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Inspirulina: Corriendo con las nubes

He comprobado que correr es también una forma de meditar | Ilustración: Alejandro Ovalles

He comprobado que correr es también una forma de meditar | Ilustración: Alejandro Ovalles

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Después de muchos años he vuelto a correr. Hace un par de meses tomé la decisión de hacer el medio maratón de Miami y desde entonces me levanto antes de que el sol se asome, me calzo los zapatos y salgo a trotar. Rencontrarme con el running ha sido un placer, que como imaginarás, también me ha regalado sus dosis de dolor. El tiempo no ha pasado en vano y el cuerpo no reacciona como lo solía hacer.

Dejé de correr hace 21 años cuando terminé el maratón de Nueva York y al día siguiente colgué los zapatos. ¿Por qué? No sabría explicarlo. Quizás porque había obtenido lo que necesitaba de ese año de entrenamiento. Para aquel entonces mi vida era un absoluto descontrol y ejercitarme era un antídoto contra la locura. Correr me brindaba estructura y fortaleza, además de un oasis mental. Afortunadamente, para el momento del maratón las aguas se habían calmado y semanas después emprendí un viaje de varios meses que me llevó a Brasil y al sureste asiático. Correr ya no me interesaba; lo que deseaba era vivir.

Hoy en día corro por otras razones. La primera es como un tributo a todas las personas con esclerosis lateral amiotrófica que han perdido la movilidad del cuerpo. Esta enfermedad tan complicada, que se dio a conocer masivamente por el reto del cubo de agua helada y las películas sobre Stephen Hawking, quien la padece desde 1962, afecta la transmisión de los impulsos nerviosos desde el cerebro hacia los músculos y progresivamente inmoviliza a la persona. Como un pequeño tributo, culminar el medio maratón es una forma simbólica de llevar conmigo hasta la meta a miles de pacientes en todo el mundo.

La otra es que he descubierto las similitudes entre la meditación y el running. O quizás deba decir: he comprobado que correr es también una forma de meditar. Como bien lo sabe todo corredor, este no es simplemente un ejercicio físico: buena parte de la carrera es mental.

En su delicioso libro De qué hablo cuando hablo de correr, Haruki Murakami describe muy bien su actividad mental al correr. Además de ser uno de los escritores contemporáneos japoneses más leídos, Murakami es también un corredor voraz que ha completado varios maratones. Aquí unas líneas de su libro que explican hermosamente lo que quiero decir: "Corro para alcanzar un vacío. Pero como es de esperarse, ocasionalmente un pensamiento se desliza en este vacío. La mente de las personas no puede estar completamente en blanco... Los pensamientos que acuden a mi mente, cuando corro, se parecen a las nubes en el cielo. Nubes de diversas formas y tamaños. Nubes que vienen y se van. Pero el cielo siempre es el cielo. Las nubes son solo meras invitadas. Algo que pasa de largo y se dispersa y solo queda el cielo. El cielo es algo que existe y no existe. Tiene sustancia y a la vez no lo tiene. Y a nosotros no nos queda sino aceptar la existencia de ese inmenso recipiente".

La metáfora de las nubes es una de las más populares entre los instructores de meditación porque explica muy bien el proceso mental en torno a los pensamientos. Porque es un mito que al meditar ponemos la mente en blanco. En realidad, lo que hacemos es observar los pensamientos como si fuesen nubes. Así, anclados en el presente, atentos a las sensaciones, emociones y pensamientos que surgen, observamos su aparición y desaparición. Algo parecido a los videos de time-lapse que se han hecho tan populares, donde presenciamos en segundos el movimiento que toma horas a las nubes.

De fondo el cielo está allí, en su maravillosa extensión. Aunque con el tiempo se hace evidente que así como está, no está. Sin embargo, eso es materia para los ultramaratonistas de la mente y la conciencia. Yo por ahora sudo la gota gorda para llegar a los 21 kilómetros.