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Inspirulina: Habla y actúa

Ilustración Alejandro Ovalles | jaoc28@yahoo.com

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Como bien dice el refrán, del dicho al hecho hay un trecho. O puesto de otra forma, no basta con hablar, hay que producir. Si todo lo que pidiéramos se convirtiese en realidad por arte de magia, la vida sería a pedir de boca, ¿cierto? O quizás sería un infierno, porque mira que hay gente cuyos deseos son endiablados. En todo caso, las cosas no suceden simplemente porque las hablemos. Después de la conversación hay que poner manos a la obra.

Pasar de las palabras a la acción significa lanzarse a un camino de riesgos e incertidumbre, de compromiso y coherencia, de errores y aprendizajes. Con las palabras podemos hacer planes y reforzar las buenas intenciones, pero si todo se queda en puro blablá la verdad es que estamos haciendo poco para obtener resultados.

Una de estas mañanas, tras dejar a mis hijas en el colegio, escuche en la radio al superintendente escolar de Miami, Alberto Carvalho, decir una frase que fue como un jalón de orejas: “Hablamos tanto del tema que pensamos que estamos haciendo algo”. El contexto era un debate sobre el incremento de muertes en los niños en edad escolar por causa de los tiroteos callejeros. Una realidad dura y compleja que por años ha afectado a las familias de escasos recursos en las grandes ciudades de Estados Unidos y que ha movilizado campaña e iniciativas de todo tipo.

La frase revelaba su frustración ante un debate público que pareciera estancado. Comparto ese sentimiento, así como la preocupación al ver que en lugar de reducir el número de armas en las calles y aumentar las regulaciones, la tendencia es pensar que más armas significan mayor seguridad. Pero el jalón de orejas que sentí vino por otro lado. Fue el llamado a atención sobre la diferencia entre las palabras y la acción, o mejor dicho, sobre la tendencia a confundir lo dicho con lo hecho. Hablar sobre algo no significa que estamos haciendo algo, y si bien como escritor y locutor creo en el poder de las palabras, me parece que son mucho más poderosas cuando se materializan.

Quizás yo estaba particularmente sensible esa mañana porque llevo meses planificando varias cosas que aún no se concretan, al menos no con la velocidad y precisión que quisiera. Sin querer convertir esta columna en una autoterapia, esta situación me ha servido como una práctica de aceptación y apertura al presente tal y como es, pero también me ha hecho recordar que el universo de las ideas y los proyectos necesitan materializarse para ser disfrutados y compartidos. De otra forma podemos quedarnos en un ejercicio de masturbación mental, que si bien puede ser muy placentero, resulta poco fecundo.

Pero, además, el parloteo se confunde fácilmente con acción y de tanto hablar pensamos que estamos haciendo todo lo que decimos…cuando no necesariamente es así. Discernir entre proyectos y realidades puede ser más difícil de lo que parece. Nuestra mente, con todas sus maravillas y limitaciones, puede albergar la sensación de estar avanzando en el terreno cuando tal avance no está sucediendo. Es así como, sin saberlo, podemos engañarnos y habitar en un mundo de ilusiones y castillos en el aire.

¿Quieres ver cambios, nuevos horizontes, otras posibilidades? Hablar sobre ello te ayudará a afinar la visión y a conseguir los recursos y los apoyos que necesitas. Pero nada sucederá hasta el momento en que pongas todos tus recursos en movimiento. Para ello cada quien tiene su tempo y estilo. Conocerlos nos permite ganar maestría, así como también obtener la sabiduría para convertir el poder de las palabras en obras poderosas.