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Gastroetc: La búsqueda de las pepitonas en Margarita

Hay quienes aprovechan las pepitonas en sus recetas | Foto: Javier Volcán

Hay quienes aprovechan las pepitonas en sus recetas | Foto: Javier Volcán

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A las cuatro de la madrugada aún no sale el sol en la isla de Margarita y ya una olla enorme ruge frente a la orilla de la playa en Punta de Piedras. Ahí hierven las pepitonas que luego cuatro margariteñas liberan con unos cuchillos de sus conchas. Se apuran porque pronto llegará un nuevo contingente con cientos de kilos más, recolectadas por quienes se dedican a buscarlas en el fondo del mar.

A las cinco de la mañana llegan los pescadores en silenciosa avanzada, apuran un guayoyo desde las tapas de sus termos y en una veintena de lanchas parten hacia el lugar donde aguarda esta riqueza marina.

Teo Marcano lleva 16 años dedicado a las pepitonas, su padre lo hizo durante cinco décadas, parte de su familia vive de estas conchas y de martes a sábado sale con su grupo de cuatro pescadores en un peñero. Tienen que ser varios por lancha, pues sacar hasta 800 kilos amerita la fortaleza de varios brazos. En Margarita, los pescadores se especializan. En esa cofradía se saludan de lancha a lancha y cuentan chistes que solo ellos comprenden y que el viento se lleva con agilidad. Todos comparten esa sabiduría sin GPS que les permita saber en qué preciso lugar del fondo del mar aguardan estas conchas. Una vez que llegan a su destino, lanzan unas pesadas redes metálicas a las que llaman rastras, que luego sacan entre todos con 50 kilos. Para quien solo ha visto las pepitonas servidas, en frascos o latas, el proceso resulta casi un milagro: en poco más de una hora, con la destreza de los veteranos, estos pescadores extraen cientos de kilos de pepitonas, que llevan en cestas hasta a la orilla donde, despojadas de sus conchas, se reducirán notoriamente en peso. "Sabemos dónde están los bancos de pepitonas. Luego los dejamos descansar durante años para que crezcan de nuevo". Esa mañana emergieron otra vez a la isla esas delicias que en la madrugada estaban en el fondo del mar.

"Hay quienes aprovechan las pepitonas en sus recetas. Freddy Albornoz es merideño, estudió cocina en Maracay y se mudó a Margarita. Prepara las pepitonas con ají margariteño y salsa picante. Las envasa al vacío con la marca Bahía Mar y las ofrece en lugares como los restaurantes Mondeque y La Casa de Rubén."

Buen beber

Miro Popic / guias@miropopic.com

Lágrima negra


Distribuye: Labratierra C.A.

Teléfono: (0424) 108 5539

Este vino tiene nombre de bolero. He tratado de averiguar el origen, pero sin resultados. Luego de probarlo llego a la conclusión de que viene por la intensidad del color rojo oscuro que lo caracteriza y por las lágrimas que muestra en la copa, debido a la glicerina. Viene de Ribera del Duero y lo elabora una pequeña bodega de poco más de 20 hectáreas donde todo se hace de manera artesanal, pero con tecnología de avanzada y un criterio personal de vinificar, con resultados que no pasan de 60 mil botellas al año. Se encuentra en el corazón de Pesquera de Duero (Valladolid) y es un negocio netamente familiar, nombrado Santos Arranz.

En España se conoce poco y aquí menos, mas eso no desmerece en nada lo que uno bebe cuando descorcha una botella. En el caso del Lágrima Negra Crianza estamos hablando de un vino con 18 meses de paso por barrica, de color rojo granate, notas de fruta macerada, aromas tostados, sabroso en boca, prolongado final que invita a otra copa más. En síntesis, un vino bien hecho, gustoso.

En España la botella cuesta 12 euros, aquí sale un poco más barato, por ahora. No sé cuántas cajas llegaron; sin embargo, estoy seguro de que no serán muchas. Para beber ya o guardar unos meses, siempre será una inversión. La distribución es limitada, por lo que es bueno informarse antes en su tienda de confianza.