas que superan enfermedades es que no se identifican con la afección que padecen / Ilustración: Alejandro Ovalles

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Basta un quebranto para recordar lo bien que se siente estar saludables. Es como descubrir cuánto amamos a alguien luego de su ausencia. Estando sanos nos parece que la salud es lo más natural o, incluso, algo permanente. Pero no siempre es así, en algún momento nuestro organismo se requiebra y entonces comprobamos que vivir encierra una dosis de fragilidad que debemos honrar y proteger.

Estos últimos meses he sido testigo de la frágil condición humana. Desde enfermedades hasta accidentes y lesiones, de alguna manera los problemas de salud han estado presentes. "Llegamos a la edad cuando nuestros padres enfrentan la vejez o ya se han ido" —me decía una amiga recientemente— "y nosotros también comenzamos a sentir en el cuerpo el paso de los años". Sin embargo, esto no es solo una cuestión de edad. En este tiempo tampoco han faltado las historias de niños en quirófano o pérdidas dolorosas. Quizás te ha sucedido algo similar.

No obstante, si somos objetivos estos meses no han sido diferentes a otros. La verdad es que siempre ha sido así, solo que cuando la fragilidad se manifiesta muy cercana entonces tomamos mayor conciencia de nuestro cuerpo y nuestra mente. Basta un quebranto, propio o de un ser querido, para recordar lo maravilloso que es gozar de una buena salud.

Amar la vida estando sanos es honrar la bendición del presente, pero hasta cierto punto resulta una práctica sencilla. Mucho más complejo es disfrutar la vida cuando las dolencias son asunto crónico, la realidad cotidiana o incluso un diagnóstico que se convierte en sentencia. Cuando nuestra fragilidad se hace más evidente hay una mayor necesidad de amor por la vida, con todo lo que ella encierra, nos guste o no. Solo aceptando la realidad tal y como se presenta logramos experimentar la vida en toda su amplitud. Parafraseando la liturgia cristiana del matrimonio, toca amarnos en todo momento: en la salud y en la enfermedad.

Algo que tienen en común las personas que superan enfermedades es que no se identifican con la afección que padecen. De un tumor hasta una parálisis, son capaces de ver más allá de la pérdida de alguna facultad o del dolor para reconocerse de una forma más integral y trascendente. Cuando dicen: "Yo no soy solamente este cáncer" o "Yo no soy únicamente este cuerpo que no se mueve como antes", lo que están diciendo es que su verdadero ser no está limitado por la condición que padecen. Son capaces de amarse de manera incondicional.

Igualmente importante es que las personas a su alrededor también vean más allá de los padecimientos, ofreciendo su amor, ayuda y compasión desde la dignidad en lugar de la lástima. Transformar el dolor o la angustia en acciones amorosas es el mejor apoyo que podemos darle a un ser querido.

La próxima vez que digas "lo más importante es la salud", préstale atención a la frase. Sin duda la salud nos permite disfrutar los placeres de la vida, pero para quienes la han visto afectada de manera temporal o permanente, lo más importante es el amor que reciban de los demás y el que se dan a sí mismos, pues nadie es menos por tener alguna dolencia. Pero cuando falta el amor le restamos vida a la vida.