• Caracas (Venezuela)

Todo en Domingo

Al instante

Inspirulina: Las cuentas del alma

Ilustración: Alejandro Ovalles

Ilustración: Alejandro Ovalles

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hace unas noches bebía unas botellas de vino con unos buenos amigos y la conversación derivó hacia la familia y los dolorosos asuntos pendientes, esas espinas clavadas en el alma que el perdón aún no cura. Poco a poco las historias fueron destilando los desencuentros acumulados por años, los resentimientos de lado y lado, las brechas abiertas en los terrenos del amor que de alguna forma buscaban salvar pero no sabían cómo hacerlo. Alguien comentó que su terapista le había recomendado que cerrara esas cuentas pendientes antes de que sus padres murieran. Siguió un breve silencio que sonó como un acuerdo. El perdón y la aceptación pueden llegar en cualquier momento, es verdad, pero mejor si llegan en vida.

La poderosa y compleja relación entre padres e hijos recorre un camino que es distinto para cada familia. En algunos casos muy fluido, en otros más tortuoso, ese transitar de los años puede derivar en un espacio de paz interna para cada quien, y también, en el mejor de los casos, en el núcleo familiar. Como posiblemente sabrás por experiencia propia no es siempre fácil, pero trabajar en alcanzar esa paz interna abre las puertas de una verdadera libertad, independencia y serenidad.

¿Cómo reconciliar esas cuentas del alma? No hay una sola respuesta. De existir una solución matemática, se quedarían sin empleo psicólogos, terapistas, consejeros y psíquicos. Las cuentas del alma no ajustan como una cuenta bancaria. No hay contabilidad exacta para el corazón.

Lo que sí existe es un camino para hacer las paces con esas cuentas: aceptarlas como son para que cada quien se apodere de su parte de la historia. ¿De qué hablo? En primer lugar de ver a cada quien como realmente es, no como quisiéramos que fuese. Tratar de tener un padre distinto, una madre diferente, un hermano o una hermana que fuese de otra manera, es un ejercicio doloroso e inútil. Es como esforzarse en tener un mejor pasado. Las personas son como son, toman sus decisiones (buenas o malas) según su conciencia y actúan desde sus emociones (de las cuales no somos dueños). Aceptar a los otros como son permite liberar la tensión de pretender cambiarlas y abre las puertas al perdón, que no significa condonar aquellos actos abusivos o que hayan causado un daño grave, pero sí aprender a hacer las paces con todo lo sucedido. Tampoco significa abandonarlas si es que nuestra ayuda o presencia puede ayudarlas, pero entendiendo en mente y corazón que hay límites que no podemos (o no debemos) traspasar.

Lo segundo, apoderarse de la historia personal es encontrar la coherencia y el sentido dentro del sistema familiar. Es explorar, aceptar e integrar la parte que toca de la historia familiar para llegar a un espacio de balance interno que no depende de lo que hagan o no hagan los demás miembros. Aquí el trabajo es para adentro, y de esa manera se cambia la relación con lo que está sucediendo afuera. Cuando nos apoderamos de nuestra historia nos hacemos responsables de nuestra parte del pastel, y lo que hagan los demás, que sin duda afecta, podemos verlo con mayor claridad y una sana distancia.

Cuentas claras conservan amistades, dice el refrán, y con las cuentas del alma la claridad tiene que ver con tomar conciencia para traer a la luz lo vivido y hacer las paces con todo ello. Sin pretender que sea una cuenta exacta, pero al menos, que arroje un balance positivo en la columna del amor.