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Hechicera con duende

Siudy Garrido

Siudy Garrido

El flamenco la cautivó desde el vientre materno y no la dejó ir. Radicada en Miami, la bailaora venezolana Siudy Garrido comparte sus intensas vivencias sobre el tablao mientras relanza Siudy: Entre Mundos, el espectáculo que le dio fama en Nueva York y con el que busca entretener a toda la familia

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Siudy Garrido patea la emplumada cola del vestido gris con una soltura digna de Chuck Norris. Son dos movimientos secos y enérgicos: uno con la punta, otro con el tacón, que hacen que la pesada cascada de volantes obedezca y caiga ágilmente en el ángulo idóneo para la foto. Cualquiera dudaría en estamparle un puntapié a una gala semejante, pero su dueña no repara en repetir el pase una y otra vez. Hay en el gesto una seguridad que propone no alarmarse, que el traje no se ha roto ni se romperá. Que es el mismo que resistió tres meses de funciones en el circuito Off Broadway y al que aún le esperan muchas más.

Con él baila el primer acto de Siudy: Entre Mundos, un espectáculo que presentó en 2008 en el Teatro Santa Rosa de Lima, el Aula Magna de la UCV y el Teresa Carreño, y terminó ocupando la marquesina del teatro New World Stages en Nueva York el año pasado como Siudy: Between Worlds. Garrido cuenta que el show –que mezcla el baile flamenco con estilos urbanos como el breakdance y que montó con la dirección y producción de su esposo Pablo Croce, reconocido director audiovisual– le costó mucho sudor y no pocas lágrimas. “Teníamos tres años esperando ese teatro y preparando todo: hicimos castings aquí para encontrar artistas que pudieran hacer todo lo que el espectáculo requiere y los ayudamos a conseguir casa, a arreglar sus papeles. Nos sentíamos muy responsables de ellos porque era un riesgo compartido. De hecho, hay shows que nunca llegan a estrenarse si la crítica en los preestrenos no es buena, pero desde el principio los comentarios fueron muy positivos. El día del estreno lloramos como locos”, admite emocionada.

“Una mezcla de Stomp, Rent y Riverdance con un toquecito de West Side Story, pero con esencia propia”, lo definió The Examiner. Luego de tres meses de funciones a casa llena con ovaciones de pie y una nominación como mejor coreógrafa a los premios Drama Desk, el deseo de Garrido de volver a traer el espectáculo a Venezuela se acrecentó. Hoy presenta las dos últimas funciones de ese retorno en la sala Ríos Reyna del TTC, una a las 11:00 am y otra a las 5:00 pm. “Los que la vieron en 2008 se van a encontrar con un espectáculo totalmente distinto; la puesta en escena se enriqueció muchísimo con el aporte de los técnicos de Broadway y con mejores coreografías”.

Todos pueden

“Creo que el flamenco es un arte universal. Todo el mundo puede aprender a bailarlo con suficiente disciplina. Lo que pasa es que si te gusta se convierte en un tipo de vida del que es difícil desconectarse y yo crecí con él. Mi mamá me metió en ballet cuando tenía 5 años y yo lo que quería era quitarme las zapatillas y montarme en sus tacones”, relata la hija de la afamada bailaora Siudy Quintero. La criatura tomó la decisión de bailar profesionalmente a los 15 años; ya desde los 13 daba clases en la academia materna y a los 14 entró en su compañía de baile. “En el primer espectáculo que protagonicé en el Teresa Carreño, yo tenía 15 y mi compañero era Antonio Drija, que tenía 39. Quería estar a su altura y también darle la talla a mi mamá, porque era un rol que antes había hecho ella”. La muchacha no tardó en sentar a sus padres no sólo para decirles que quería dedicarse al baile, sino irse a estudiarlo a España. “Ahí empezó ese chinche para convencer a mi papá”, se ríe. “Él es una delicia, pero no esperaba que yo quisiera volar tan pronto del nido”.

Siudita llegó a Madrid a los 17 años de la mano de su madre. Si había que formarse, había que hacerlo muy en serio. “Lo bueno fue que llegué con un fogueo importante, que nunca habría tenido si no hubiera trabajado con mi mamá tan temprano. Su nombre es respetado en España y me acogieron bien porque veían que quería aprender”. La sucesión de logros llegó pronto. La chica fue primera bailarina e invitada especial de las compañías de Antonio Canales, Domingo Ortega y Adrián Galia, con quien llegó a grabar una enciclopedia audiovisual sobre los distintos palos –ritmos– del flamenco. “Aprendí mucho, pero en cierto momento sentí que había tocado techo”, desliza. Se fue a Nueva York a estudiar jazz y danza contemporánea, y a los 19 montó su propia compañía. Con ella se presentó por una temporada en el Epcot Center de Disney y desde entonces ha producido varios montajes propios. No cree en erudiciones indispensables para compartir su salero. “Desde chiquita me ponía a bailar en cualquier sitio donde hubiera música. Mientras más me gritaba la gente para animarme, más loca me volvía”.

¿Qué es lo que más le ha costado en su carrera? “Quizás que la gente entendiera que mis espectáculos no son un show de una academia de baile, un acto en el que las niñas bailan para ‘graduarse’ o algo así. Es una propuesta integral, con argumento, con diseño de producción. Tuve la suerte de tener una mamá muy creativa que me enseñó una visión muy amplia de lo que puede ser un espectáculo”. Su fusión entre lo contemporáneo y lo clásico la ha llevado a taconear para Martirio, El Cigala y Chucho Valdés, Alejandro Sanz, Niña Pastori, Maná y Romeo Santos. ¿Qué siente cuando baila? “Es indescriptible. Mi esposo dice que se casó con dos mujeres. La que se monta en el escenario es una bomba. Es apasionada, capaz de todo. A veces me veo en los videos y digo: ‘¿ésa soy yo? Qué miedo’, confiesa. “La de abajo es más bien tímida, familiar, analítica. En esos tres minutos antes de subir al escenario me entra siempre un susto enorme y me pregunto quién me mandó a meterme en esto, pero cuando empieza la música me olvido de todo. Si después me preguntas qué hice, no me acuerdo”, asegura. “Es una entrega total”.

Piense rápido

• ¿Nombre legal?

Siudy Angélica Garrido Quintero.

• ¿Edad?

30 años.

• ¿Número de espectáculos que ha hecho?

Uy, ni idea... No llevo la cuenta, son muchos.

• ¿Número de trajes de baile?

Entre los que tengo aquí y en Miami, como 50.

• ¿Su ritmo favorito para bailar?

¡Muchos! Me encantan las seguidillas, las soleás por bulerías, las alegrías… También me fascina bailar salsa. Soy cabilla.

• ¿Qué tiene en su iPod?

Puros cantantes flamencos. En variedad es un iPod bien aburrido (risas).

• ¿Cuánto baila diariamente?

Lo mínimo suelen ser tres horas. Si estoy preparando un espectáculo, casi todo el día.

• ¿Cómo se cuida?

No cuento bailar como ejercicio porque mi cuerpo se habituó a eso desde niña y no lo asimila como un esfuerzo. Hago yoga y pilates, y trato de comer bien porque tiendo a engordar.

• ¿Qué haría si no bailara?

Sería diseñadora de modas. Canalizo eso en mis trajes, que suelen ser ajustados y muestran algo de piel. Creo que así se ven más las líneas al bailar.

• ¿A qué bailaores admira?

He trabajado con gente increíble a la que admiro mucho, pero el trabajo de grandes como Antonio Gades o Carmen Amaya me parece extraordinario.

• ¿Colecciona algo?

Nada, no soy apegada a lo material.

• ¿Qué baila mal?

Samba grave. Los pasos son dificilísimos, nunca me han salido.

• ¿Qué oye para relajarse?

Yo asocio la música con trabajo y cuando la escucho mi cabeza no para; por eso no soy de prender la radio. Me gusta mucho el silencio.