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Genio en casa

Genio en casa / Efrén Hernández

Genio en casa / Efrén Hernández

Tener un niño con un alto coeficiente intelectual es un motivo de orgullo, pero también un gran reto. Padres, profesores y personal especializado deben trabajar en conjunto para ayudar al niño a desarrollar su potencial al máximo mientras le garantizan condiciones óptimas para su evolución emocional y social

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Hace unas semanas el país quedó impresionado con la historia de Miguel Alejandro Ramírez, un joven que con tan sólo 13 años se prepara para estudiar Química Pura en la Universidad de Los Andes. Su coeficiente intelectual de 140 (el C.I de persona con inteligencia promedio se ubica en 100) lo ubica en el rango de personas con talento superior, lo que significa que se trata de alguien con capacidades intelectuales por encima del promedio. Prestar atención al ritmo de aprendizaje del niño, así como a su interés por adquirir nuevos conocimientos puede dar luces sobre un gran potencial que debe ser estimulado adecuadamente.


Estimular sin forzar.
Héctor tiene apenas 3 años. En el segundo lapso del primer nivel de preescolar (hace apenas unos meses) ya jugaba ajedrez, se sabía los números del uno al mil y leía correctamente. Su maestra supo que superaba en términos intelectuales a otros niños y sus padres ya lo sospechaban, dada la curiosidad insaciable del pequeño. Acudieron al programa Órbita CI 130 de la Fundación Motores por la Paz, le realizaron las pruebas de rigor y se confirmó la sospecha: Héctor es un niño con talento superior, con un coeficiente intelectual de 136. Jorge, su papá, describe esos primeros momentos en los que su hijo, siendo apenas un bebé, mostraba un interés inusitado por conocer todo cuanto le rodeaba: "Un día estaba con él en la casa enseñándole los nombres de las cosas y a la hora de dormir me dijo que quería saber letras, números. Cuando llegó al primer nivel ya se sabía los números del uno al cien, el abecedario, veía la escuela como un lugar de esparcimiento mas no como un lugar de aprendizaje".

Gerardo García, director de Órbita CI 130, explica que el programa está dirigido a captar y asesorar a las personas con talento superior (C.I igual o mayor a 130). Para ello se realizan una serie de pruebas y, si resultan positivas, el talento y su familia serán orientados por el programa, que se encargará de proveerles un equipo multidisciplinario que les brindará asesoría educativa, psicológica y económica si es necesaria. García comenta que en dos años y medio de funcionamiento, el programa Órbita CI 130 ha captado 60 talentos superiores a lo largo del país, y que, en términos generales, provienen de bajos estratos socioeconómicos, con hogares en los que prevalecen altos valores familiares, elemento clave para garantizar el desarrollo del talento. García hace hincapié en la importancia de entender que no se trata de niños que son superiores a otros, sino que tienen una habilidad intelectual superior a la media, lo que equivale a tener un talento deportivo, musical o artístico: "Es importante comprender el tema de la diversidad: si fuera un pelotero o un futbolista, tienes una infraestructura que te va a re
cibir ese niño con potencial, el asunto es entender que se trata de un talento que hay que cultivar, sólo que es intelectual y que hay que estimular su curiosidad". Jorge, el padre de Héctor, hace referencia al importante y delicado balance entre estimular adecuadamente a su hijo pero sin imponerle una rutina estricta de aprendizaje. La clave, en este caso, es seguir el ritmo del pequeño: "Es un niño feliz, sociable, cualquiera puede creer que es un niño retraído onerd, pero no es así. A él lo hace feliz tener libros, hacer tareas, pero si quiere ir al parque lo llevamos; si quiere jugar, juega. Las cosas que él ha aprendido es porque él mismo se ha interesado, te guía y te dice por dónde va. Cuando se aprendió los números, y luego se interesó por la lectura y la escritura, seguimos su ritmo. Es un niño de tres años, no le puedes imponer un horario de estudio".

Gerardo García, de la fundación Órbita CI 130 es muy enfático al explicar que no sólo se trata del desarrollo intelectual del talento, sino también de la formación de valores como la solidaridad, el respeto y el sentido de pertenencia, vitales para lograr una evolución integral. El padre de Héctor lo secunda con su opinión: "Nuestra expectativa es poder tener un niño integral, con valores, que sepa respetar a los otros niños; que no sólo sea una máquina de conocimiento, sino que también sea un buen amigo, un buen compañero y un buen ciudadano".