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Imágenes para volar: Rosana Faría

Sus trabajos han sido merecedores de premios nacionales e internacionales | Foto: Mauricio Villahermosa

Sus trabajos han sido merecedores de premios nacionales e internacionales | Foto: Mauricio Villahermosa

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Hay pasiones que despuntan desde muy temprano y aun cuando se trate de ignorarlas, no hay manera de zafarse. A Rosana Faría le disgustaban los libros infantiles con ilustraciones edulcoradas. Tenía la habilidad y la gracia para dibujar, pero no fue sino hasta la adultez cuando consideró la idea de hacerlo su oficio. Antes de llegar a ese punto, tuvo que vivir otras experiencias: "En el colegio yo era la que hacía la cartelera, los dibujos de las tareas de mis amigas. Era algo obvio, pero me lo negué y estudié Urbanismo en la Universidad Simón Bolívar".

En la década de los ochenta, Faría estudió en el Instituto de Diseño Neumann y en la escuela de arte Cristóbal Rojas, lo que pulió la formación técnica y artística que desplegaría posteriormente en sus primeros trabajos como ilustradora. En 1989 hizo lo propio con el libro La alegría de pintar, de Rafael Arráiz Lucca, y a partir de ahí comenzó una travesía en la que lleva más de 25 años: "Un niño no se engancha con un libro solo porque es bonito. Tiene que haber una conexión. Yo creo que la he logrado con investigación, documentación, formación y el ser mamá. Todo eso se conjuga".

Sus trabajos han sido merecedores de premios nacionales e internacionales, entre los que se destacan una mención de honor en la Exposición del Libro Ilustrado del Banco del Libro, su inclusión en la obra Autori e illustratori di libriperragazzidell'America Latina, editado a razón de la Feria del Libro de Boloña, Italia, en 1993; el Premio al Estímulo en el concurso Noma en Japón por el libro Niña bonita en 1995; el premio al Libro Infantil en la Feria de Boloña en 2007 por El libro negro de los colores de MenenaCottin (que describe los colores en texto braille, según como los percibe Tomás, un niño que no puede ver), así como su inclusión en la lista de los 10 mejores libros ilustrados de 2008 en TheNew York Times.

Considerando la nueva camada de ilustradores venezolanos (muchos de ellos con proyectos editoriales propios), Faría se aventura a ofrecer algunos consejos: "Cada ilustrador tiene que encontrar su propio estilo. La única manera de tocar tu propia alma es tocando tu propio corazón. También hay que tener conciencia de que todos los elementos de un proyecto editorial cuentan. No puede haber ni un solo centímetro de papel desperdiciado. Y tomarse en serio el trabajo pero también sentir un enorme placer al hacerlo".